¡LIBRES!

¡LIBRES!

¿Sabía usted que hay cinco cubanos presos en las cárceles de Estados Unidos por luchar contra el terrorismo? 
¡LO HEMOS CONSEGUIDO. LOS CINCO ESTAN LIBRES Y DE VUELTA EN CUBA. FELICIDADES, COMPAÑER@S!
 

NOTICIAS

Noviembre_2007
De Elizabeth Palmeiro, esposa del héroe de la República de Cuba RAMÓN LABAÑINO SALAZAR

MIAMI-WASHINGTON
La conexión terrorista DEL FBI

En medio de informes de que líderes del exilio cubano financiaron atentados dinamiteros en La Habana, fiscales, conspiradores y policías estuvieron de acuerdo en que las conspiraciones anticastristas en el sur de La Florida no sólo son comunes, sino casi toleradas.
Juan A. Tamayo
Columnista del Miami Herald
Julio de 1998

Uno se da cuenta que tiene un problema de imagen cuando un diario tan serio como el New York Times escribe, en una editorial, con una evidente preocupación, que todo parece indicar que los cubano-americanos de South Florida creen en el dominio del hampa.
Jim Mullin
Miami New-Times
Agosto del 2000

La policía y los agentes del FBI siempre nos
vigilaban pero básicamente nos dejaban tranquilos.
César Roig
Comandos L

Como pueden ver, el FBI y la CIA no me molestan
y yo soy neutral con ellos,
siempre que puedo ayudarlos, lo hago.
Luis Posada Carriles al
New York Times
Julio de 1998

Pesquera, dijo un agente en su oficina, hizo pronto un brusco viraje hacia la derecha y se abandonaron TODAS las investigaciones sobre el terrorismo.
Ann Louise Bardach
Cuba Confidencial (Vintage Books)

Los comandos
terroristas cubano-americanos
“no constituyen una prioridad”
Judy Orihuela,
portavoz del FBI de Miami

Prefacio

El FBI y el terrorismo de doble cara


Desde más de 45 años, Cuba es objeto por parte de los Estados Unidos, de una agresión constante que se manifestó principalmente por un bloqueo económico implacable, la fracasada invasión de la Bahía de Cochinos (Playa Girón) en 1961, y una larga sucesión de acciones terroristas llevadas desde Miami con la bendición de las autoridades norteamericanas.
Atentados con bombas en las grandes tiendas, bombardeos aéreos de centrales azucareros, creación de bandas armadas, envenenamiento de cosechas y del ganado, introducción de bacterias nocivas para los seres humanos y los animales, campañas terroristas contra la industria turística, todo los medios se usaron en esas operaciones sucesivas de los servicios secretos norteamericanos que dejaron sobre el terreno cientos de muertos y heridos.
Estas acciones destinadas a derrocar a la Revolución Cubana y, en primer lugar, a su Jefe Fidel Castro, han empezado desde la victoria sobre las tropas del dictador Fulgencio Batista en enero de 1959. Hasta hoy, las intervenciones anexionistas han sido siempre condenadas al fracaso, forzando a los ocupantes de la Casa Blanca a recurrir a otros modos de agresión.
Una guerra dura así desde décadas, una guerra sucia, perversa, que, al hilo de los años, se enmascaró de mil maneras y ha utilizado todos los medios.
El apoyo del poder americano a los grupos de fanáticos de la Florida del Sur, formados en su mayoría por la propia CIA, es parte de una amplia operación de propaganda destinada a romper la imagen de la Revolución Cubana, fraguando una “oposición armada” cuyos mercenarios serían “combatientes de la libertad”.
Este libro enseña que, en el momento cuando las diversas agencias de seguridad del gobierno norteamericano pretenden vigilar a los terroristas que amenazan a los Estados Unidos, el FBI del Sur de la Florida fraterniza abiertamente con los que han sido entrenados por la CIA para actuar contra Cuba y todo otro país que defiende su soberanía ante la hegemonía norteamericana.
Este método no es nuevo. La Agencia Central de Inteligencia lo ha usado con frecuencia, sea en Vietnam, Nicaragua, El Salvador o Chile y lo usa ahora contra Venezuela. Los lazos claramente demostrados entre los asesinos del fiscal venezolano Danilo Anderson y los extremistas cubanos de Miami no son otra cosa que una manifestación de esa vieja técnica de desestabilización.
En este sentido, la actitud actual de tolerancia del gobierno de los Estados Unidos ante esa corriente extremista que opera en el Sur de la Florida, ilustrada por una protección oficial apenas velada con procedimientos, de la cual se beneficia actualmente el terrorista internacional Luis Posada Carriles y su red, hace que Miami se confirme siempre más como capital del terror continental.
Ilustración del cinismo de la actual administración estadounidense: se encuentra, entre los más viejos amigos cubanoamericanos de George Bush padre — una relación que se remonta a la época cuando este último reclutaba a cubano por cuenta de la CIA — Félix Rodríguez Mendigutía. Un personaje que torturó y traficó drogas en Vietnam. Como también participó en la Operación Cóndor y dirigió, con el propio Posada Carriles, la base salvadoreña de Ilopango, el tráfico de cocaína contra armas que iba a provocar el escándalo Irán-Contra. Un personaje que es también autor de un crimen repugnante: el 8 de octubre de 1967, Félix Rodríguez Mendigutía, estando en Bolivia, ordenó fríamente la ejecución de Ernesto Che Guevara.
Mientras Mohamed Atta y su grupo de militantes de Al-Qaeda se instalaban en el Sur de la Florida y se entrenaban al pilotaje, en vista de los eventos del 11 de septiembre del 2001, a unos kilómetros del FBI, el director de esa agencia de policía federal se ensañaban sobre cinco cubanos que mantenían preso en su celdas de castigo. De manera muy sospechosa, durante meses, Pesquera y sus especialistas no prestaron atención alguna a las actividades de Atta y de sus compañeros.
El gobierno de Cuba, para defenderse de la constante agresión de Estados Unidos, había penetrado las redes mercenarias anticubanas de la Florida con sus agentes, con el objetivo de prevenir los atentados en la Isla. El 12 de septiembre de 1998, los agentes del FBI han arrestado a cinco de estos antiterroristas cubanos en Miami, acusándolos de espionaje contra los Estados Unidos sin tener las pruebas necesarias. Durante dos años, para intentar romper el moral de estos cinco prisioneros, han empleado una serie infernal de maniobras de chantaje, que han violado todas las reglas penitenciarias y las convenciones internacionales contra la tortura y los tratos crueles, inhumanos y degradantes (ver anexo II, informe de la ONU).
El juicio contra los Cinco (René González, Gerardo Hernández, Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Fernando González) empezó el 22 de noviembre del 2000, en Miami, en un clima hostil contra los acusados, por causa de una prensa dominada por los elementos los más fanáticos de la comunidad cubana.
A lo largo de los procedimientos, ni la jueza ni la fiscalía han querido oir la demostración de la total tolerancia de la cual se beneficia el terrorismo anticubano en el Sur de la Florida, una tolerancia que justificaba la actividad de los cinco cubanos perseguidos. La prensa norteamericana pasó bajo silencio todas las irregularidades del juicio y todas las injusticias que lo han rodeado.
El FBI mantuvo los Cinco en las celdas de confinamiento durante 17 meses a partir de su arresto y siempre los mantiene en cinco prisiones distintas del inmenso territorio norteamericano, con contactos prohibidos o muy restringidos, según el caso, con sus familias. Esta investigación demuestra claramente hasta qué punto la lucha contra el terrorismo internacional llevada por el FBI tiene doble cara.

I

La pista Al'Shehhi


• OFICIALES de los servicios alemanes de inteligencia entregaron a los norteamericanos, ya en marzo 1999, más de dos años y medio antes del 11 de septiembre, la identidad del terrorista Marwan Al'Shehhi así que un número de teléfono sospechoso después de monitorear una conversación entre este individuo y un líder de al-Qaeda.
Radicado en Hamburgo, Al'Shehhi se trasladó unos meses más tarde en South Florida donde se entrenó para realizar, con 18 otros terroristas viviendo en su mayoría en esta misma región, el atentado más espectacular jamás visto.
Desde mayo de 1998, el Federal Bureau of Investigation (FBI), responsable de la contra-inteligencia en territorio norteamericano, se encontraba dirigido en South Florida por Hector Pesquera quien, desde sus oficinas de la Segunda Avenida y de la Calle 163 en Miami, se consagraba obsesivamente a chantajear y perseguir cinco patriotas cubanos que había arrestado mientras se dedicaban a combatir organizaciones terroristas cubano americanas.
El director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) George Tenet aseguró, casi cinco años más tarde, ante una comisión del Congreso norteamericano investigando los eventos del 11 de septiembre que esta información procedente de Alemania fue utilizada aunque trataba de determinar de que forma.
Según el diario The New York Times, oficiales alemanes de inteligencia habían expresado su frustración en relación con lo que consideraban un fracaso de los servicios norteamericanos en el seguimiento de importantes índices entregados acerca de Al'Shehhi quién piloteó el aeronave del vuelo 175 de la United Airlines que estalló contra la torre sur del World Trade Center.
La inteligencia alemana había expresamente pedido a su contraparte de vigilar las actividades del sospechoso. En Hamburgo, al-Shehi y el jefe de la conspiración, su primo Mohammed Atta, eran 'virtualmente inseperables' según afirmó el diario neoyorquino.
Al'Shehhi y Atta abandonaron Alemania en el 2000 para ir a entrenarse en Afganistán en un campo de Al'Qaeda. Ambos regresaron a Alemania este mismo año antes de continuar hacia la Florida donde se inscribieron de inmediato en escuelas de pilotaje.
Jose E. Meléndez-Pérez, un agente de aduana del Aeropuerto Internacional de Orlando expresó ante la Comisión del Congreso que Atta, tenía que haberse visto denegado la entrada a Estados Unidos en el momento de su llegada desde Alemania. Afirmó además que el terrorista trataba de cambiar su visa de estudiante para una visa de turismo, en el propio aeropuerto, algo muy inusual. También su edad y su manera de vestirse con elegancia no correspondían a lo habitual en el caso de los estudiantes extranjeros.
La Comisión descubrió que varios de los secuestradores usaban y siguieron usando pasaportes parcialmente alterados con visas obtenidos de manera posiblemente ilegal.
Entre los cuatro pasaportes encontrados después de los ataques, dos eran alterados, según expertos que también sospechan que seis otros terroristas entraron a Estados Unidos con tales documentos de identidad.
Peor aún: la investigación reveló que Atta, Saeed Al'Ghamdi y el propio Al'Shehhi despertaron la atención de funcionarios de inmigración cuando salieron brevemente del territorio norteamericano, sin más inconvenientes.
Y cómo si esto no fuera suficiente, en la primavera del 2001 Atta recibió una multa por manejar sin permiso. Ni se presentó luego ante la corte que entonces ordenó su arresto. Pero nunca fue detenido. De hecho, él y Jarrah obtuvieron permisos de manejar el 2 de mayo.
Las circunstancias presentaron oportunidades a la inteligencia y a los oficiales del FBI que no se aprovecharon, señalaron los investigadores.
Este mismo verano 109,440 dólares llegaron a la cuenta bancaria de Al'Shehhi, aparentemente sin despertar la menor sospecha.
Según una investigación del propio FBI posterior a los eventos, los depósitos en las cuentas bancarias de los terroristas alcanzaron 303 481.63 dólares que gastaron entre otras cosas en billetes de avión (45 550), alquiler de carros (6 100), alojamiento (33 000) y cursos de pilotaje con alquiler de aviones (39 500).
Atta y Al'Shehhi vivieron en Venice, Coral Springs y Hollywood. Ambos recibieron clases de pilotaje en la Huffman Aviation School de Venice, donde se entrenaron con avionetas Cessna y Piper. Luego se entrenaron en el SimCenter de Opa-locka, con un simulador de Boeing 727.
Waleed Al'Shehri y su hermano Wali vivieron en Daytona Beach. Wali luego se desplazó hacia Boston Beach así como Satam Al'Suqami. Abdulrahman Al'Omari vivió en Vero Beach en el vecindaje de dos otros sospechosos, Adnan Bukhari y Amer M. Kamfar, donde estudiaron en la Flight Safety International Academy.
Fayez Ahmed se instaló en Delray Beach así como Ahmed Al'Nami, Nawaf Al'Hazmi, Sabed Al'Ghamdi, Molad Al'Sheri, Hamza Al'Ghamdi y su hermano Ahmed. Ahmed Al'Haznawi se radicó en Lauderdale-by-the-sea con Ziad Jarrah.
De hecho, los terroristas de Al'Qaeda se encontraban por todas partes, a unos kilómetros de las oficinas de Héctor Pesquera, con falsos pasaportes, pasados sospechosos y comportamientos frecuentemente extraños.
El 29 de agosto del 2001, Atta y Al'Shehhi compraron sus pasajes para el vuelo fatidico del 11 de septiembre usando una taquilla informatizada de una tienda de fotocopias Kinko's de Hollywood.
Mientras Marwan Al'Shehhi, Atta y por lo menos 13 otros de los conspiradores del 11 de septiembre se entrenaban en su patio, el Special Agent in Charge (SAC) Hector Pesquera ejecutaba tareas asignadas por sus socios cubanos.
Se dedicaba a perseguir a unos cubanos que habían infiltrado los círculos terroristas cubano americanos de Miami con el objetivo de contrarrestar sus planes…

II

DESDE PUERTO RICO HASTA LA FLORIDA


En 1997, Luis Posada Carriles, con el apoyo directo de Arnaldo Monzón Plasencia y otros directivos de la FNCA, tales cómo "Pepe" Hernández, Alberto Hernández, Roberto Martín Pérez, Antonio "Tony" Llamas, Feliciano Foyo y Roberto Weill Pinetta, organiza un plan de atentado de asesinato de Fidel Castro para ser ejecutado durante la VII Cumbre Iberoamericana en Isla Margarita.
Cuando la guardia costera norteamericana interceptó el yate La Esperanza, en las aguas limítrofes de Puerto Rico, cerca de Cabo Rojo, un día de octubre de 1997, se sospechaba que la embarcación transportaba drogas. En vez de narcóticos, los agentes que subieron a bordo se encontraron con un arsenal.
Entre los objetos descubiertos en un compartimiento secreto cubierto por una alfombra se encontraban siete cajas de municiones, uniformes militares, seis radios, un teléfono-satélite, lentes de visión nocturna, dos fusiles de asalto de calibre 50 — de un valor de más de 7 000 dólares cada uno y capaces de alcanzar objetivos a más de una milla de distancia.
A bordo de la nave, uno de los cuatro tripulantes, visiblemente asustado, grita a los oficiales: "¡Estas armas son mías! Los otros no saben nada de esto. Yo mismo las he puesto ahí. ¡Son armas para asesinar a Fidel Castro!" Una afirmación luego reforzada por los datos de navegación del barco que se dirigía hacia la isla venezolana de Margarita donde, efectivamente, Fidel Castro iba a asistir, días más tarde, a la anual Cumbre Iberoamericana. Para este largo recorrido, el potente yate de 47 pies estaba equipado con tanques especiales que contenían 2 000 galones de combustible adicionales.
La declaración del tripulante, el neoyorquino Angel Alfonso Alemán, cualquiera que fuese su objetivo, llevó a los guardacostas a desencadenar el debido proceso judicial, teniendo en cuenta la peligrosidad del material encontrado, la gravedad y las implicaciones de la declaración "espontánea" del sospechoso.
La investigación pronto iba a dirigirse, directamente, hacia la más importante organización de emigrados cubano-americanos, la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA), con lazos políticos extremadamente fuertes, desde su creación bajo Ronald Reagan, con cada Presidente norteamericano, cada dirigente importante tanto de los Republicanos como de los Demócratas y, por encima de todo, con la CIA.
Los 4 ocupantes del barco, tal como fueron identificados en el momento de su arresto, eran el propio Ángel Manuel Alfonso Alemán, 57 años de edad, gerente de una firma textil de Union City, New Jersey; Francisco Secundino “Panchito” Córdova Torna, 50 años, pescador comercial de Maratón; Ángel Moisés “Baby” Hernández Rojo, 64 años, negociante de madera de Miami, y Juan Bautista Márquez, 61 años, marinero jubilado de Miami.
Aquí aparece en la historia Héctor Pesquera, "agente especial" y jefe (Special Agent in Charge – SAC, en el lenguaje de la policía federal) del FBI de Puerto Rico.
El hombre es un agente del FBI “de película”. Bien parecido, siempre elegante, da la imagen de incorruptibilidad que la policía federal quiere darse.
Ante la prensa, Pesquera, al comentar las denegaciones de los sospechosos, tiene una frase lista para los titulares. "¡Nadie sale a pescar con municiones de calibre 50!", afirma el veterano investigador que nunca pierde una oportunidad de mostrarse ante las cámaras. Promete que habrá, sin dudas, varias acusaciones llevadas ante los tribunales en el momento que se terminará el trabajo investigativo.
Pero, oliendo al caso político, añade que "puede ocurrir que haya implicaciones de política exterior" y que entonces... "no descarto nada"...
Relacionista astuto, Pesquera indica que está en espera de orientaciones de "arriba".
Pero pronto la investigación revela que Francisco "Pepe" Hernández, 61 años, el propio presidente de la FNCA, ex capitan de la marina de guerra norteamericana y negociante millonario, es dueño de uno de los dos fusiles Barret de calibre 50 encontrados a bordo de La Esperanza.
El personaje es el más conocido líder contrarrevolucionario de Miami desde la muerte del fundador de la FNCA, Jorge Más Canosa.
También determinan los investigadores que José Antonio "Toñín'' Llama, 66 años de edad, miembro del Comité Ejecutivo de la FNCA, es dueño del yate y descubren que Alfredo Otero, 62 años, otro activista del grupo contrarrevolucionario, estaba encargado de las comunicaciones de la operación.
Acerca de los tripulantes del barco, se aprende que Francisco Secundino “Panchito” Cordova Torna, nacido en 1948, en rancho Veloz, provincia de Las Villas, patrón de barco y pescador, salió de Cuba ilegalmente en 1961, en el barco Conchita II propiedad de su padre. En 1965, fue reclutado por Emilio Reyes para los grupos de infiltración de la CIA. Trabajo como tripulante del buque madre Explorer con el cual participó en varias agresiones contra las costas de Cuba. El 22 de diciembre de 1966, fue capturado en las costas de Dolores, Las Villas, cuando intentaba infiltrarse para recoger elementos contrarrevolucionarios. De regreso en Estados Unidos en 1991, planeó lanzar un barco lleno de explosivos contra el malecón habanero.
Su barco sirvió como buque madre de una infiltración por Cárdenas, provincia de Matanzas.
Se incorporó a la organización terrorista Comandos L cómo patrón de barco, participando a otras acciones terroristas más. Abandonó el grupo luego pero mantuvo estrechas relaciones con Tony Bryant, Reynaldo Aquit, Héctor Alfonso Ruiz, José Menéndez Mirabal, Sergio González Rosquete y varios otros delincuentes conocidos.
En cuanto a Hernández Rojo, nacido en 1930 en La Habana, se aprendió que es también un conocido activista “anti-castrista”. Abogado graduado de la Universidad de La Habana y graduado de la Universidad de Pensacola de alférez de fragata, emigró en 1963 hacia Puerto Rico y luego se ubicó en Miami, EE.UU. Posteriormente fue reclutado por la CIA y fungió como capitán de un buque madre que participó en numerosas acciones de infiltración y ataques piratas contra Cuba.
Pero el colmo surge semanas después, en enero de 1998, cuando uno de los cuatro tripulantes de La Esperanza, Juan Bautista Márquez, libre bajo fianza, es arrestado de nuevo... para ser acusado por la Drug Enforcement Agency (DEA) por la importación en EE.UU. de 365 kilogramos de cocaína, de conspiración para la importación de 2 220 kilogramos y de lavado de dinero.
Por supuesto, todas las personas involucradas en el caso de La Esperanza niegan su culpabilidad a través de sus abogados, quienes multiplican las acrobacias judiciales y las declaraciones para "demostrar" la inocencia de sus clientes. Salvo Alfonso, quien trata de justificarse a través de sus relaciones... Con mucho orgullo enseña a la prensa sus fotos con el presidente Clinton, con el senador Robert Torricelli, con Jorge Más Canosa... y con Félix Rodríguez Mendigutía, asesino, narcotraficante y agente de la CIA.
En el medio del concierto de protestas de inocencia dirigido por Ninoska Pérez-Castellón, entonces jefa de Propaganda de la camarilla, el abogado mafioso de Alfonso afirma con vehemencia la inocencia de su cliente con argumentos sorprendentes: ¡Si la CIA ha intentado cantidad de veces asesinar a Fidel Castro, decía, cómo se podrá acusar a un pobre "inocente", como Alfonso, de haber intentado lo mismo!
Mientras tanto, la mafia mueve a su gente en todos los sentidos: a fuerza de presiones, protestas, declaraciones teatrales y campañas de engaño, poco a poco, el caso de La Esperanza naufraga misteriosamente en las aguas revueltas del aparato judicial norteamericano. Poco a poco... se disuelve con la ayuda complaciente de Héctor Pesquera, quien, de manera evidente, ha recibido luz verde para sacar urgentemente a los conspiradores del pantano donde se han metido.
Finalmente, el 28 de agosto de 1998, después de 10 meses de investigación bajo responsabilidad de Pesquera, un Gran Jurado de Puerto Rico acusó de conspirar para asesinar un jefe de gobierno los individuos presentes a bordo de la Esperanza detenidos en Cabo Rojo, al directivo de la FNCA, José Antonio Llama Muñoz, a José Antonio Rodríguez Sosa y a Alfredo Domingo Otero quien, unos meses despues, se convertirá en… amigo personal de Pesquera.
Detalle interesante: el abogado mafioso de Alfonso se nombra Ricardo Pesquera. Es primo del agente especial Héctor Pesquera.
La acusación sin embargo omite a dos de los propietarios de los rifles calibre 50 incautados: el entonces presidente de la FNCA, Francisco José "Pepe" Hernández y Juan Evelio Pou, miembros e la brigada 2506, ambos con su trayectoria de apoyo a actividades paramilitares.
Parte de la conspira judicial, el juez federal Héctor M. Laffitte intentó, a principios de 1999, trasladar el juicio a Miami.
El 2 de diciembre de ese mismo año decretó una oportuna falta de pruebas en el caso de Alfredo Domingo Otero, y el día 8 el tribunal federal de Puerto Rico liberó de todo cargo al resto de los acusados.
Mucho antes de esa conclusión orientada, cuando se hunde lamentablemente la causa, el super cop Pesquera —¡quien celebrara la liberación definitiva de los sospechosos, junto a los jueces y los criminales, con una misa y una fiesta!— ha recibido una oportuna recompensa.
Louis Freeh, el jefe del cuerpo policíaco, lo nombra... de Jefe en Miami, con el título de Special Agent in Charge (SAC), para South Florida. ¡Qué más pueden soñar sus amistades del cartel de Hialeah!
• • •
En su libro Cuba Confidential publicado en el 2003 (Vintage Books), la periodista norteamericana Ann Louise Bardach cuenta cómo llegó en 1998, en Miami, el puertorriqueño Héctor Pesquera, como nuevo jefe (Special Agent in Charge) del FBI de la Florida del Sur.
“Las esperanzas de los agentes y oficiales de policía fueron rápidamente aniquiladas. Pesquera, dijeron, empezó a fraternizar con miembros claves de la dirección del exilio tales como: Alberto Hernández (anteriormente de la FNCA), Ileana Ros-Lehtinen, Domingo Otero (otro ex elemento duro de la FNCA) y Roberto Martín Pérez, un antiguo preso político cubano cuyo padre era un capitán de la policía de Batista en La Habana. Pesquera, dijo un agente en su oficina, hizo pronto un brusco viraje hacia la derecha y se abandonaron TODAS las investigaciones sobre el terrorismo”.
A esa lista proveída por la reportera californiana quien obtuvo en 1998, esa entrevista famosa con Posada donde el viejo asesino confiesa sus crímenes, se puede añadir varios nombres de terroristas activos entre los cuales: Héctor García, Luis Zúñiga Rey y José Basulto. Veamos de quien se trata.
• Uno de los terroristas inculpados de… La Esperanza, Domingo Otero fue reclutado por la CIA en 1960. Entrenado al uso de explosivos, fue capitán del buque madre Rex de la CIA que participó en numerosas acciones terroristas contra Cuba. Dirigió las actividades terroristas de la FNCA, con Horacio García y Luis Zúñiga Rey.
• Alberto Hernández es un ex responsable del financiamiento de actividades paramilitares con la Fundación Nacional Cubano Americana; es hoy directivo del Cuban Liberty Council. Propietario de varios consultorios médicos encargó la seguridad de sus instalaciones a un viejo asesino, cómplice de Posada, Gaspar Jiménez Escobedo.
• La congresista Ileana Ros-Lehtinen, es hija de Enrique Ros Pérez, apologista por excelencia del terrorismo, quien publicó su interpretación de la invasión fracasada de Playa Girón, con un prólogo de... Orlando Bosch. Ros-Lehtinen estuvo entre los más exaltados secuestradores del niño Elián González. No titubeó en dirigir una carta de felicitaciones a Rodolfo Frómeta, Jefe del grupo terrorista miamense Comandos F-4, que hizo pública más tarde el Miami New-Times.
• Roberto Martín Pérez, ex directivo de la FNCA, fundador del Cuban Liberty Council, es hijo del connotado esbirro batistiano Lutgardo Martín Pérez, Coronel de la sanguinaria policía motorizada. Él mismo perteneció a la policía de Batista y obtuvo el rango de Sargento. Fue arrestado el 13 de agosto de 1959 en el aeropuerto de la ciudad de Trinidad cuando llegaba por avión con una tropa contrarrevolucionaria conformada por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. Dirigió el comité paramilitar de la FNCA y aseguró el financiamiento de acciones de Alpha 66. Participó en la organización de intentos de asesinato del Presidente de Cuba.
• Horacio García fue también uno de los cabecillas del comité paramilitar de la FNCA que el terrorista internacional Luis Posada Carriles designó públicamente como su principal apoyo tanto al nivel financiero como logístico. García abandonó la FNCA para sumarse a la corriente “dura” del CLC, unos días antes del 11 de Septiembre.
• Luis Zúñiga Rey, agente de la CIA, fue fundador del comité paramilitar de la FNCA y fue directamente involucrado en la campaña terrorista realizada en Cuba, en 1997, por mercenarios contratados por Luis Posada Carriles, según un informe de Enrique Bernales Ballesteros, relator especial de las Naciones Unidas,.
• José Basulto es el Jefe de la organización Hermanos al Rescate. Participó en un sinnúmero de planes subversivos contra Cuba, incluso planes de sabotajes contra torres de alta tensión e introducción de armas para atentar contra el Presidente cubano. Veremos más tarde otras de sus elocuentes caracteristicas.

III

UNA “RED DE ESPIAS"

Héctor Pesquera aparece en Miami en mayo de 1998.
En el mes de junio, a solicitud de las autoridades cubana, oficiales del FBI viajan a La Habana para participar en una reunion con oficiales del Ministerio cubano del Interior que les entregan una amplia información sobre un importante número de terroristas cubanoamericanos que, desde Miami, realizan actividades criminales contra Cuba.
La delegación del FBI llega el 15 de junio de 1998. Los 16 y 17 de junio participa en varias reuniones conjuntas con expertos cubanos del terrorismo.
La parte cubana entregó durante los dos días de reunión:
• 64 folios en los cuales se aportaban elementos investigativos acerca de 31 acciones y planes terroristas ocurridos entre 1990 y 1998 — la mayor parte de estas acciones estando vinculadas a la Fundación Nacional Cubano Americana “que además organizó y financió las más peligrosas, especialmente las ejecutadas por la estructura terrorista dirigida por Luis Posada Carriles en Centro América
• Relaciones detalladas y fotografías del armamento, de los explosivos y los medios ocupados en cada hecho.
• 51 folios con información sobre el dinero suministrado por la Fundación Nacional Cubano Americana a diferentes grupos terroristas para realizar acciones contra Cuba.
• Grabaciones de catorces conversaciones telefónicas de Luis Posada Carriles en las cuales brindaba información acerca de acciones terroristas contra Cuba.
• Transcripciones de ocho conversaciones de terroristas detenidos en Cuba en las que revela sus vínculos con Posada Carriles.
• 60 folios con las fichas de cuarenta terroristas de origen cubano, la mayoría residente en Miami incluidos los gastos para su ubicación.
• 3 muestras de sustancias explosivas de dos gramos cada una de las bombas desactivadas antes de explotar en el Hotel Meliá Cohíba el 30 de abril de 1997 y en un microbús de turismo el 19 de Octubre de 1997, así como del artefacto explosivo ocupado a dos terroristas guatemaltecos el 4 de marzo de 1998.
• 5 casetes de video y 8 de audio con declaraciones de los terroristas centroamericanos arrestados por la colocación de bombas en los hoteles en los cuales narran sus vínculos con organizaciones terroristas cubanas que operan en los Estados Unidos y en particular con Luis Posada Carriles.
La delegación del FBI agradeció a sus interlocutores, aseguró que iba a estudiar esos materiales para luego, cumpliendo con su deber, impedir tales acciones y que “en dos semanas” se pondría en contacto con la parte cubana, nuevamente. Sin embargo, no paso nada.
Pesquera es nombrado oficialmente SAC del FBI de South Florida el 2 de septiembre.
El 12, los cubanos infiltrados en varios grupos terroristas de Miami son arrestados por el FBI en una espectacular operación que involucra a un centenar de agentes.
El 14, los medios floridanos difunden la noticia. Por primera vez desde que surgió la Revolución Cubana —¡es decir en 39 años!— una "red" de "espías castristas" es desmantelada con el arresto de varios de sus miembros.
Conferencia de prensa en los "headquarters" del FBI. Héctor Pesquera está radiante.
Confiesa que ha avisado del arresto primero que a nadie a los congresistas cubanos –norteamericanos Ileana Ross Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart, capos de los capos de la mafia miamense.
Este día del show mediático, Pesquera es a la vez Special Agent in Charge y vocero político. Estamos en la República bananera de Miami y él lo sabe. Puede ahora permitirse cualquier excentricidad.
Por supuesto, se atribuye el crédito de la "espectacular operación" aunque acaba de llegar en el protectorado de la mafia anticubana.
Proclama que "estamos" investigando el grupo desde 1995 —observe la fecha— y que el arresto "es un golpe significativo al Gobierno de Cuba", y añadió que "los esfuerzos de espionaje de Castro están derrotados".
• • •
Y el mediático policía desencadena la gran cacería de brujas: "Hemos hecho esto para llamar la atención del público", afirma, solicitando llamadas de denuncia de los "sospechosos".
En las radios de la histeria anticubana, los llamamientos para denunciar a su vecino potencialmente "espía" son difundidos de manera intensa. Ninoska Pérez-Castellón quien es a la vez portavoz de la FNCA y animadora de hot line, encabeza la campaña con un fanatismo ejemplar.
En su programa radial de WQBA-1140 AM, los denunciadores llaman con frenesí para participar en ese nuevo juego de sociedad de esta ciudad kafkaiana y algo despistada.
La FNCA, olvidándose con mucho gusto del asunto de La Esperanza, invita a los políticos a provocar una gran investigación sobre la infiltración de "agentes de Castro" en South Florida y sopla sobre las llamas de la histeria anticubana.
Se habla públicamente de "unos" 600 agentes de la Isla infiltrados en todas las esferas de la sociedad miamense —no cuesta nada lanzar números y la Federación mafiosa está demasiado satisfecha de poder hundir en la nueva campaña de demagogia ultraderechista sus graves problemas de imagen.
Se señaló entonces, hasta en la prensa de Miami, que muchos expertos no se explicaban por qué el FBI había arrestado ese fin de semana a personas que monitoreaban a grupos contrarrevolucionarios, “porque era precisamente el FBI uno de los beneficiarios de la información que estas personas recolectaban sobre acciones violentas de estos grupos”.

IV

“¡Mami! ¿Qué pasa? ¿Qué pasa?”


Olga Salanueva está durmiendo cuando siente toques en la puerta, "muy violentos, muy fuertes" y, asustada, despierta a René González. Sus hijas, Irmita, de 14 años, e Ivette, de 4 meses y medio, duermen en su cuarto.
Recuerda Olga como si viviese de nuevo aquel dramático momento: "Prácticamente están tratando de tumbar la puerta. René se pone un short y abre mientras me quedo en el cuarto. Siento mucho ruido, mucho movimiento y… cuando también voy a la sala ¡ya lo tienen en el piso y le ponen las esposas en la espalda!"
Eran siete hombres armados: "Yo presencié lo brutal que fueron en un hogar donde sabían que había una familia. Que había una mujer, que había niños pequeños. Eran cuatro o cinco hombres que entraron. Otros estaban en el pasillo: la casa estaba colmada de agentes".
"Entonces cuando me vieron a mí aparecer en la sala, me lanzaron a la pared, levanté las manos y me asusté. Yo dije: ‘¡René, diles bien claro que aquí hay niñas también!'"
"Este despertar, pienso que nunca a Irmita se le va a olvidar porque fue muy violento… Ella estaba en su cuarto. Los agentes me pidieron despertarla. Les dije: ‘Es muy temprano, dejen que se despierte'. Me dijeron que no, que yo tenía que despertarla en ese momento".
"No me dejaron entrar al cuarto sino quedarme en el umbral de la puerta y me dijeron: ‘¡Llámela!' Yo la llamé: ‘Irmita, Irmita', lo más suave posible pero cuando se despierta y ve a estos hombres armados, figúrese… Empieza a alterarse, a llorar, diciendo: ‘¡Mami! ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¿Dónde está mi papá?'"
Luego se despierta Ivette, asustada.
Pronto unos agentes se llevan a René, esposado y solo vestido de su short y Olga tiene que quedarse sola con otros en la casa. Durante unas interminables horas, espera, rodeada de agentes, a que aparezca la orden de registro.
"Hablaban en inglés aunque siempre había alguien que hablaba español…"
La orden vino tarde, "casi anocheciendo…"
"Y empezaron entonces a registrar todo el apartamento minuciosamente y luego hicieron varias cajas, se llevaron todas las supuestas evidencias que después se han presentado manipuladamente en el juicio, lo que no era más que las cosas normales que puede haber en una casa: libros, videos familiares, la computadora de René, nuestro certificado de matrimonio, los certificados de nacimiento de las niñas, nuestros títulos universitarios, todos los documentos, de cualquier tipo, que se encontraban en la casa se los llevaron …"
Por fin, en medio de la noche siguiente, los agentes se fueron, dejando a Olga con sus hijas en el apartamento totalmente desordenado y sin decirle nada de lo que iba a pasar.
Llevados al cuartel general del FBI para South Florida, en Miami, los detenidos fueron de inmediato sometidos a un interrogatorio severo de seis horas consecutivas "y por supuesto sin presencia de abogados…"”
"Eso que sale en las películas de que ‘no puedo hablar hasta que esté el abogado', no tiene nada que ver con esta historia".
"La primera medida que el FBI toma es llevarlos para las celdas de castigo del Federal Detention Center. Normalmente, una persona va primero a un centro de detención junto con el resto de la población penal. Si ahí ocurre alguna alta indisciplina, esta persona es separada del resto de la población penal y llevada a esta celda de castigo, incomunicado. Por un período no mayor de 60 días. Y por una indisciplina grave".
Allí estuvieron 17 meses.
"Al abandonar la casa, los agentes me dejaron sólo un teléfono al cual yo estuve llamando con insistencia… inútilmente. Hasta que el domingo se aparecieron dos agentes del FBI y me dijeron que a René lo habían detenido junto con un grupo de hombres porque era supuestamente ‘espía de Fidel' y me preguntaron si yo iba a colaborar".
Empezaban ya la intimidación, el chantaje y las presiones.
"Yo les dije que no sabía de qué me estaban hablando. Me dijeron entonces que ‘lo sabían todo', que si yo me iba a ir a Cuba, que si yo me había puesto en contacto con Cuba. Les dije que no y que además que si ‘lo sabían todo'… ¿por qué venían a preguntarme a mí?"
Ahí aparece la amenaza más terrible: "Me dejaron claro que ellos tenían posibilidad de quitarme a las niñas… ‘Recuerde, me dijeron, que usted tiene sus hijas… una hija pequeña… podemos mandarlas para una institución…' Y luego se marcharon".
El lunes 14 de septiembre, los arrestados son presentados ante la Corte Federal.
"Comparecen después de dos días de detención, sin aseo, sin afeitar, bien feos, y son éstas las fotos que entonces aparecen en la prensa… ¡figúrese!… una persona que sacan de la cama, un sábado a las 5 de la mañana, luego con dos días en esa tensión y sacarles una foto dos días después… La impresión buscada, por supuesto, es que "si son bien feos deben ser bien malos".
René, por su parte, cuenta que estas fueron las horas más difíciles que ha vivido, explica Olga, "porque no solamente fue una cosa imprevista, no esperada para nada, violenta" y que "cuando lo condujeron para la celda, no le permitieron llamar a su familia".
Padre ejemplar, piloto de profesión, de intachable reputación, René tiene que enfrentar la brutalidad de individuos que lo tratan como a un peligroso delincuente.
"Cuando lo llevaron a la corte, el lugar empezó a inundarse de la prensa, la televisión y de gente hostil, convocada por estos grupos... Entonces vio a Irmita que levantó el dedo y dijo ‘¡Papi!'. Vio entonces que estábamos bien. Dice que se volvió una gente nueva… Fue un momento fuerte para todos nosotros…"
A partir de ese lunes, empieza el show de los medios de comunicación de Miami, orquestado por Héctor Pesquera. La prensa, sometida a los extremistas de la FNCA y del núcleo terrorista de José Basulto, está bien orientada.
"Los primeros titulares son: ‘Espías entre nosotros', ‘Espías de Castro' y otros similares para crear un estado de opinión desde el principio y sentar la base de lo que sucedió después", explica Olga.
El "escándalo de los espías" imaginado por los cabecillas terroristas y puesto en escena por la policía política, está en marcha. Ya los cubanos arrestados están condenados por la prensa —al contrario de toda ética profesional— cuando los acusados no tienen antecedente judicial alguno, que no se ha celebrado juicio alguno y ni siquiera están ya acusados de espionaje.
”Hubo personas que se atrevieron a hablar a la prensa en contra de nosotros, personas que prácticamente no nos conocían. Ahí no se vive como en Cuba, cada uno vive encerrado en su apartamento, desconoce quién vive al lado. Hubo hasta personas que dijeron que de haberlo sabido, ¡‘hubieran tomado la justicia por sus propias manos'!"
La única computadora de René estaba en la sala del apartamento "pero hubo uno que declaró que había visto una computadora en la sala y otra en el cuarto — ¡no sé cuándo entró ese señor en nuestro cuarto!— pero así hay gentes que se prestaron para la manipulación de la noticia…"
"Prácticamente, la prensa se instaló en el pasillo de nuestro apartamento, para filmarnos… Y también vi que habían pintado algo en la puerta de nosotros… con pistola de presión… Y al otro día me di cuenta en la prensa que nos habían pintado la hoz y el martillo, para señalar que ahí vivían comunistas… Una forma de señalarnos en el edificio, en el vecindario…Parece que lo pintaron con bastante miedo porque no fueron capaces de hacerlo muy bien…"
Sin embargo, por suerte hubo otras personas, honradas, que mostraron solidaridad "por el hecho de ser una mujer sola con dos niñas y me decían: ‘No te preocupes, todo se va a aclarar… todo va a salir bien…'"
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Toda la tropa terrorista de Miami interpreta lógicamente la nueva situación como un permiso para mafiar. Desde Alpha 66 de Nazario Sargent a los Comandos F-4 de Rodolfo Frómeta, cada uno conspira con alegría, para organizar nuevas operaciones contra Cuba o, simplemente, para practicar su actividad privilegiada: la recolección de fondos.
Desde el architerrorista Orlando Bosch hasta sus engendros, José Basulto, de Hermanos al Rescate, y Ramón Saúl Sánchez, del Movimiento Democracia, cada uno está abierto a nuevos negocios "patrióticos".
A pesar de que las aventuras terroristas de muchos de aquellos grupúsculos cubano-americanos son más dirigidas al consumo miamense y son parte del marketing de interminables campañas de levantamiento de fondos, algunas se concretizan.
Todo Miami recuerda entonces perfectamente la ola de atentados llevados a cabo en La Habana, unos meses antes.
En 1997, varios mercenarios salvadoreños y guatemaltecos fueron arrestados y revelaron cómo el terrorista Luis Posada Carriles les había contratado para poner bombas en instalaciones turísticas de La Habana, contra el pago de unos cientos de dólares por explosión.
El 15 de noviembre de 1997, el diario The Miami Herald publicó los resultados de su investigación sobre la campaña de terror ocurrida en la capital cubana y determinó que Luis Posada Carriles era “el cerebro gris” de estos crímenes y que había recaudado 15 000 dólares en Miami para esa operación terrorista.
Sin embargo, fue los días 11, 12 y 13 de julio de 1998, en artículos publicados en el New York Times, que el propio Luis Posada Carriles confiesa su crimen, precisando que había recibido 200 000 dólares de la mano del presidente de la junta directiva de la FNCA, Jorge Mas Canosa, para el financiamiento de su plan terrorista.
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Y mientras Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González, arrestados por Pesquera comparecerán y luego enfrentarán a la justicia orientada de la jueza Joan Lenard, cuatro de los terroristas objeto de la atención de la red de vigilancia cubana, prepararán un atentado espectacular.

V

EL CRIMEN DE PANAMÁ


En 1998, mientras se consagraba Héctor Pesquera al montaje del juicio trucado contra los cinco patriotas cubanos que arriesgaban sus vidas para contrarrestar los criminales proyectos de los terroristas de Miami, connotados terroristas preparaban en toda libertad, en esa ciudad, el fracasado atentado de Panamá.
Gracias a la benevolente tolerancia del FBI, los amigos de Luis Posada Carriles, todos residentes de Miami, proyectaban tranquilamente cómo iban a hacer estallar nada más y nada menos que un anfiteatro lleno de estudiantes con el objetivo de matar al Presidente cubano.
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Luis Posada Carriles fue de la Operación 40 de la CIA, que preparó en Fort Benning, a principios de la década del 60, a decenas de saboteadores, asesinos, terroristas para apoyar la proyectada invasión de Playa Girón. De esta tropa nacieron algunos de los peores criminales que se registraron en Estados Unidos en las décadas siguientes, incluso varios traficantes de drogas que llegaron a hacer, de Miami, la capital continental del narcotráfico.
Varios expertos de la conspiración para matar al presidente norteamericano John Kennedy afirman que Posada se encontraba en Dealey Plaza, donde fueron disparados los proyectiles fatales.
Fuentes indican también que Posada fue de los más perversos mercenarios que, en Vietnam, condujeron la siniestra Operación Phoenix, donde miles de simpatizantes de la fuerzas revolucionarias vietnamitas fueron eliminados en campos de exterminio.
Posada reapareció luego en Venezuela como un alto oficial (la DISIP), donde se jactó luego de haber llevado a cabo otra operación sucia que, según lo que confesó, eliminó sistemáticamente a los partidarios de la lucha guerrillera.
Se sumó, al momento de su fundación, a la agrupación terrorista Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), creada por Orlando Bosch bajo orientaciones de George Bush, padre, entonces Jefe de la CIA.
Coordinó toda una serie de atentados con bombas en Estados Unidos, Canadá, España, Jamaica, Barbados, Colombia, Trinidad y Tobago, y Panamá, contra representaciones diplomáticas y oficinas aéreas cubanas y extranjeras, y varios asesinatos.
El 6 de octubre de 1976, Posada ordenó, conjuntamente con Orlando Bosch, un sabotaje en pleno vuelo contra una aeronave de Cubana de Aviación, frente a las costas de Barbados, como resultado del cual perecieron 73 personas.
Posada y Bosch fueron entonces apresados por las autoridades venezolanas, pero desde prisión continuaron dirigiendo las actividades del CORU, y en 1977 ordenaron la realización de varias acciones terroristas contra intereses y objetivos de Venezuela en el exterior, como medidas de presión.
Su fuga de la penitenciaria venezolana donde se encontraba recluso, ordenada, financiada y organizada por la CIA y la cúpula mafiosa de Miami, lo convirtió en brazo derecho del oficial de la CIA Félix Rodríguez Mendigutía, una de las más famosas crápulas de la Compañía, en la base aérea salvadoreña de Ilopango, en un sombrío capítulo del mal llamado escándalo Irán-Contra.
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No se puede pretender que sus tres cómplices miamences sean desconocidos. Todos tienen una larga historia criminal y son minuciosamente fichados en los archivos del FBI en virtud de sus antecedentes:
• Pedro Remón es —mientras era sicario de Omega 7— el asesino de un diplomático cubano ante la ONU, Félix García Rodríguez, ejecutado en Nueva York en septiembre de 1980, y de un cubano-americano simpatizante con la Isla, Eulalio José Negrín, matado frente a su hijo de 12 años, en noviembre del año anterior. Además de haber participado en un amplio número de crímenes terroristas.
• Guillermo Novo Sampoll tiene un currículum terrorista kilométrico, desde hace cuatro décadas. Cómplice del asesinato de Orlando Letelier y Ronni Moffit, ocurrido en 1976, fue finalmente, encontrado culpable de doble asesinato y… "absuelto" en apelación gracias a las maniobras jurídicas de la CIA, cuyo director era George Bush, padre.
• En 1979, Gaspar Jiménez Escobedo, viejo conspirador vinculado a Orlando Bosch, fue cómplice del salvaje asesinato de un técnico cubano, D'Artagnan Díaz Díaz, en Mérida (México), donde luego se fugó de una cárcel. Participó en varios intentos de asesinatos contra el Presidente cubano, en Jamaica, México, España, Honduras, Colombia, Argentina y República Dominicana.
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En la primera semana de agosto del 2000, dos de los directivos de la Fundación Nacional Cubano-Americana antes mencionados, "Pepe" Hernández y Alberto Hernández, viajaron a El Salvador para reunirse con Posada y proponerle un plan de asesinato al Presidente Fidel Castro, el cual debía tener lugar durante la celebración de la Cumbre Iberoamericana, en Panamá. Ofrecieron sufragar todos los gastos, como la compra de explosivos y armas, viajes, comunicaciones, alquiler de viviendas y pago de los ejecutores.
Gaspar Jiménez fue luego enviado a El Salvador por la FNCA, para dar seguimiento al proyecto y ultimar los detalles del complot. En aquella visita, Jiménez comprobó que Posada ya disponía de más de cien libras de explosivos plástico C-4, de fabricación norteamericana y le entregó 8 000 dólares.
Al lado de Posada, también colaboraron con la siniestra conspiración de Panamá, Santiago Álvarez Fernández-Magriña, Nelsy Ignacio Castro Matos, y Rubén Darío López Castro. Todos residentes de Miami y figuras "eminentes" de la comunidad de los profesionales del terrorismo que, se supone, están ampliamente fichados por el FBI.
Posada, Jiménez Escobedo, Pedro Crispín Remón y Guillermo Novo Sampol fueron detenidos en la ciudad de Panamá, el 17 de noviembre del 2000, poco después de que Cuba revelara la conspiración a las autoridades.
La investigación iba a demostrar que los cuatro connotados criminales se preparaban a provocar una explosión en el Paraninfo de la Universidad de Panamá donde iba a hablar el Presidente de Cuba. Según los expertos, la explosión hubiera provocado un desastre comparable al de la Torres Gemelas de Nueva York, con más de 3 000 muertos.
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Inmediatamente despues del arresto de los conspiradores las radios terroristas de Miami, entre las cuales Radio Mambí WAQI-AM (710) y La Poderosa WWFE-AM (670), desencadenaron una campaña de recolección de fondos para ayudarlos, sin el menor perjuicio hacia el carácter terrorista de su conspiración.
El principal organizador de la campaña es Santiago Álvarez Fernández- Magriña, un personaje muy conocido en toda ‘Little La Habana' como un capo de la mafiosa Fundación Nacional Cubano-Americana con amplio historial de actividades violentas.
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Posada y sus cómplices fueron indultados, cuatro años más tarde, el jueves 27 de agosto del 2004 por la presidenta saliente de Panamá, Mireya Moscoso, a solicitud de los capos de Miami, ciudad donde cuenta radicarse.
En el aeropuerto miamense de Opa-Locka, este día, el indultado Gaspar Jiménez Escobedo apareció con Remón y Novo en un Learjet alquilado.
La Inmigración y el propio FBI no le crearon el menor problema. Aún menos por el hecho de que lo busca la policía mexicana. Las orientaciones, por cierto, vienen de muy arriba.
¿Puede el FBI afirmar que nunca se enteró del proyecto terrorista de Posada Carriles, concebido en Miami para su ejecución en Panamá, por seis residentes en esa ciudad de Florida bien identificados con los círculos que promueven la violencia?
Mientras tanto, el presidente Bush, sin el menor escrúpulo, anda Miami escoltado por terroristas comprobados. Lo hace acompañado de esta Miami Connection compuesta por los más de 30 miembros de su administración que mantienen lazos con los capos miamenses.
El indulto de los terroristas internacionales Luis Posada Carriles, Pedro Crispín Remon Hernández, Gaspar Jimenez Escobedo y Guillermo Novo Sampol otorgado el 26 de agosto del 2004 por la presidenta corrupta de Panamá Mireya Moscoso, fue negociado en Miami por Ruby Moscoso, su hermana por una suma de 4 millones de dólares, afirman documentos publicados en Internet. También se revela que Posada Carriles usó documentos falsos facilitados por la Embajada norteamericana en Panamá, para salir del país istmeño.
Los negociadores de esa liberación ilegal aparecen todos en la lista de amistades dudosas de Hector Pesquera.

VI

Cuando los terroristas “no constituyen una prioridad”


Cuando el FBI y las varias agencias de seguridad del Gobierno norteamericano gastan miles de millones de dólares para monitorear á los terroristas que amenazan a los EE.UU., el FBI de South Florida confraterniza con estos que fueron entrenados por la CIA para actuar contra Cuba.
Héctor Pesquera, quien se exhibe públicamente al lado de personajes fichados como terroristas por su propia organización, neutraliza absolutamente toda interferencia de su gente en aquellas actividades criminales.
Primero, porque se trata de una política de la casa.
En un artículo publicado en el Miami Herald, unas semanas antes de la llegada de Pesquera, se reconoce abiertamente la política oficiosa acerca de los terroristas anticubanos. Bajo el título "Las conspiraciones anti-Castro raramente llevan a la cárcel en los EE.UU., el periodista Juan O. Tamayo reporta las palabras de un fiscal federal senior, quien confirma que "desde hace mucho tiempo" hay una política de "recoger información y de desmovilizar esta gente, de desmantelar más que de arrestar".
El mismo alto oficial del sistema judicial confiesa luego: "La política está concebida para proteger a los informantes y evitar enjuiciamientos que tengan pocas posibilidades de éxito debido a los jurados simpatizantes de los exiliados anti-Castro y de la debilidad de las leyes de EE.UU. que prohíben actos de violencia contra gobiernos extranjeros".
En realidad, la presencia de Héctor Pesquera, Special Agent in Charge de la oficina regional de Miami, en eventos convocados por la FNCA y en otros grupos mafiosos de Miami con historia terrorista, indica, sin lugar a dudas, más allá de la tolerancia, una complicidad.
El 6 de abril del 2004, el diario Sun-Sentinel, de Miami, revelaba cómo, al ser interrogada sobre las actividades terroristas de los Comandos F-4, la portavoz del FBI de Miami, Judy Orihuela, confirmó abiertamente lo que todo Miami ya sabía: los comandos terroristas cubano-americanos “no constituyen una prioridad” para la policía federal en la Florida del sur.
Así que no se persigue a los terroristas anticubanos, pero sí a los que tratan de contrarrestar sus planes criminales. Los primeros porque los jurados son demasiado favorables, por convicción o por miedo, hacia ellos. Y los segundos, porque se sabe con antelación que frente a estos mismos jurados parcializados, van a ser condenados.
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EL sábado 10 de marzo del 2001, dos individuos se presentan frente al mostrador de la firma Miami Police Supply, en una feria de armas de fuego que tiene lugar en el Centro de Convenciones de Coconut Grove, ubicado en 2700 South, Bay Shore Drive, en Miami. Compran, de un solo golpe, ocho fusiles AK-47 por 2 712 dólares (a razón de 339 cada fusil), ocho pistolas Makarov por 1112 dólares (139 cada una), 2 000 tiros de AK por 400 dólares.
Pagan al contado pero no se llevan la mercancía; según la ley, la tendrán dentro de unos días después de realizarse los chequeos de seguridad. Se supone que tales compras no son comunes. Y que el FBI de Miami, febrilmente dirigido por Pesquera, tiene todos los medios para enterarse a tiempo de una transacción semejante que, de manera evidente, no puede ser realizada sin algún objetivo sospechoso. Con su presupuesto millonario y sus cientos de agentes, no se le puede escapar una compra de armamento tan importante, por lo menos a nivel de la calle, que tiene que hacerse con algún motivo criminal.
Una breve investigación habrá revelado rápidamente a los hombres del astuto Jefe de la Policía Federal, la identidad de los compradores.
Uno es Santiago Alvarez.
El otro se llama Ihosvani Suris de la Torre, activista de la organización Comandos F-4, sita en la calle 14, esquina a Flager, y dirigida por el connotado terrorista Rodolfo Frómeta Caballero, uno de los mercenarios más peligrosos de la Florida.
Años antes de la llegada a Miami de Héctor Pesquera, bajo otra dirección del FBI, Frómeta fue arrestado y encarcelado por tratar de comprar, de un agente doble del FBI, unos misiles Stinger que se proponía usar en ataques terroristas contra el territorio cubano.
Suris se encargará de recoger en instalaciones de la Miami Police Supply, los días 22 y 23 de marzo siguientes, los ocho AK-47, los ocho Makarov y los 2 000 tiros, sin la menor dificultad.
De hecho, el propio Suris estaba evidentemente convencido de lo anormal de su compra: llevó las armas a casa de un amigo, nombrado Carlos Deschamps, donde las mantuvo hasta presentarlas personalmente a Santiago Alvarez, en el parqueo de la cafetería ubicada en la calle 135, North West, esquina a la Quinta Avenida, en Miami, a fin de formalizar la adquisición del armamento.
Esta compra, más que sospechosa, fue seguida de otras de todo tipo de equipos paramilitares, uniformes, botas, hachas, cuchillos y más municiones, en varias tiendas. Ninguna fue aparentemente detectada por los investigadores de Miami. Pero este shopping insólito devino una incursión terrorista en territorio cubano.
A las 6:20 de la tarde del día 26 de abril siguiente, tropas guardafronteras cubanas capturaron a Suris de la Torre y tres cómplices y ocuparon los AK-47 de la Miami Police Supply, cuya venta nunca interesó a Héctor Pesquera y su gente.
Sin la vigilancia de las tropas guardafronteras cubanas, la incursión terrorista se hubiera convertido en una verdadera catástrofe… Se confirmó más tarde cómo el cabecilla Santiago Alvarez había encargado a sus mercenarios, entre otras cosas, la misión de provocar un atentado en el cabaret Tropicana de La Habana, diariamente visitado por cientos de turistas.
El moderador de La Mesa Redonda de la televisión cubana, Randy Alonso, tenía unas semanas después de la captura de Suris una sorpresa para los televidentes: un video en el cual se veía a Ihosyani Suris, mientras estaba detenido, conversando por teléfono con su jefe en Miami... Santiago Alvarez.
Al terrorista miamense, protegido por el FBI de Héctor Pesquera, Suris preguntó si debía seguir con el proyecto de provocar una explosión en el cabaret Tropicana, de La Habana, tal como Alvarez se lo había orientado. Alvarez, sin saber que su mercenario estaba detenido, lo alentó a proseguir con el criminal proyecto.
El texto del intercambio incrimina totalmente al terrorista miamense que nunca, a pesar de la difusión de esta confesión pública, tuvo que contestar la menor pregunta de los hombres del Special Agent Pesquera.
Aquí está la elocuente transcripción.
Ihosyani Suris.- Oye, Santiago, soy yo, Ihosyani Suris.
Santiago Alvarez.- ¡Coño!, ¿cómo anda eso por ahí?
Ihosyani Suris.- ¡Qué bolá! Esto está aquí al rojo vivo, brother.
Santiago Alvarez.- ¡Sí!
Ihosyani Suris.- Sí, tú sabes cómo es esto.
Santiago Alvarez.- Aquí dijeron que había habido un tiroteo en Sagua la Grande.
Ihosyani Suris.- ¡Ah, no sé, no sé nada de eso, no me enteré.
Santiago Alvarez.- Sí, dijeron que habían cogido a tres hombres de Miami en un tiroteo en Sagua la Grande.
Ihosyani Suris.- No, no me enteré de eso.
Santiago Alvarez.- ¿Y tú has podido caminar?
Ihosyani Suris.- Bueno, yo estoy aquí todavía metido en las lomas.
Santiago Alvarez.- No me digas donde estás.
Ihosyani Suris.- Yo estoy clavao.
Santiago Alvarez.- ¿Has podido caminar bastante?
Ihosyani Suris.- Todavía no, pero estoy trabajando en eso, en unos días yo espero avanzar...
Santiago Alvarez.- No, no, mejor entiérrate. Cógelo suave que aquí no hay apuro para nada. ¿Okay?
Ihosyani Suris.- Okay.
Santiago Alvarez.- Tu familia está perfectamente bien.
Ihosyani Suris.- ¡Ajá!
Santiago Alvarez.- Todo el mundo bien.
Ihosyani Suris.- Okay.
Santiago Alvarez.- Pero super bien, muy contentos de saber de ti, le resolvimos como quedamos de resolverle.
Ihosyani Suris.- Ajá. ¿Y los chamacos?
Santiago Alvarez.- Super bien; te extrañan y todo eso, pero están bien. No te preocupes. Acuérdate que esto es problema mío.
Ihosyani Suris.- Sí, yo sé. Atiéndeme, déjame hacerte una pregunta. Con respecto a si yo tuviera que salir echando, ¿hacemos como tú me habías dicho, salgo hasta la primera isla habitada de Las Bahamas y de ahí te llamo?
Santiago Alvarez - Exactamente. ¿Está tan mala la cosa?
Iosvany.- ¿Eh?
Santiago Alvarez - ¿Está tan mala la cosa?
Ihosyani Suris- No, es que las calles están llenas de policía y hay gente de Seguridad del Estado, ¿tú me entiendes?. Y no quiero arriesgarme en moverme.
Santiago Alvarez - Tienes que quedarte tranquilo. Quédate tranquilo hasta que se tranquilice la cosa, porque parece que la gente esa de Sagua echaron a perder la situación.
Ihosyani Suris- ¿Qué?
Santiago Álvarez- Parece que hubo un problema en Sagua y...
Ihosyani Suris- Okay.
Santiago Alvarez- Parece que ese fue el problema, ¿sabes? Estate tú tranquilo, entiérrate un poco, no te muevas y tu verás que las cosas salen bien. No te apures que la calma en esto es imprescindible.
Ihosyani Suris- Okay, Okay.Déjame hacerte una pregunta. El otro día, que me dijiste lo de Tropicana, ¿tú quieres que yo haga algo allá?
Santiago Alvarez.- Si quieres hacer eso mejor, a mí me da lo mismo. Ahí se entra por una ventana con un par de laticas y se acaba aquello y es menos riesgoso.
Ihosyani Suris- Okay.
Santiago Alvarez.- ¿Te das cuenta?
Ihosyani Suris- Sí, no, no, lo que me preocupa es que tú sabes, no perder el contacto.
Santiago Alvarez.- Tú haz lo que tú creas que sea más conveniente y más seguro, no te arriesgues innecesariamente, y en los próximos días no te muevas, quédate enterrado debajo de una piedra. ¿Y los otros dos están bien?
Ihosyani Suris- Sí, los otros dos están bien.
Santiago Alvarez.- Tú tranquilízate, quédate trancado una semana, 10 días más, que parece que hubo el problema ese en Sagua, que eso es lo que ha echado a perder a ustedes ahí. A mí me tenía preocupado, y, vaya, hace un momentico yo estaba mirando el teléfono a ver si tú llamabas (Risas). Oye, corta ya, ¿sabes?
Ihosyani Suris- Okay, yo corto.
Santiago Alvarez.- Corta, que yo voy a cortar rápido.
Ihosyani Suris- Yo te vuelvo a llamar cuando tenga un chance.
Santiago Alvarez.- Okay, no te apures.
Ihosyani Suris- Okay.
Santiago Alvarez.- Pero entiérrate.
Ihosyani Suris- Sí, sí, yo voy a clavarme ahora, tranquilo.
Suris de la Torre y sus cómplices son residentes en Miami y se supone, por su actividad en los círculos terroristas, que también deben aparecer en alguna parte del fichero del agente especial Héctor Pesquera y de sus hombres.
Unos meses antes, el FBI prefirió ignorar que el mismo Santiago Alvarez apoyó, siempre con el dinero de la FNCA, a Luis Posada Carriles, Pedro Remón, Gaspar Jiménez y Guillermo Novo Sampoll, quienes pudieron realizar tranquilamente sus compras de explosivos C-4 con el propósito de destruir el anfiteatro de la Universidad de Panamá.
Luego del arresto de aquellos conspiradores, Santiago Alvarez —libre a pesar de su activa participación en el crimen— viajará, de Miami a Panamá, para llevar a los cuatro reclusos, en sus celdas, dinero y orientaciones de su organización.
Álvarez evitará finalmente a Panamá luego de ser denunciado a INTERPOL por las autoridades cubanas.

VII

JUICIO EN MEDIO DE LA FAUNA


Por razones obvias, los abogados de los cinco supuestos “espías” cubanos encarcelados, ruidosamente arrestados por Pesquera, pidieron que se cambiara el sitio de este juicio por las características de la ciudad de Miami y el fanatismo de la mafia anticubana.
En esta ciudad, la más retrógrada de EE.UU., donde ocurrieron, antes y después del arresto, el secuestro del niño Elián González, la decisión de los organizadores de los premios Grammy de mudarse por falta de seguridad, y numerosos actos de violencia.
Pero el tribunal rechazó tal solicitud.
Se les negó algo que se concede a cualquier acusado cada día.
Ni se accedió a la petición de celebrar este juicio en Fort Lauderdale, apenas a media hora de distancia y dentro del mismo distrito jurídico sur de la Florida.
En violación de la VI Enmienda de la Constitución de los Estados.
El carácter políticamente violento de la ciudad de Miami fue perfectamente ilustrado, en agosto del 2000, por una recopilación de actos terroristas realizada y comentada en el Miami New Times, por el periodista Jim Mullin, bajo el título El peso de la historia, en medio de la tormenta mediática provocada por el caso del niño Elián.
"Uno se da cuenta que tiene un problema de imagen cuando un diario tan serio como el New York Times escribe, en una editorial, con una evidente preocupación, que todo parece indicar que los cubano-americanos de South Florida creen en el dominio del hampa", analiza Mullin.
A pesar de lo que pretenden en algunas oportunidades sus líderes, "la violencia al margen de la ley y la intimidación han sido las marcas distintivas del exilio durante más de 30 años", señala el periodista. "Conociendo este hecho, no sólo se puede entender por qué mucha gente puede ser profundamente preocupada, sencillamente es prudente serlo".
Mullin luego declinó una larga lista de eventos violentos ocurridos en Miami en las últimas décadas, después de precisar que ésta no incluye un sinnúmero de otros eventos atribuidos a los terroristas miamenses y ocurridos fuera de la metrópoli de Florida, en diferentes partes de EE.UU. y en algunos otros 16 países, incluyendo a la propia Cuba.
• • •
El juicio de los cinco antiterroristas cubanos, Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González se realiza, a partir del 22 de noviembre del 2000, en medio del reino de la fauna terrorista, fanáticamente hostil a los acusados.
Un juicio totalmente politizado cuya conclusión fue orientada, claramente, por las autoridades del más alto nivel, en un momento en que la nueva Administración presidida por George W. Bush, infiltrada y chantajeada por esa mafia anticubana, obedecía ciegamente a sus menores deseos.
Con pruebas manipuladas bajo la ley de procedimiento de la información clasificada (CIPA), objeciones constantes a las solicitudes de la Defensa, una jueza claramente hostil, testigos manipulados e intimidados por la Fiscalía y los medios de prensa, el juicio se desarrolló como una farsa teatral, una vez más para consumo mediático, a fin de calmar las angustias de la camarilla mafiosa.
Que los cinco cubanos así acusados hayan realizado en Miami, al riesgo de sus vidas, un trabajo heroico para contrarrestar planes criminales de terroristas... aunque éstos sean fichados como tal en los propios archivos del estado norteamericano, no interesaba en nada la jueza Lenard. Lo dijo claramente y descartó rotundamente el argumento que Cuba tiene el derecho de defenderse de las pandillas que desarrollan en su contra actos de violencia.
Ni a la Jueza, ni a la Fiscalía, ni a la Policía, ni a las autoridades superiores del país le convenían que se hiciera la demostración de la total tolerancia, particularmente en Miami, del terrorismo anticubano, fenómeno que justifica la actividad de los cinco cubanos enjuiciados.
Constantemente, desde el mismo inicio del juicio, el ministerio público trató sistemáticamente de eliminar de los debates cada elemento que venía comprobar que el único objetivo de los cinco acusados era penetrar los grupos miamense que se dedican a desarrollar acciones terroristas contra Cuba.
A todo lo largo del juicio, Lenard siempre trató de mantener la orientación del proceso hacia las "pruebas" cínicamente fabricadas por el agente "especial" Héctor Pesquera, del FBI, con el sólo propósito de justificar un "escándalo de espías" que pudiera calmar el chantaje electoral de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA).
Con tanto celo como la propia Fiscalía, la Jueza se mantuvo buscando con avidez las "pruebas" de que uno de los acusados estuviese vinculado al derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate, ocurrido el 24 de febrero de 1996, y la búsqueda de información secreta de carácter militar supuestamente llevada a cabo por unos de los acusados.
Mientras tanto mantuvo prohibido el acceso a un 80% de los documentos encontrados en casa de los acusados.
• • •
Acerca de la supuesta implicación de unos de los acusados en el derribamiento de avionetas de Hermanos al Rescate, la Fiscalía se apoyó fundamentalmente en las alegaciones de José Basulto, jefe del grupo, otro socio “fuerte” de Hector Pesquera.
Sobra conocer el pasado terrorista de este personaje para valorar las "pruebas" presentadas.
Basulto emigró a los EE.UU. inmediatamente después del derrocamiento del dictador mafioso Fulgencio Batista y del triunfo de la Revolución Cubana. En Miami, se juntó a la Brigada 2506, organizada por la CIA para una invasión a Cuba con su amigo Félix Rodríguez Mendigutía—terrorista del cual se hablara más adelante. Ambos fueron infiltrados en Cuba antes de la fracasada operación.
De regreso a Miami, Basulto y su cómplice se integran a otras operaciones de carácter violento destinadas a derrocar a la Revolución Cubana.
El 24 de agosto de 1962, Basulto manejaba un cañón de 22mm a bordo de un barco que se acercó a 200 metros de la costa del barrio habanero de Miramar, frente a un hotel supuestamente frecuentado por Fidel Castro.
A las 11:30, Basulto abrió fuego alcanzando un edificio y sembrando el terror entre los huéspedes de la instalación (Fidel no se encontraba en el lugar).
El 20 de mayo de 1963, Basulto y otros 50 veteranos de Bahía de Cochinos se sumaron a la operación 40 de la CIA, luego recibió entrenamiento en Fort Bragg, Carolina del Norte, y Fort Benning, Georgia.
Colaboró con el régimen militar fascista de Argentina —que se hizo "famoso" con la eliminación de más de 30 000 opositores— y financió varias de sus operaciones mediante su actividad con narcotraficantes. Lo que por supuesto parece "ignorar" Héctor Pesquera.
El propio Basulto confesó sus aventuras terroristas en una entrevista con el Washington Post, publicada el 20 de mayo de 1997, en la cual proclamaba abiertamente su aceptación de que se pueda atentar contra la vida de Fidel Castro.

En el curso del juicio de los cinco cubanos, oficiales de la FAA (Federal Aviation Agency) confirmaron que SIETE veces habían hecho advertencias a Basulto y a su organización acerca del grave peligro que representaban los vuelos que organizaba sobre La Habana con sus avionetas.
La FAA, lamentablemente, le quitó su licencia comercial al piloto sólo DESPUES del grave incidente.
También fue revelador el testimonio de Arnaldo Iglesias, socio de Basulto, quien lo acompañaba en su avioneta en el momento del dramático evento. El confesó que en 1995 había experimentado, con Basulto, bombas artesanales hechas de tubos de PVC rellenados de cartuchos, lanzándolas desde sus aeronaves en la zona del aeropuerto de Opa-locka.
Y admitió que Hermanos al Rescate había publicado, en alguna oportunidad, un documento anunciando que la organización iba a provocar "confrontaciones con el Gobierno de Cuba".
Iglesias se apresuró en afirmar que, a pesar de todo lo admitido, Hermanos al Rescate era una organización "pacífica".
Todo el tema de la "complicidad" de un "agente cubano" en el derribo de las avionetas de Basulto fue presentado como si el incidente no hubiera sido anticipado, como lo fue, y desde bastante tiempo.
Se supo, por otro lado, que a las autoridades cubanas de ninguna forma les hacía falta un informador en Miami cuando estos vuelos eran registrados por los radares cubanos y... anunciados por el propio centro de control de Miami.
Para colmo la propia Fiscalía reconoció que no podía probar esa acusación que ello era "un obstáculo insuperable" y pidió modificarla a última hora algo que no le fue concedido. Gerardo sin embargo fue encontrado culpable por el jurado.
El conjunto del proceso ha constituido un claro respaldo a los grupos terroristas anticubanos que operan en Miami y a la camarilla mafiosa que atenta legitimar sus actividades.
• • •
Sobre el tema del espionaje, es decir del acceso a secretos militares, las alegaciones de la Fiscalía fueron totalmente liquidadas. Ninguna prueba o testimonio demostró que los Cinco hubiesen obtenido o buscado informaciones para perjudicar a los EE.UU.
Bastante divertido fue darse cuenta de la presencia, entre las "pruebas" enseñadas, de una caja de cartón de color azul con la inscripción War Planes (Aviones de Guerra), que contenía decenas de tarjetas, a todo color, de aviones militares... acompañadas de un recibo de 6,88... de una tienda conocida, donde la colección se vende libremente, como juego, al público de los coleccionistas.
La "peligrosidad" de los "espías" tampoco fue demostrada por testigos.
¡Bien al contrario! Varios oficiales de alto rango militar negaron que los Cinco hubiesen realizado espionaje: el general Clapper, ex jefe de la Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa; el general Charles Wilhelm, ex comandante en jefe del Comando Sur; el general Edward Atkeson, ex vicejefe del Estado Mayor del Ejército para Inteligencia; el almirante Eugene Carroll, ex vicejefe de Operaciones Navales, y el coronel George Buckner, ex oficial del Comando del Sistema de Defensa Aérea de Norteamérica, todos rindieron testimonios descartando la posibilidad de que los Cinco se hayan acercado, ni de lejos, a informaciones de algún valor estratégico.
El general Carroll, experto conocido en materia de capacidad militar de Cuba, llegó hasta afirmar que mucho más información que todo lo mencionado por la Fiscalía puede ser adquirida por la simple lectura de revistas especializadas tales como Jane's Defense Weekly.

VIII

UN JURADO INUSUAL


“El miedo a una reacción violenta por parte del exilio cubano si un jurado decide absolver a cinco hombres acusados de espira para el régimen de la isla ha llevado a muchos potenciales candidatos a pedir a la jueza que los excuse del deber civico”, contaba el Nuevo Herald, en un articulo titulado “Miedo a ser jurado en juicio de espías”, publicado el 2 de diciembre del 2000, mientras se desarrollaba la selección del jurado.
El 4 de junio del 2001, cuando empezaban las deliberaciones, se denunció ante el tribunal el escandaloso hostigamiento a los jurados que realizaban los camarógrafos de la televisión, particularmente del Canal 23 y de la mal llamada TV Martí, persiguiéndoles desde las puertas del edificio hasta el parqueo y luego tomando imágenes hasta de las chapas de sus carros. Lo que en Miami puede constituir una condena a muerte luego del veredicto.
La propia jueza Lenard, en un momento de susto, pidió a las fuerzas del orden que se pusiera fin a estos actos de intimidación deliberada.
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De manera totalmente inusitada, el jurado anunció con antelación el día y la hora exactos en que daría a conocer su veredicto.
David G. Bucker, el presidente del jurado, recibió las instrucciones de la jueza el lunes 4 de junio del 2001. Y tuvo la desfachatez de afirmar que el viernes 8 de junio, a las 4:30 de la tarde, iba a tener el veredicto. Algo nunca visto.
¡Más aún! No solicitó ninguna aclaración, ni expresó tampoco duda, al terminarse un juicio de cinco meses de duración, con decenas de miles de páginas de documentación y decenas de cargos.
El veredicto fue entregado tal como programado.
El colmo: el jurado emitió un veredicto de culpabilidad para cada uno de los cargos imputados. Sin excepción ninguna. Lo que cualquier conocedor de los tribunales norteamericanos no llegaría a explicar salvo concluir que el jurado está comprado, manipulado o atemorizado.
Incapaz de controlar su excitación, el fiscal Guy Lewis, abrazó al cabecilla terrorista José Basulto en pleno tribunal mientras Héctor Pesquera, el jefe local de FBI, triunfante, se iba a festejar con los capos de la FNCA.
Pero ya no se había alcanzado lo máximo de la desvergüenza: el primer día de las vistas de sentencias, David Bucker se exhibía en la sala de audiencia… ¡sentado junto con Basulto y otros conocidos personajes vinculados a la mafia.
Quién es este David Bucker ? Nació en Petersburg, Virginia. Divorciado, sin hijos, es biólogo marino. Fanático al golf. Trabaja como administrador de sistemas computarizados del Parque de los Everglades… y como tal es empleado del gobierno.
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El Miami Herald publicó un editorial pretendiendo que este juicio era un primer paso para derrocar a la Revolución Cubana. "Y hubo jurados que creyeron que eran agentes de este proceso que haría de ellos unos héroes en la comunidad donde viven. Y esto era lo que pedía el editorial".
Interrogado sobre la ética del Miami Herald y del FBI, que constantemente calificaron a los cubanos detenidos de "espías", ya desde su arresto y antes de que aparecieran ante un tribunal, negando su derecho a la presunción de inocencia, el celebre jurista Leonard Weinglass indicó que la ley norteamericana tolera tales procedimientos.
"En otros países —en Inglaterra, por ejemplo— la prensa sólo puede reportar el arresto y los cargos, pero no puede añadir retórica y lenguaje inflamatorio para envenenar la atmósfera para la defensa", comentó.
"Cuando uno lee las entrevistas a los miembros del jurado después del juicio, está claro que el jurado creía que era parte de un esfuerzo nacional para ejecutar objetivos de política exterior de los EE.UU. Para ellos, éste era el juicio."
El abogado señaló hasta qué punto la prensa norteamericana ignoró el caso a pesar de sus características. "Este caso tenía que ser una gran, gran historia en la prensa norteamericana —declaró Weinglass—. Más grande que el caso de O.J. Simpson, que los escándalos de Clinton, pero no fue reportado de manera amplia en el país".
El jurista valora que "esto es un síntoma de las presentes condiciones de los medios masivos y de las cortes; tenemos una prensa callada que solamente reporta de forma extensiva los escándalos de bajo nivel o las guerras".
En el año en que Los Cinco fueron juzgados, "fue el caso más largo en EE.UU. y, al mismo tiempo, fue el único juicio que involucró cuestiones de relaciones exteriores de Estados Unidos dentro de un contexto criminal".
Este caso tiene todos los ingredientes de una noticia de interés nacional, precisó Weinglass. "Hubo generales y almirantes testificando, 72 testigos, notas diplomáticas, memorandums de la Casa Blanca y un asesor de Clinton, Nuncio, y nada de esto fue reportado".
"Como si nada hubiese ocurrido…", reflexionó.

IX

SENTENCIAS PERVERSAS


El carácter vengativo e irracionalmente desmesurado de las sentencias es evidente: Gerardo fue condenado a dos cadenas perpetuas más 15 años, Ramón a una cadena perpetua más 18 años, Antonio a una cadena perpetua más 10 años, Fernando a 19 años y René a 15.
Fueron condenados tres de ellos por conspiración para cometer espionaje sin presentar una sola prueba y pese al testimonio contrario de numerosos militares y especialistas.
No existe en la historia un antecedente de alguien condenado por espionaje sin que aparezca en el juicio algún documento de carácter secreto.
Es particularmente absurda y totalmente ajena a cualquier jurisprudencia, la condena de Gerardo Hernández por asesinato premeditado sin haberse presentado en su contra pruebas o testigos, ni siquiera pruebas circunstanciales, que lo vincularan personalmente con el supuesto crimen.
En los casos de René y Antonio quienes son ciudadanos norteamericanos y no pueden ser deportados en una eventual liberación, la jueza les añadió a su sentencia, a petición del gobierno, esa extraña orden:
“Como una condición especial de libertad supervisada, se le prohíbe al acusado asociarse con o visitar lugares específicos que se sepan que están o que sean frecuentados por individuos o grupos tales como terroristas, miembros de organizaciones que abogan por la violencia, y personas asociadas al crimen organizado.”
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El 8 de junio del 2001, después del veredicto de culpabilidad pronunciado por el jurado, ejerciendo su papel de jefe de la policía política de South Florida, Héctor Pesquera, en conferencia de prensa, había hecho una teatral declaración dirigiéndose a las autoridades cubanas: "Mandar a sus agentes a los Estados Unidos para realizar operaciones de inteligencia contra los ciudadanos de este país no será tolerado".
Pero en respuesta a una pregunta de un periodista, se negó a indicar si perseguiría con el mismo rigor a los autores de los atentados de La Habana, organizados por Luis Posada Carriles y la FNCA.
Meses más tarde, la revista New Times preguntó a Pesquera y al fiscal Guy Lewis si consideraban que los atentados en La Habana son actos de terrorismo. Ambos se negaron a contestar.
El 12 de julio de 2001, la Fundación Nacional Cubano-Americana prepara una fiesta para los directivos del FBI que estuvieron involucrados en el caso de la detención y juicio de los cinco cubanos. Encabeza la lista Héctor Pesquera. En este evento aparecieron además del propio Pesquera, el Fiscal Guy Lewis, el entonces jefe de la policía de Miami, Raúl Martínez, y Joe García, director de la FNCA así que varios personajes señalados como terroristas al FBI en la reunion celebrada en La Habana en junio de 1999.
James P. Rubin, vocero nada menos que del Departamento de Estado, en un comentario sobre el juicio, se siente obligado a denegar alegaciones según las cuales la operación “espías” fue realizada con el único propósito de satisfacer a los cubano-americanos después del caso de La Esperanza en Puerto Rico.
"No hay base para tal alegación", declara.
Una vez completado el juicio y dadas las sentencias, queda bien claro que, tanto las "implicaciones políticas" sospechadas por Pesquera como las alegaciones "desmentidas" por Rubin son las puntas de un gigantesco iceberg de complicidades y de corrupción.
Y el agente especial Pesquera sólo constituye una cara visible de una peligrosísima conspiración.

X

LA FAMILIA, REHÉN DE LA POLICÍA POLÍTICA


Mientras René González se encuentra secuestrado en las celdas de castigo de la llamada “Unidad de Albergamiento Especial” del FDC, Olga Salanueva y sus hijas siguieron siendo también víctimas del proceso de tortura sicológica elaborado por el FBI para tratar de romper la moral de los detenidos.
Para la policía federal, todos los métodos son buenos.
“La única forma durante este tiempo que René podía ver a Ivette, era que él se ponía a ver por la ventana y yo me ponía a caminar por la acera, y él desde el piso 12 se ponía a mirar. Fue así que él vivió toda esta etapa del primer año de vida de su niña, un período que tiene tantos cambios…”, cuenta de nuevo Olga.
“La persona que cometió una indisciplina y que la pusieron en una de estas celdas de castigo, cuando vienen su esposa y sus hijos, la bajan a otro piso, a un salón donde le llevan a sus hijos. A René, no se lo permitieron. En 17 meses, vio a sus hijas en sólo dos ocasiones”.
La primera vez que René, arrestado el 12 de septiembre de 1998, logra ver a sus hijas ya Ivette había cumplido el año. “Es decir que cuando Ivette cumple un año, él no la ha visto todavía”.
Después de muchas comunicaciones del abogado de René, Philip Horowitz, con la Corte para que le permitan ver a sus hijas, el FBI organiza un encuentro nada menos que traumatizante para la esposa del detenido y sus dos hijas.
Olga se presenta en el FDC con Irma, entonces de 15 años, y la pequeña Ivette. Se las llevan a una sala especial donde se encuentran varios agentes del FBI.
Aparece entonces René que sus tres familiares no han visto desde su arresto.
“Lo traen esposado… y lo sientan en una silla… y le amarran las esposas a la silla. Todo esto bajo los ojos de las niñas”.
La escena es terrible. Ivette, sorprendida de ver a René sujetado con estas cadenas, con su visión infantil de lo que ocurre, hace “Jau, Jau” como el perrito que ladra. Olga se asusta y dice a la niña: “No, Ivette, no. Tu papá no es un perrito, no…”
“Aquí, los perros son otros…” añade.
Al contar la anécdota, Olga mantiene una ligera sonrisa, pero sus ojos se mojan y aparece una lágrima que ella seca con la punta del dedo.
Irma sale del encuentro bajo un choque… “Le dije que estuviera segura que su papá era incapaz de hacer nada malo… que ella lo conocía bien… que sabía de los sentimientos de él y que íbamos a salir bien de esto…”
Desde el arresto de René, Olga, con increíble valor, sabiendo que su marido se encuentra preso en durísimas condiciones, tiene que luchar sola para garantizarles una vida decente a sus dos hijas.
“A partir de ahí, empecé a tener problemas en cuanto al pago del apartamento, los ingresos de René ya no estaban en la casa… Yo seguía trabajando para mantener a las dos niñas… Tuve que entregar el apartamento, mudarme de lugar…”
Termina en un apartamento pequeño de un cuarto con baño y una cocina, con su hija mayor mientras la abuela de René cuida a la bebé.
“Yo trabajaba en una compañía de tele-marketing desde las 2 de la tarde hasta las 11:30 de la noche. Anteriormente, Ivette estaba en un day care donde la recogía René por las tarde. Al René estar preso, yo no tenía quien me la recogiera y tuve que confiarla a la abuela de René —que vive en Estados Unidos desde los años 40. Ella vive en Sarasota, a 240 millas al norte de Miami. Es una persona que tiene actualmente 84 años, tenía alrededor de los 80 en este momento…”
“Mi vida era trabajar. Los fines de semana ir a ver a René y entonces ir a Sarasota a ver a la niña y regresar el domingo para reincorporarme al trabajo. Estos dos años fueron bien difícil —durante todo este tiempo estábamos en espera de la celebración del juicio que demoró dos años antes de comenzar…”
Arrestado el 12 de septiembre de 1998, René ha sido confinado hasta el 2 de febrero del 2000 en celdas de castigo del Special Housing Unit del FDC de Miami. Él y sus compañeros, aislados los unos de los otros, llegaran a salir de ahí, cuando sus abogadados logran obtener una audiencia ante el magistrado Barry Garber para denunciar los tratos crueles y degradantes que les impone el FBI desde 17 meses.
En julio del 2000, la Fiscalía le presenta a René una carta mediante la cual puede ‘confesar' su culpabilidad a cambio de una sentencia reducida.
“La última visita que yo le hice a René fue precisamente el 13 de agosto, el día de su cumpleaños. Ya habíamos comentado en una visita anterior de que la Fiscalía le había propuesto una negociación….”
Un procedimiento normal en el sistema judicial de Estados Unidos donde la mayoría de los casos judiciales se “negocian” pero que en el caso de René, se acompañó de un cruel chantaje a la familia.
“De nuevo, le recordaron de que su familia tenía un estatus legal que podía ser revocado… Pero René rechazó tal negociación, dijo que no, que iba a ir a juicio y a declarar porque estaba ahí y lo que había hecho, que en ningún momento se consideraba culpable”.
La reacción de los agentes de Héctor Pesquera fue inmediata y salvaje.
“A los pocos días, el 16 de agosto del 2000, me detiene a mí el Servicio de Inmigración y Naturalización, el INS, y me llevan a una cárcel estatal en Fort Lauderdale dentro de la cual el INS renta una celda para las personas peligrosas o por cuestiones de seguridad. Un lugar parecido a las celdas de castigo. Entonces me mantienen ahí durante tres meses. Estuve un tiempo completamente sola. Después personas que venían a la corte o que habían tenido indisciplina por otro lado, que se habían fajado, el castigo era llevarlas por ahí, porque era una celda donde no te sacaban al sol y donde no había contacto con nadie más”.
“Era otra forma de presionar a René porque el juicio ya no iba a comenzar en septiembre, como se había planificado, sino en noviembre. Y hasta noviembre me dejaron ah텔
Por suerte, Irma se encuentra en Cuba en este momento, de vacaciones con sus abuelos.
La detención no llega a doblegar a Olga que se mantiene fiel tanto a su esposo como a su Patria. A unos días del juicio de René, el INS ordena su expulsión.
“Me deportan el 22 de noviembre y el juicio comienza el 27. Yo pedí entonces hablar con René, no me lo permitieron…”
“Pedí viajar con mi hija Ivette, mi bebé… pedí que me llevaran mi bebé al aeropuerto para montarme en el mismo avión… y no me lo permitieron… “se recuerda Olga.
“Dijeron que si yo quería que la niña salga del territorio norteamericano era un problema mío, que buscara los medios…”
Otro pensamiento terrible asalta a la madre de familia.
“Estábamos en el mismo año donde se había secuestrado al niño Elian. Se había logrado sacar a Elian del territorio norteamericano en junio… ¡Yo vivía con el temor de que se enterara esta mafia de lo que estaba ocurriendo con la niña mía! Y más porque esta niña, sí había nacido en territorio norteamericano— hubieran podido formar un show parecido.”
Con muchas dificultades, desde su prisión, Olga lucha para encontrar una solución. Urgentemente.
“Hablé con los abogados de René y a través de un poder que hicimos los dos, cada uno desde su cárcel, mi suegra viajó desde Cuba a Estados Unidos y recogió a Ivette en casa de su abuelita quien padecía —además de todo— de un mal de nervios con esta situación y estaba muy alterada”.
“Tenía también el temor de que fueran y le quitaran la niña, que se enteraran que era una persona mayor… con las leyes allá que son un poco extrañas en cuanto al custodio de los muchachos”.
El 22 de noviembre del 2000, Olga es deportada a Cuba. Luego, nunca se le otorgará una visa para visitar a su marido.

XI

HANSSEN, EL ESPÍA

Claramente, la “gran” prensa de Miami y el FBI comen sin pena en la misma mesa. Por cierto, en materia de desinformación, comparten varios conceptos incongruentes entre los cuales el uso del vocabulario sensacionalista. Así fue cómo, simultáneamente, les ha convenido en el momento del arresto de los Cinco, pegarles la etiqueta “espía” que mantienen hasta hoy. Aún cuando ha sido ampliamente demostrado, dentro y fuera de los tribunales, que nunca los patriotas detenidos se han ni siquiera acercado a un documento secreto del gobierno norteamericano.
En La Habana, Leonard Weinglass, el abogado neoyorquino de Antonio subrayaba una vez más cómo su cliente “ni tomó una sola pagina de un documento secreto” cuando le han atribuido la misma sentencia de cadena perpetua que los dos más famosos espías de la historia reciente de Estados Unidos, Aldrich Ames y Robert Hanssen... a la diferencia que estos dos personajes han sacado de los archivos de las instituciones donde eran funcionarios de alto nivel, un Niagara de documentos.
El mismo razonamiento se puede aplicar a cada uno de los Cinco cuya etiqueta de “espía cubano” les valió una condena automática en la Miami mafiosa donde cada agente del FBI, cada magistrado, cada fiscal y cada jurado sabe lo que cuesta enfrentarse a los capos que dominan la Florida del Sur desde cuatro décadas.
Un articulo publicado por la revista ultra conservadora Reader's Digest permite analizar en cada detalle el caso de lo que es un espía autentico, patentado, comprobado: este mismo Robert Hanssen, quien, de acuerdo con el titular del mensual “durante años, vendió a los Soviéticos los secretos mejor guardados de Estados Unidos”.
El articulo titulado “El Traidor” y firmado por David Wise cuenta cómo Hanssen reveló a Moscú la identidad de “dos agentes del KGB” que “espiaban por cuenta de los Americanos en la embajada rusa” de Washington. “Valery Martinov y Serguei Motorin trabajaban por el FBI desde tres años” precisa RD, confirmando al mismo tiempo lo que todo el mundo sabe, que los servicios de contrainteligencia no se pierden una oportunidad de sobornar diplomáticos extranjeros.
Lo más irónico del caso es que, cuando se produce el suceso, el FBI encarga de inmediato la investigación de esta desastrosa filtración... ¡al propio Hanssen! De 40 años de edad, agente desde ya diez años, él tiene indiscutiblemente toda la confianza de la más alta jefatura del más importante cuerpo de policía del imperio!
Escribe el autor del articulo: “Él conoce la identidad de quien ha vendido Martinov y Motorin al KGB. Sabe que alguien transmite los secretos más importantes del FBI a Moscú. También sabe que el traidor es un agente de contrainteligencia trabajando en el cuartel general y que el FBI tiene toda confianza en él. Sabe todo esto pero no lo puede revelar a nadie. Por supuesto: Robert Hanssen tiene cómo misión desenmascararse a sí mismo”.
Hijo de policía, licenciado en administración de los negocios, contador, buen esposo y padre de seis hijos, católico practicante, nada —según el mensual— permitía imaginar que Hanssen iba a convertirse en vendedor de secretos de estado.
A pesar de eso, escribe RD, Hanssen “desde 1979 hasta su arresto, hace dos años, era el topo quien, por cuenta de los Soviéticos, ha socavado la contrainteligencia norteamericana. Entregó a sus clientes más de 6 000 páginas de documentos secretos y les ha revelado la identidad de 50 individuos, agentes americanos o reclutas potenciales”.
¿Cuanto se vendían estos secretos de acceso supuestamente inaccesible?: “Hanssen recibió un millón en dólares y diamantes y se le prometió que una cantidad adicional de 1 200 000 lo esperaba en un banco de Moscú por un total de más de dos millones”.
En marzo de 1979, Hanssen es promovido en los servicios de inteligencia y, de inmediato, participa a la creación “que contiene informaciones sobre cientos de funcionarios extranjeros, incluso espías: un verdadero directorio de los servicios secretos soviéticos”.
Este mismo año, contacta a los Soviéticos a través de una firma comercial que opera en Nueva York, afirma Reader's Digest.
“Transmite entonces uno de los secretos mejor guardados del FBI y de la CIA: la identidad de un agente doble trabajando por cuenta de los americanos. Dimitri Fedorovich Poliakov, alias TOPHAT, un agente del GRU (inteliencia militar) transmite informaciones a sus clientes norteamericanos desde 17 años (...). Los documentos robados por Polyakov al beneficio de Estados Unidos llenan 27 gavetas de archivadores.”
La traición de Hanssen es finalmente descubierta por el propio hermano de su esposa, Mark Wauck quien es también agente del FBI, en Chicago cuando, bajo forma de broma, Hanssen se atreve a lanzar que “tal vez un día” se jubilara “en Polonia”. Dándose cuenta de la cantidad de dinero de que disponía su cuñado, Wauck no titubeó en denunciarlo a sus jefes que, sin apuro ninguno, desenmascaran el traidor... sólo cinco años después... pagando diez millones de dólares a un ex agente del KGB jubilado quien entrega una grabación de la voz de Hanssen cuya identidad esta luego encontrada.
El 18 de febrero de 2001, el FBI monta una amplia operación de vigilancia del Parque Foxstone, una reserva natural situada a poca distancia del domicilio de Hanssen donde él debe recoger, a una hora determinada, un paquete conteniendo 70 000 dólares que los investigadores han ya revisado y fotografiado.
Sobre las 4 de la tarde, el agente Tim Caruso, escondido en una camioneta parqueada a dos kilómetros de distancia, en un punto estratégico de observación, señala que ve a Hanssen llenando una bolsa de plástico.
Minutos después, agentes del FBI “armados de fusiles automáticos MP-5 intervienen sorpresivamente y arrestan el sospechoso.
Dándose cuenta de la amplitud de las pruebas recogidas contra él, Hanssen negocia, a través de sus abogados, una sentencia de 25 años de cárcel en cambio de una confesión.
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En el juicio de los Cinco, desfilaron varios altos oficiales de las fuerzas armadas estadounidenses que, de manera unánime, juraron que ninguno de los acusados se había acercado, aunque fuera de lejos, a un secreto de estado.
¡Más aún, la prensa norteamericana se quedó totalmente muda frente a una causa que tenía todos los ingredientes de una causa celebre!
Recordaba Weinglass, en su visita en La Habana: “Hubo generales y almirantes testificando, 72 testigos, notas diplomáticas, memorandos de la Casa Blanca y hasta un asesor de Clinton, Richard Nuncio, y nada de esto fue reportado”.
Desde su arresto, Gerardo, Antonio, Ramón, Fernando y René, fueron víctimas de malos tratos, chantaje, presiones, para obtener de ellos confesiones de actividades de “espionaje” que nunca tuvieron, de acuerdo con las definiciones de las leyes norteamericanas.
Juzgados en la Miami mafiosa a pesar de su derecho constitucional a un cambio de sede —por ser un lugar donde no se puede juzgar a personas vinculadas con el gobierno cubano y la hostil campaña de prensa desde el momento de la detención— y declarados culpables de manera expedita por un jurado encabezado por un individuo que luego se exhibo descaradamente al lado de Pesquera y los líderes de la mafia terrorista, los cinco cubanos recibieron sentencias muy por encima de cualquier jurisprudencia.
El caso Hanssen, además de confirmar una vez más que los propios Estados Unidos se dedican a infiltrar los gobiernos que considera hostiles, lo que nadie considera ser una actividad criminal mientras se trata de proteger la seguridad de su país, también revela cómo al condenar un autentico espía, a pesar de lo desastroso de sus actividades, actúa con una sorprendente ponderación.
Enseña también el estatuto de presos políticos de los Cinco, quienes fueron detenidos, maltratados, chantajeados, acusados injustamente y condenados con una severidad extrema, no por espionaje, pero sí por defender la seguridad de su pueblo.

XII

DESDE MIAMI HASTA CARACAS

En un cable fechado en Miami, el 4 de septiembre 2002, la agencia de prensa internacional de España revela que "un capitán en retiro de la Guardia Nacional de Venezuela” hizo conocer “hoy miércoles en Miami, una alianza con un grupo de exiliados cubanos”.
El despacho precisa que el anuncio lo hizo “el militar Luis García Morales, en representación de la Junta Patriótica Venezolana”. Después de atacar al Gobierno del presidente Hugo Chávez, el individuo “ataviado con el uniforme de la Guardia Nacional de su país, en la sede del grupo de exiliados cubanos Comandos F-4”, precisó que su grupo “coordinará acciones de ahora en adelante” con el grupo terrorista miamense.
El Capitán en retiro, continúa la agencia, “dijo que otro de los fines de la alianza con Comandos F-4 es formar unidades de contingencia que estén preparadas para operaciones de rescate en Venezuela en caso de que se desate una crisis en ese país latinoamericano”.
Los Comandos F-4 tienen una amplia trayectoria de actividades contra Cuba, organizadas desde Miami.
El actual jefe de los Comandos F-4, Rodolfo Frómeta, es un veterano del mundo terrorista de Miami, con un potencial devastador indiscutible.
En 1981, mientras pertenecía a Alpha 66, fue enviado a Cuba para cumplir varias tareas criminales, como envenenar ganado, quemar cañaverales y destruir cítricos.
Hecho prisionero por las autoridades cubanas, fue encontrado culpable y condenado a diez años de reclusión.
En 1994, después de regresar a Miami, Frómeta fue de nuevo detenido con otros seis individuos, esta vez en el Golfo de México, por una patrulla de la Guardia Costera estadounidense. En la embarcación que ocupaba, se descubrieron 50 armas, 26 000 cartuchos y varios miles de dólares.
El personaje admitió espontáneamente que se dirigía, con sus hombres, hacia el territorio cubano para realizar ataques de carácter terrorista.
Sin embargo, y demostrando una vez más su tolerancia hacia las actividades terroristas en su territorio, en la medida que sean dirigidas contra Cuba, las autoridades norteamericanas no estimaron necesario acusar a Frómeta de crimen alguno, a pesar de su confesión y de sus amplios y muy bien documentados antecedentes en los círculos de la violencia política remunerada de Miami.
Así regresó tranquilamente a su domicilio miamense a proseguir sus actividades criminales.
En junio del mismo año, Rodolfo Frómeta es arrestado de nuevo, con otro veterano terrorista de Alpha 66, Fausto Marimon, mientras compraban un cohete antiaéreo Stinger, tres cohetes antitanques M-72, explosivos C-4 y un lanzagranadas. Un arsenal suficiente para causar unos daños desastrosos en ataques contra la Isla o en otros países.
Por suerte, el “vendedor” de estos armamentos era un investigador encubierto de la policía federal, quien, ¡por fin!, inculpó a Frómeta y su socio ante los tribunales.
Pero la impunidad, esta vez, se manifestó a través del juez, quien regaló a Frómeta 41 meses de cárcel. Una verdadera rebaja, pues el terrorista ya estaba de nuevo en la calle en septiembre de 1997, beneficiándose de una liberación temporal, bajo la condición de permanecer en Miami y de no andar con personas armadas.
¿Acaso estas condiciones iban a contrarrestar los planes de un profesional de la violencia? Horas después de su liberación, Frómeta estaba ya consultando sus viejas amistades..., entre las cuales figuran individuos bien conocidos, incluso famosos, de los círculos miamenses del terror.
Personajes como Roberto Martín Pérez, entonces responsable de las actividades de terrorismo en las altas esferas de la Fundación Nacional Cubano-Americana, el hombre que no sólo maneja el terrorismo, sino también inspira el terror a gran parte de la comunidad cubano-americana, y quien también fue detenido en Cuba después de una “invasión” fracasada. Hijo de uno de los torturadores más repugnantes del régimen dictatorial de Fulgencio Batista, torturador él mismo, es esposo de la furibunda alabardera de las ondas de Miami, Ninoska Lucrecia Pérez-Castellón, también hija de matón. Y como Guillermo Novo Sampoll, asesino del dirigente chileno Orlando.
Frómeta también se jactó, durante años, de ser “socio fuerte” de Lincoln Díaz-Balart, congresista cubano-americano. Una amistad terrorista que el político anexionista, cuyo padre fue jefe de La Rosa Blanca, evita mencionar en sus siempre violentos discursos contra Cuba.
En las semanas que siguen a su liberación, Frómeta termina asociándose a Miguel Rodríguez Heredia, un criminal radicado en la República Dominicana, con el propósito de realizar un “plan de infiltración” de Cuba por la provincia de Guantánamo, con lanchas rápidas y numerosas armas situadas en el territorio de Costa Rica.
Entretanto, Frómeta se había separado de Alpha 66, después de un conflicto con su “líder”, Nazario Sargen, para sumarse a los Comandos F-4, donde iba a ocupar el puesto de Jefe.
El 24 de agosto de 1999, el Diario de las Américas, de Miami, anunciaba con entusiasmo la “reactivación de las actividades” de los Comandos F-4 “al mando de Rodolfo Frómeta”, y la “destrucción” en territorio cubano de ómnibus, vagones de tren, almacenes de tabaco y... dos taxis.
El 12 de enero del 2001, Frómeta, de nuevo, anuncia en Miami, abiertamente, que se ha “destruido” otro número de tales “objetivos militares”.
En el juicio trucado de Los Cinco cubanos, Rodolfo Frómeta compareció, el 27 de marzo del 2001, y confesó, sin la menor preocupación, tanto sus actividades de entrenamiento militar con Alpha 66 y Comandos F-4, como los alijos de armas y explosivos en poder de ambos grupos e “incursiones” armadas desarrolladas contra Cuba.
La fiscalía amenazó a Rodolfo Frometa con encausarlo si testificaba en el juicio acogiéndose a la 5ta Enmienda, como lo había hecho con otros testigos. Sin embargo, no tomó luego la menor medida contra él a pesar de que reconoció las acciones terroristas que realizó contra Cuba.

XIII

CUANDO BUSH SE OLVIDA DE HABLAR DE TERRORISMO


A penas una semana después de confesar que sabía, ya antes del 11 de septiembre, que terroristas iban a golpear en territorio norteamericano usando aviones comerciales, el presidente George W. Bush abandonó repentinamente, el 20 de mayo 2002 en Miami, su retórica de los últimos ocho meses.
El inquilino de la Casa Blanca llegó a pronunciar en esa ciudad un discurso violentamente anticubano sin nunca pronunciar la palabra "terrorismo". Tenía un buen motivo: se encontraba totalmente rodeado de figuras eminentes del terrorismo miamense.
Alrededor de Bush estaban algunos de los más fieles patrocinadores del terrorismo de las cuatro últimas décadas contra Cuba y varios de los propios autores de atentados y asesinatos que propiciaron.
Sin pudor ninguno, los capos y sus matones continúan exhibiéndose públicamente, beneficiándose de una suerte de legitimidad demostrada, a la vez, por la infinita gratitud del Presidente hacia los que le dieron el poder sin ser electo, la presencia de 18 socios de la mafia de Miami en la Casa Blanca y la tolerancia benevolente otorgada por el FBI a sus grupos más extremistas en Miami.
Y ni con el Jefe del Estado norteamericano vieron la necesidad de hacer uso de una discreción elemental.
Vale la pena hacer un breve inventario de la fauna que lo aplaudió con efusión mientras recalentaba la vieja retórica anticubana con el fin de recaudar apoyos y, sobre todo, fondos para la reelección "democrática" de su hermano Jeb.
· A un metro del presidente se encontraba Sixto Reinaldo Aquit Manrique alias “El Chino”, condenado en 1955 a 5 años de prisión, 2 de prisión domiciliaria y 3 de libertad bajo palabra como autor de un acto terrorista en Miami. Aquit participó en 1992 en un plan de atentado contra el presidente cubano. En 1993, atacó el barco maltés Mykonos y realizó entrega de armamentos a terroristas, según el propio testimonio de dos residentes de Miami presos en Cuba después de una infiltración armada. Se encontraba con su compinche Eugenio Llameras Rondón. Ambos fueron del Ejercito Armado Secreto y de los Comandos L.
· En la primera fila se encontraban los jefes de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA), entonces la principal organización mafiosa cubanoamericana. Desde Jorge Mas Santos hasta Joe García, todos los elementos dirigentes del principal lobby anexionista-terrorista tuvieron la oportunidad de apretar la mano de Bush, hijo, y de su hermano Jeb. Es sabido que la FNCA aseguró desde hace décadas el financiamiento de Luis Posada Carriles, quien comparte con Orlando Bosch el título de terrorista más peligroso del hemisferio.
· A poca distancia de la tropa de la FNCA, se extasiaban con beatitud, los ex capos del ala más fanática de la FNCA, ahora supuestamente "disidentes", y reunidos en una organización bautizada pomposamente Consejo para la Libertad de Cuba (CLC). Se podía reconocer a los Ninoska Pérez-Castillón (vocero del grupo y promotora del apoyo a Luis Posada Carriles), su esposo Roberto Martín Pérez (terrorista e hijo de un celebre torturador batistiano), Alberto Hernández (ex presidente de la FNCA), Feliciano Foyo (a quien Posada Carriles nombró su "financiero"), Elpidio Núñez, Diego Rolando Suárez Muñoz, Felipe Vals Brau, y Horacio García que Pesquera identificara más tarde como su socio e informante. Muchos de ellos fueron signatarios de un llamamiento terrorista, cínicamente publicado por el Miami Herald en agosto del 2001, en el cual se afirmaba fríamente que todos los medios, tan violentos como fuesen, son admisibles para un cambio de gobierno en la Isla. El
documento fue también firmado por Orlando Bosch, el líder terrorista miamense, cómplice de Luis Posada Carriles y defensor del principio según el cual en toda confrontación es "normal" que mueran inocentes.
· El operativo de la CIA Félix Rodríguez Mendigutía, quien ordenó en Bolivia, en 1967, la ejecución de Ernesto ‘Che' Guevara. Rodríguez, uno de los ladrones del Watergate, fue jefe de la operación de narcotráfico que permitió, desde la base de Ilopango en El Salvador, financiar la compra de armas para la contra nicaragüense con la venta de cocaína en territorio norteamericano. Socio de George Bush, padre, y de Otto Reich, quienes cubrieron a fuerza de mentiras sus actividades, el personaje fue vinculado a las actividades terroristas de la organización secreta Omega-7, autor de varios atentados y asesinatos.
· Huber Matos, jefe de Cuba Democrática Independiente, quien se "distinguió", entre otras cosas, en la guerra sucia de Nicaragua mientras su hijo traficaba drogas en esa misma región.
· Armando Pérez Roura, dinosaurio batistiano, miembro de Alpha 66, jefe del grupo terrorista Unidad Cubana, alentador de varias actividades criminales en Miami, locutor histérico de una radio terrorista bien conocida. Alpha 66, dirigida entonces por el ahora difunto Nazario Sargent, fomentó y organizó en el transcurso de los años una larga serie de incursiones terroristas en la Isla.
· Invitados terroristas "especiales" en el evento, los asesinos Dionisio “Charco de Sangre” Suárez Esquivel y Virgilio Paz Romero, tuvieron el placer de agradecer personalmente a su benefactor George W. Bush que les puso en libertad, el 14 de agosto del 2001 (justo antes de los atentados del 11 de septiembre). Se encontraban encarcelados por el asesinato del embajador chileno Orlando Letelier y de su ayudante Ronni Moffit, en plena calle de Washington. Un crimen horroroso denunciado en el mundo entero, salvo en Miami.
· También fueron identificados Roberto Rodríguez de Aragón, de la Junta Patriótica Cubana, padrino de varios actos violentos.
· Bush tuvo por fin la oportunidad de felicitar a los secuestradores del niño Elián González, pues se encontraban entre sus admiradores los tíos Delfín y Lázaro González y la delirante prima Marisleysis.
La fraternidad de Bush y de tales personajes en la capital de la república bananera de Miami, por cierto, no parece sorprender a nadie en Estados Unidos, aún menos a la "gran prensa", que se niega a tocar este tema, al parecer demasiado caliente. Esa misma prensa que no se atreve a preguntarse cómo un asesino de la talla de Orlando Bosch, criminal internacional, autor de un sinnúmero de atentados a despecho de los informes oficiales que lo caracterizaban como reconocido terrorista, haya sido admitido en la llamada tierra de la libertad por el padre del actual presidente, en agradecimiento por las obras sucias que desempeñó por cuenta de la CIA.
En Miami, teatro de todas las histerias anticubanas, todo es permitido a los terroristas cubano-americanos, sin más matices. Y esta espectacular bendición presidencial del 20 de mayo sólo vinó a confirmar a la mafia y sus cómplices, Hector Pesquera incluido, su siniestro privilegio.
El chantaje y el dominio del hampa batistiano estrangulan a Miami. Y ningún sector de su administración escapa a los tentáculos de la camarilla. Aún menos la policía federal, cuyo papel demuestra, mejor que cualquier otro ejemplo, la potencia de la mafia en su territorio. Los ejemplos sobran.
El FBI, que defendió públicamente su letargo hacia los grupúsculos terroristas tales como Alpha 66, al pretender mantenerlos controlados gracias a una red de informantes, no puede haber ignorado la procedencia de las bombas que estallaron en La Habana en 1997.
Como si no fuera suficiente, en las mismas horas que se desarrollaba el bochornoso espectáculo anticubano de Miami, frente a las "eminencias" de la fauna terrorista local, el 20 de mayo 2002, George Bush, el hijo, y sus asesores vinculados a esta misma camarilla, pusieron a Cuba en su lista de siete presuntos países... terroristas.
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En 1992, la FNCA se crea una estructura clandestina denominada ‘Comisión de Seguridad' o ‘Grupo Paramilitar' secretamente encargada de preparar y ejecutar acciones terroristas. El grupo sera presidido por distintos directivos como Alberto Hernandez, Roberto Martín Pérez, Francisco José Hernández… Luis Zuñiga Rey y Horacio García
En 1993, el guatemalteco residente en Cuba Percy Francisco Alvarado Godoy es reclutado por Zuñiga Rey y Alfredo Domingo, en un viaje que realiza a Miami, para la eventual realización de acciones terroristas. A finales de 1994, Horacio García y otros directivos le solicitan que introdujera en la Isla artefactos explosivos, sufragándole un viaje a Guatemala donde esta entrenado y abastecido por los terroristas internacionales Luis Posada Carriles y Gaspar Jiménez Escobedo..
Posada y Jiménez le entregan 900 gramos de explosivos de tipo C-4, detonadores y relojes para activar el mecanismo. Se le orienta colocar la carga en el Cabaret Tropicana, en hoteles de La Habana y de Varadero.
Percy Francisco Alvarado Godoy era entonces el agente ‘Frayle' de la Seguridad de Estado cubana y el plan criminal de Rey y García y sus cómplices nunca se realizó.
Según un informe de Enrique Bernales Ballesteros, relator especial de la las propias Naciones Unidas, Zuñiga estuvo directamente involucrado en la campaña terrorista realizada en Cuba, en 1997, por mercenarios contratados por Luis Posada Carriles.
A pesar de su pasado criminal, Zuñiga ocupó durante unos años un escaño en la delegación de Nicaragua ante la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra a nombre de la FNCA además de dirigir las actividades de esta organización extremista en Madrid.
Llegó luego a ser designado por George W. Bush como… ¡miembro de la delegación de Estados Unidos a la reunión anual de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU!
Rey y García abandonaron la FNCA en el verano del 2001 en el curso de una muy sospechosa pelea con Jorge "El Niño" Mas Santos, unos días antes del 11 de septiembre, con sus socios Alberto Hernández, Roberto Martín Pérez y Ninoska Pérez-Castellón, para crear el Cuban Liberty Council (CLC) con otros ex directores de la Fundación.
El 10 de Octubre del 2001, Zúñiga reclutó a Mel Martínez, hoy senador, quien fue secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano de la Administración de George W. Bush, para participar como "invitado especial" a la Conferencia de prensa presentada para anunciar públicamente la fundación del CLC, en el Hotel Biltmore de Coral Gables.
Después de esta actividad pública, el conjunto de los fundadores subieron al piso nueve del inmueble, escoltados por agentes del Servicio Secreto de Estados Unidos, para almorzar y mafiar tranquilos.
Entre los capos del CLC reunidos con el entonces Secretario federal de Vivienda y Desarrollo Urbano se encontraban:
• Alberto Hernández (quien fue sucesor de Jorge Mas Canosa en la FNCA) cuyos vínculos con los terroristas internacionales Luis Posada Carriles y Gaspar Jiménez Escobedo, son bien conocidos en Miami.
• Ninoska Lucrecia Pérez Castellón, esposa del terrorista Roberto Martín Pérez, apoya abiertamente al terrorismo en su programa de la radio mafiosa miamense.
• Feliciano M. Foyo, ex Tesorero de la FNCA, financiero de Luis Posada Carriles cuando ocurrieron los atentados terroristas a instalaciones turísticas cubanas en 1997
• Elpidio Nuñez, vinculado a las redes de los terroristas internacionales Posada Carriles y Orlando Bosch
• José Antonio Llamas, figura públicamente vinculada por el FBI con acciones terroristas.
• El abogado Ignacio Sánchez, asesor de los 'servicios especiales' de la ronería Bacardí.
El 10 de octubre del 2002, cuando el CLC decide celebrar su primer año de existencia con un banquete en el Hotel Renaissance de Biscayne Bay, Zúñiga y Pérez-Castellón invitan de nuevo a su socio Mel Martínez de conferencista e invitado de honor.
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El 20 de mayo del 2003, el Presidente norteamericano George W. Bush, invitaba a la Casa Blanca a once miembros de la extrema derecha cubanoamericana de la Florida del Sur. Entre ellos se encontraban Ernesto Díaz Rodríguez así como su socio Eusebio de Jesús Peñalver Mazorra, arrestado el 12 de diciembre de 1995, en California, con un arsenal, cuando participaba en preparativos para realizar un ataque terrorista en Cuba y otro connotado terrorista, Ángel Francisco D'fana Serrano.
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El viernes 10 de octubre del 2003, en el Rose Garden de la Casa Blanca, el presidente George W. Bush acompañado por su secretario de Estado, Colin Powell, ofreció un cóctel en el Jardín de la Rosa (el Rose Garden) de la Casa Blanca, para los que pretenden representar a la comunidad cubano-americana de EE.UU. Abrasó ante las cámaras de televisión, con efusión, a Luis Zúñiga Rey bajo la mirada maravillada de Ninoska Lucrecia Pérez-Castellón, esposa de Roberto Martín Pérez.
Había que ver cómo, la diva de la radio terrorista miamense, se alzaba sobre la punta de los pies para mostrar una sonrisa desde la segunda fila de los devotos, al mendigar una mirada al Presidente “W”, quien reservaba su atención a los “gordos”.
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El 2 de junio del 2005, el presidente norteamericano dirigía una carta de agradecimiento por su "apoyo" a la organización terrorista anticubana Alpha 66, en la cual decía que "apreciaba conocer" las ideas del grupo paramilitar.

XIV

“Era en los días de carnaval…”


La tolerancia de Pesquera hizo que elementos terroristas cubanoamericanos bien fichados de Miami tales como Gaspar Jiménez, prófugo de la justicia mexicana por asesinato, pudieran reaparecer en Panamá con varios kilos de explosivos, dispuestos a hacer estallar un anfiteatro…
“Era en los días de julio, en los días de carnaval…” se recuerda Lisset Díaz, sentada en una butaca de la sala de su apartamento de Habana del Este. En su mirada se ve lo difícil que sigue para ella, aunque los eventos remontan ya a casi tres décadas, recordarse aquellos momentos. Este día 24 de julio de 1976, Lisset tiene solo 8 añitos y va enterarse de la muerte de su papá, asesinado en México por el terrorista miamense Gaspar Jiménez Escobedo y dos cómplices.
Cuenta: “Mi papa debía regresar a Cuba dos días más tarde después de cinco años en México y venía a recogernos, a mi mamá y a mí, que era la más pequeña… Estábamos en los carnavales, en el barrio, bailando… cuando se acercaron amigos de mi papá. Yo al verlos, inmediatamente les dije: ‘¡Llego mi papá! ¡Llego mi papá!' Me dijeron: ‘¿Dónde esta tu mamá?' Mi mamá estaba sentada con unos vecinos. Se acercaron a ella, le dijeron algo de la noticia pero no de la crueldad de los hechos y venimos por la casa…”
“Recuerdo que hasta yo venía por ahí y simulaba que hubiese alguien en la ventana y yo decía: ‘¡Ahí esta mi papá!' Al llegar, nos metieron a los niños en el primer apartamento, la casa de una vecina que es sicóloga…”
Pero a los niños no se pudo esconder mucho tiempo la terrible noticia.
“Vinieron todas las personas por acá… y en este momento me recuerdo que oí todo el escándalo, la gritería, los llantos —me recuerdo cómo, por la madrugada, el vecinito de al lado que era tan pequeño como yo, le comentaron de algo, y fue él que me lo dijo… Me recuerdo que me quedé dormida de tanto llorar hasta que el otro día amanecimos y que nos reunieron para darnos la noticia…”
Este fatídico 23 de julio de 1976, Daniel Ferrer, el cónsul de Cuba en Mérida, en el estado mexicano de Quintana Roo, sale de su oficina sobre las 4 de la tarde para ayudar al técnico de la industria pesquera Artaigñan Díaz Díaz a resolver un problema mecánico que tiene con su vehículo.
Los dos hombres se dirigen, en el Dodge color miel de la representación diplomática, hacia una cantina de la calle 54-A donde debe encontrarse un amigo del cónsul quien sabrá solucionar tal problema.
Ahí va suceder lo irreparable.
En el momento donde los dos hombres salen de su vehículo, aparece repentinamente otro carro del cual salen dos individuos armados de pistolas que, en cuestión de segundos, están detrás de Ferrer y Díaz, apuntando sus armas.
El cónsul, quien ya ha sobrevivido a varias amenazas y un atentado con bomba, reacciona instintivamente, empuja fuertemente uno de los asaltantes y penetra en la cantina empujando sillas y mesas para alertar las personas presentes y desorientar a los matones.
En el mismo instante, Jiménez habré el fuego y una, dos y tres veces alcanza, a quema ropa, Artaigñan Díaz Díaz, quien se cae al suelo de todo su largo. Uno de los proyectiles lo alcanzo en plena cara mientras los dos otros alcanzaron órganos vitales.
Su muerte es instantánea.
Los dos matones, Gaspar Jiménez y Orestes Ruiz, saltan en el carro que les espera con un cómplice al timón y desaparecen precipitadamente.
A las 5:30 de la tarde del mismo día, los asesinos serán ubicados en el aeropuerto de Mérida por la policía mexicana cuando Orestes Ruiz devuelve el carro de alquiler que utilizaban. Será arrestado mientras, dando se cuenta de la presencia policial, Jiménez y… llegan a huir.
Jiménez no enfrentara la justicia mexicana hasta abril 1981 cuando esta, por fin, extraditado de Estados Unidos donde había logrado regresar… para luego seguir cometiendo varios crímenes tanto en Estados Unidos que en varios países de América latina.
El nombre del terrorista aparece entonces en un informe del FBI sobre las actividades anticubanas en Estados Unidos, titulado Survey of Anti-Castro Cuban Terrorist Activities in the United States, donde se lo señala cómo una de las principales figuras del terrorismo miamense.
Increíblemente, mientras lo buscan las autoridades mexicanas, a menos de dos meses del crimen de Mérida, Jiménez viaja hasta Buenos Aires donde dirige, el 8 de septiembre de 1976, la tortura y la ejecución de dos funcionarios cubanos —Crecencio Galañena Hernández y Jesús Cejas Arias—cuyos cadáveres son lanzados en los cimientos de un edificio en construcción.
También confesara más tarde al agente cubano Pedro Escalona, infiltrado en la mafia miamense, que había participado, ¡en este mismo periodo!, en la destrucción en pleno vuelo de un aparato de Cubana de Aviación que provoca la muerte de 73 personas, en 1976.
Condenado por el asesinato de Artaigñan Díaz Díaz, Jiménez fue encarcelado en la prisión de Chetumal, Quintana Roo, pero la mafia de Miami logró comprar su liberación. En mayo de 1983, a penas 27 meses después de su detención, Gaspar Jiménez Escobedo recuperaba su libertad… y retomaba sus actividades criminales.
Reaparece entonces en la dirección de la Fundación Nacional Cubano Americana, bajo la protección de Alberto Hernández, uno de los capos que atienden las actividades terroristas. Ahí esta en contacto permanente con Luis Posada Carriles, Pedro Remón y Guillermo Novo Sampoll con los cuales monta operaciones terroristas en varias oportunidades.
Sin embargo, para la familia de Artaigñan Díaz Díaz, la sorpresa fue grande de ver reaparecer el asesino de Mérida cuando este está arrestado en Panamá, en noviembre del 2000 junto a sus tres viejos cómplices cuando preparan el atentado que hubiera reducido en polvo el anfiteatro de la universidad capitalina donde Fidel iba a hablar frente a miles de personas.
Resurgieron aquellas imágenes de 1976.
Lisset Díaz se emociona una vez más al recordarse de la llegada en tierra cubana de los restos de su padre: “Recuerdo que cuando lo trajeron, una tía mía hermana de mi papá decía; “Esta destrozado… esta destrozado”.
“Es un recuerdo que no se borra, es una perdida que duele mucho y que conmueve, cada vez que se toca el tema…” subraya la joven madre de familia.
“Mi mamá tenía la edad que hoy tengo…37 años… nos criamos nosotros tres… La muerte de mi padre ha traído tantas consecuencias que hoy mi mamá es una persona delicadísima de salud…”
“A raíz de los hechos, le apareció una diabetes emotiva, una enfermedad que es terrible, que va degradando la persona lentamente a tal punto que es una persona con insuficiencia renal crónica, que perdió la audición, pierde la vista, en fin… esta enfermedad afecta todo…”
Mientras siguen encarcelados en Panamá los cuatro sospechosos en espera de su juicio y que la prensa reporta los acontecimientos, resurgen las mismas interrogaciones.
“Uno se conmueve, ¿no? Hay una cierta indolencia… porque es evidente que son individuos que han participado en asesinatos de numerosas personas… incluso él de mi padre… Entonces hay veces que nosotros decimos: ¿Hasta cuando? ¿Cuándo se podrá hacer justicia? ¿Cuándo podremos descansar?”
“Creo que descansaremos el dìa que por fin tuviéramos la noticia de que fueron juzgados y que por fin se da justicia…”

XV

tratos crueles, inhumanos y degradantes


Ese fatídico 12 de septiembre, después de realizado su arresto bajo la estrecha supervisión de Pesquera, los cubanos detenidos fueron conducidos al cuartel general del FBI en Miami donde el primer interrogatorio estuvo ya marcado por el engaño, el chantaje y las promesas para socavar su voluntad con el uso de las técnicas más sofisticadas de interrogatorio de que dispone la policía política federal estadounidense.
Ante el fracaso de sus habituales métodos de intimidación, los investigadores llevaron a los cinco al Federal Detention Center de Miami, en el centro de la ciudad, para ubicarlos inmediatamente en las celdas especiales de confinamiento del piso 13, en detención solitaria absoluta.
Derechos del detenido, normas de detención y presunción de inocencia, todos los principios de la justicia más elemental fueron ignorados en contra de los cinco, todos sin el más mínimo antecedente judicial en ese país.
El 14 de septiembre, 48 horas después de su arresto, sin haber podido tener acceso a condiciones elementales de higiene, los detenidos fueron fotografiados. Las fotos fueron entregadas a la prensa con el propósito obvio de presentar al público “la imagen de peligrosos criminales”.
Quince días más tarde, sin motivo ninguno, los cinco detenidos son conducidos a las celdas de castigo del Special Housing Unit, un eufemismo para la sección de castigo llamada el “Hueco” donde permanecieron encerrados, en condiciones infrahumanas, durante los siguientes 17 (diecisiete) meses.
Las condiciones de detención, de extrema severidad, fueron concebidas por el sistema penal norteamericano para presos recalcitrantes: 23 horas del día de reclusión en la celda con una sola hora diaria de “salida”, de lunes a viernes: los sábado y domingo, los cinco pasaban las 24 horas en la celda.
La descripción de las celdas en el “hueco” del FDC de Miami lo dice todo: con menos de 3 metros de largo por 2 de ancho, piso de cemento mal acabado, cama de metal, colcha, meseta y asiento de concreto, sin respaldo, inodoro metálico, lavamanos metálico, una plancha de metal rectangular que sirve de espejo, un pequeño baño interior con ducha metálica donde abunda el moho y la humedad. Allí estuvieron hasta el 3 de febrero del 2000. Según el reglamento, el tiempo máximo para mantener a un detenido en estas condiciones es de 60 días... en los casos de indisciplina caracterizada con graves actos de violencia.
Mientras tanto, en su jaula “especial”, los detenidos tienen que
moverse esposados, con las manos a las espaldas y las visitas con sus abogados se realizan separados por un espeso cristal que hace imposible revisar documentos y dificulta al máximo la preparación del proceso legal.
En una carta fechada del 10 de marzo de 1999 y dirigida a la fiscal Caroline Heck-Miller, el abogado de Fernando le reitera las pésimas condiciones de confinamiento e insiste en denunciar que “el acusado come, se baña, hace sus necesidades en la celda, no habla con nadie excepto con su abogado subscrito, o con un guardia ocasional; no ha salido de su celda por más de 45 minutos desde su arresto, excepto cuando fue llevado a la Corte”.
El 3 de mayo de 1999, ocurre una escena particularmente cruel: René González, esposado y encadenado a una silla y bajo la vigilancia de dos agentes del FBI, recibe la visita de su pequeña hija Ivette.
El 16, ante el rechazo de René a la propuesta de colaboración con el gobierno norteamericano, el FBI de Pesquera detiene a su esposa y la somete a un proceso de deportación. Un acto más de chantaje que se concluirá el 21 de noviembre del 2000 cuando es deportada a Cuba después de haber sido sometida a un penoso proceso de inmigración.
El 26 de junio del 2001, después del veredicto, los cinco son conducidos nuevamente al "hueco" en represalia por la redacción de un comunicado al pueblo norteamericano, y coincidiendo con la visita del Fiscal General en Miami.
Son despojados de todas sus pertenencias personales, incluyendo cartas, fotos, poemas, una máquina de escribir, y hasta el más pequeño pedazo de lápiz. Las cartas de protesta de los abogados terminan en el cesto de basura de Caroline Heck Miller.
El 28 de junio, un funcionario federal visita a Gerardo Hernández y le dice que la medida de regresarlos al “hueco” ha sido aplicada por “cuestiones de seguridad”, bajo la consideración de que, con la publicidad dada al proceso judicial, podrían “tener problemas” con el resto de la población penal. Pretexto totalmente absurdo que nunca se demostró, de ninguna forma, en los contactos que los cinco tuvieron con otros detenidos a lo largo de sus casi cinco años de encarcelamiento.
El 12 de julio, Pesquera participa sin que nadie vea o denuncie lo grotesco de tal situación en un agasajo ofrecido por la Fundación Nacional Cubano-Americana a los directivos del FBI que estuvieron involucrados en el caso de los cinco.
El 13 y 14 de agosto salen del “hueco” y se designa a los cinco nuevas celdas en pisos
y en alas diferentes del FDC, separándoles en un nuevo intento por quebrar su moral. Antonio es ubicado en el ala Este del piso 11; Ramón, en el piso 10, ala Oeste; Fernando, en la celda del ala Este del piso 9;
René en el ala Este del piso 8, y Gerardo en el piso 7.
El 5 de diciembre, a unas horas de las vistas de sentencia, casi tres años después del arresto de los cinco, las madres de Gerardo, Fernando, Antonio y René reciben visas para viajar a EE.UU., pero la visa de Elizabeth, esposa de Ramón, es demorada sin explicaciones. Después de recibir sentencias que violan toda jurisprudencia, los cinco siguen siendo objeto de persecuciones de parte de las autoridades carcelarias, inspiradas por el FBI, la Fiscalía y la propia Casa Blanca.
El 5 de febrero del 2002, se sabe por un cable de la agencia francesa AFP que, según declaraciones de Patricia Ward, portavoz del FDC de Miami, los cinco serían trasladados a cinco cárceles distintas en cinco lugares, lejísimos los unos de los otros.
Gerardo irá a Lompoc, California; Ramón a Beaumont, Texas; Antonio a Florence, Colorado; René a Loretto, Pennsylvania, y Fernando a Waseca, Minnesota.
Después de estancias iniciales en los varios “huecos” de sus
respectivos centros de detención, siguen resistiendo, adaptándose a las distintas condiciones de encarcelamiento, luchando para mantener comunicaciones, tanto con sus respectivas familias, sus defensores y la representación cubana en Washington, con todas las dificultades que provocan las enormes distancias.
El 28 de febrero del 2003, mientras preparan su apelación ante la corte de Atlanta, Gerardo, Ramón y René son enviados a celdas de castigo en confinamiento solitario, totalmente incomunicados, sin acceso ninguno ni a sus familiares ni a sus abogados, a escasos días de la presentación de su informe de apelación.
Días después, Fernando y Antonio son también bajados
al "hueco", totalmente incomunicados, incluso de sus abogados.
El 5 de marzo del 2003, se conoce por parte de funcionarios de la prisión de Lompoc que en el caso de Gerardo las visitas de sus abogados o de los cónsules deben previamente ser comunicadas a Caroline Heck Miller, de la Fiscalía de Miami, o con un oficial del FBI del área de Los Ángeles.
¿Quién dio la directiva de secuestrar a Los Cinco en los "huecos" de su respectivas cárceles, repentinamente, a unas pocas semanas de la presentación de sus apelaciones cuando, más que nunca, tenían que consultar con sus abogados? "La orden vino de Washington", reveló el abogado norteamericano Leonard Weinglass, en conferencia de prensa en La Habana.
"No sabemos, desde afuera, cuáles son las discusiones internas —contestó Weinglass—, pero cuando castigaron injustamente a Los Cinco poniéndolos en el hueco, las autoridades carcelarias vinieron a verme y me dijeron: ‘Nosotros no queríamos esto… No han hecho nada malo… La orden vino de Washington'. Esto es lo que sabemos."
El 12 de marzo del 2003, los abogados presentan ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de la Florida una moción urgente para que se ponga fin inmediatamente al confinamiento en solitario impuesto arbitrariamente contra sus clientes.
La Moción subraya que la medida impuesta contra los acusados les impide toda comunicación con sus abogados defensores, incluso mediante el teléfono, y fue tomada por el Gobierno con plena conciencia de que esa comunicación es indispensable para preparar los documentos de apelación, que claramente obstruye el proceso legal, desconoce los derechos de los acusados y sus defensores y viola la Constitución de Estados Unidos.
El 14 de marzo, la fiscal Caroline Heck Miller afirma al abogado Leonard Weinglass que el Fiscal General ha autorizado lo que llama Medidas Administrativas Especiales el 24 de febrero, en contra de Los Cinco, y que estas estarían en vigor por un año, pudiendo ser extendidas por un período adicional.
Sin embargo, el 28 de marzo, las autoridades norteamericanas
restablecieron de nuevo a los cubanos en la población penal, sin
explicar las razones de estas medidas especiales.
La manipulación de las solicitudes de visas y de las visitas de familiares constituye uno de los instrumentos más crueles usados por el Departamento de Estado para acabar con la resistencia de los cinco cubanos.
Adriana Pérez y Olga Salanueva, esposas de Gerardo Hernández Nordelo y René González respectivamente, nunca han sido autorizadas a visitar a sus maridos desde ya numerosos años, en violación de todos los instrumentos internacionales de derechos humanos, y de la propia legislación norteamericana.
El 29 marzo del 2002, Olga Salanueva recibió una visa para visitar a su marido René Gonzalez. El 23 de abril, la visa está revocada bajo pretexto que Olga pueda ser “vinculada a actividades terroristas” —cuando se detiene a su marido por haber infiltrado grupos predicando el terrorismo.
El 25 de julio del 2002, la esposa de Gerardo, Adriana, fue retenida por más de 10 horas en el aeropuerto de Houston, cuando viajaba, con visa, para visitar a su esposo; los esbirros del FBI la interrogan intensamente, le toman las huellas dactilares y la expulsan. Nunca más será autorizada a viajar a los Estados Unidos.
A partir de junio de 2003, se elimina progresivamente la posibilidad de que los funcionarios consulares cubanos acompañen a los familiares de los Cinco durante sus visitas a las distintas prisiones. Se impone luego la condición que los diplomáticos no pueden permanecer durante los fines de semana con los familiares y que tenían que regresar a Washington.
Desde unos meses, en absoluta violación de la Convención de Viena, las visitas consulares sólo son autorizadas una vez por trimestre por decisión del Departamento de Estado que sigue multiplicando las trabas a las solicitudes de visas de parte de los familiares que se autorizan después de largos meses de tramites y de plazos impuestos deliberadamente por el Departamento de Estado.
Olga y Adriana se han visto ordenadas de no solicitar otra visa antes de un año. La pequeña Ivette, de seis años de edad, no ha visto su padre desde casi seis años.

XVI

CANDIDATO A LA JEFATURA DE LA POLICÍA DE MIAMI

La escena parece ser extraída de una película de tercera categoría: Héctor Pesquera, en el papel del "incorruptible" Jefe del FBI de South Florida, realizando una visita amistosa al Jefe de la Policía de Miami, en compañía de Camilo Padreda, el crápula número uno de la especulación inmobiliaria miamense, amigo de todos los mafiosos —particularmente cuando son republicanos y narcotraficantes— el hombre que Raúl Martínez, el alcalde de Hialeah, califica públicamente de "saco de basura".
Quien la describe es un reportero del Miami New Times, la publicación miamense más creíble, cuyas investigaciones hacen temblar a cada personaje de la oligarquía local. Bajo el titulo Meet Camilo Padreda, dynamic businessman, faithful Republican, patron of law enforcement, convicted felon (Conozca a Camilo Padreda, dinámico negociante, patrocinador de la policía, criminal con antecedentes), el reportero Tristram Korten cuenta cómo Padreda acaba de perder su mejor contacto en la policía local, con la renuncia forzada de su gran amigo, el jefe Raúl Martínez (sin lazo de parentesco con su homónimo) y menciona, en medio de este amplio retrato del personaje, la linda amistad que une al bandido-negociante con el Jefe de la Policía federal.
Para entender lo sabroso de esta historia policíaca descomunal, por lo menos fuera de Hollywood, hay que saber quién es Camilo Padreda.
Aquí, en unos párrafos, su edificante currículum.
Con el triunfo de la Revolución Cubana, en 1959, Camilo Padreda, quien desempeñaba activamente su labor de agente de la policía del dictador Fulgencio Batista, como miembro del Buró de Represión de Actividades Comunistas (el siniestro BRAC, criatura de la CIA de Allan Dulles), huye a Florida.
Ahí se convierte en especulador profesional del mercado financiero e inmobiliario y pronto aprende que las mejores oportunidades se consiguen al lado de los políticos corruptos.
Al final de los años 70, Padreda se hace socio de Guillermo Hernández Cartaya, un veterano de Bahía de Cochinos, en el Jefferson Savings & Loan de Texas.Hernández Cartaya, fundador de World Financial Services, se "distinguió" entonces por su eficiencia en el lavado del dinero del narcotráfico y en el financiamiento del CORU, coalición terrorista creada por Orlando Bosch, bajo órdenes de George Bush. En 1982, Padreda y Hernández Cartaya son acusados por un jurado federal del robo de más de 500 000 dólares del Jefferson S&L, de lavado de dinero y tráfico de drogas y armas.
Milagro: la CIA interviene en el caso y éste… se convierte en simple cargo de evasión fiscal. El procurador encargado de aquella causa, Jerome Sanford, se escandalizó tanto que exigió oficialmente de la CIA todos los documentos vinculados al asunto. La CIA se lo niega rotundamente.
En el año 1985, Camilo Padreda se "recicla" vinculándose a Miguel Recarey, presidente de la International Medical Centers (IMC). Recarey tiene la particularidad de andar Miami con una ametralladora de nueve milímetros y vive en una mansión convertida en un arsenal repleto de AR-15 y de Uzi, y con ventanas a prueba de balas y de acero.Este próspero financiero cubano-americano tiene el respaldo del mafioso Santos Traficante, ex rey de la mafia habanera con Meyer Lansky.
El IMC es entonces la empresa del mundo de la salud comercializada de más rápido crecimiento en todo el país y recibe de Medicare más de 30 millones de dólares al mes.
Padreda consigue que el IMC instale su sede central en uno de sus inmuebles, construido con fondos del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD), agencia federal corrupta por encima de las normas.
En 1989, "explota" su conexión con el HUD y Padreda se ve obligado a declararse culpable de haber defraudado a aquel Departamento por varios millones de dólares.
Recarey, por su parte, abandonó el país. Este amigo íntimo de Jeb Bush y de Camilo Padreda sigue hoy entre los prófugos más buscados por el FBI, por el fraude más espectacular que nunca sufrió el Medicare.
Cuando el periodista del Miami New Times interroga a Padreda acerca de Héctor Pesquera, éste contesta simplemente que el Jefe del FBI de South Florida "is a good friend" ("es un buen amigo").
Pesquera será más prudente. Cuando se le solicita, se negará a otorgar una entrevista al reportero. Simplemente. Sin dar explicaciones.
Pero uno no debe sorprenderse de una amistad tan tierna: Paul Phillip, el predecesor de Pesquera, era también un "muy buen amigo", precisa Padreda, quien —no hay duda— es el amigo de todos: aparecen luego en la lista de sus "amistades" el Jefe local de la Drug Enforcement Agency (la DEA, Agencia antidroga) y "Raúl", el ex jefe del Departamento de Policía. ¡Estamos en Miami!
Bueno, nadie es perfecto: Padreda tiene también enemigos. El alcalde de Hialeah, por ejemplo, Raúl Martínez, que bastante sufrió cuando, diez años atrás, en otro caso de corrupción, Padreda admitió haber llevado a cabo esquemas de soborno y extorsión y afirmó haberle pagado una generosa "comisión".
"Camilo es nada más que un saco de basura —afirma el político—. No puedo entender cómo alguien vinculado a la aplicación de la ley pueda tener algo que ver con él".
Lo cierto es que aquel "saco de basura" llegó a tener un verdadero poder personal en el Departamento de Policía al llegar Raúl Martínez (¡el otro!) al puesto de Jefe. "La broma era que él dirigía el Departamento. La verdad es que no era una broma", comentó un oficial al reportero de Miami New Times.
De hecho "la broma" llegó hasta el punto donde Martínez encargó a Padreda la organización del "Congreso Hemisférico de los Jefes de Policía", que tuvo lugar en Miami en octubre del 2000.
Así es como Padreda aparece en la oficina del Jefe de Policía donde ya se encuentra Maurice Ferré, entonces candidato a la alcaldía, quien ya había anunciado que deseaba, si fuera electo, designar un nuevo Jefe del controvertido departamento. Cuenta Ferré que Padreda explicó esta extraña visita de la siguiente forma: "Mira, Pesquera y yo somos los mejores amigos y por eso yo lo he traído aquí para visitar al Jefe".
Según el Miami New Times, se comentaba en aquel momento, en los pasillos del departamento, que Pesquera contemplaba la posibilidad de presentar su candidatura al puesto de Martínez.
Ante el sentido particular de la ética, el concepto de la justicia, las frecuentaciones extrañas, las amistades eclécticas y el conjunto del elocuente historial de Héctor Pesquera, uno no tiene otro remedio que hacerse, acerca del "Agente Especial", esta pregunta algo ingenua: ¿Acaso el responsable del espectacular arresto de Los Cinco "espías cubanos", y luego de su juicio trucado, será simplemente un policía corrupto al servicio del terrorismo cubano-americano?
La salida de Pesquera del FBI, en diciembre 2003, fue seguida por otra fiesta mafiosa: una cena de despedida a la que asistieron “más de 200 personas”, según la prensa miamense. La lista de aquellas amistades nunca se publicó.

XVII

POSADA Y EL FBI


En 1992, el FBI dejó en libertad a Luís Posada Carriles cuando se encontró reunido con dos de sus investigadores en la representación diplomática norteamericana en Honduras, a pesar de que era un connotado terrorista internacional, fichado como tal por los propios servicios estadounidenses, y autor de varios intentos de asesinatos contra el presidente de Cuba. Y cuando era evidente, con tales antecedentes, que iba de nuevo a tratar de atentar contra la vida del Jefe de la Revolución Cubana.
Cuando el FBI, por el intermedio de la Embajada norteamericana en Panamá, ha entregado a la justicia istmeña el expediente de los antecedentes de Luis Posada Carriles, el más potente cuerpo policiaco del imperio se quedó con la memoria en blanco. En este minúsculo historial de las actividades criminales del terrorista internacional, no insertó ni una sola línea sobre un encuentro que tuvo lugar el 7 de febrero de 1992, desde las 9 de la mañana hasta las 4 de la tarde, en el local número 426 de la Embajada norteamericana de Tegucigalpa.
Este día, dos agentes del cuerpo de policía federal norteamericano han interrogado y escuchado a Posada, con una infinita paciencia, este hombre expresándose con mucha dificultad, resultado del atentado que había sufrido, el 26 de febrero de 1990 en Guatemala cuando fue atacado por desconocidos en plena calle. Dos tiros lo alcanzaron entonces mientras andaba en su Suzuki de color negro, uno de ellos impactándole en la mandíbula y seccionándole la lengua. Posada actuaba entonces de ayudante de seguridad del presidente de Guatemala, Vinicio Cerezo, un trabajo mercenario que había realizado en otras oportunidades en El Salvador y en Venezuela, antes de ser encarcelado durante varios años en este último país por el derribo de un avión de Cubana de Aviación ocurrido en 1976.
Una investigación publicada en 1996 por el investigador norteamericano Robert Parry —un reportero disidente con Associated Press, Newsweek y la cadena televisiva PBS— cuatro años antes del arresto de Luis Posada Carriles y de sus cómplices en el intento de magnicidio de Panamá, revelaba por primera vez, gracias a documentos desclasificados, cómo Posada entonces ofreció a los dos especialistas del FBI varios elementos nuevos sobre su participación en la enorme operación de tráfico de drogas y de armas que había realizado bajo las órdenes del Coronel Oliver North y de sus jefes de la Casa Blanca.
Las revelaciones de Parry toman hoy día un particular significado.
Aunque se negó a admitir su participación personal a toda una serie de actos terroristas con los cuales está vinculado —y que no interesaban realmente a los investigadores— sí habló de su trabajo clandestino al servicio de la Administración Reagan-Bush, el verdadero propósito de la entrevista policíaca.
Explicó en cuáles circunstancias fue reclutado de Jefe de Logística de la maquinaria diabólica con la cual Félix Rodríguez Mendigutía cumplía con los órdenes del Coronel Olver North para proveer con armas a la contrarrevolución nicaragüense. Todo esto con un financiamiento obtenido a través de operaciones sumamente ilegales y en violación de una interdicción explícita del Congreso de Estados Unidos.
Durante todo este período, el viejo colaborador de la CIA dirigió, desde el aeropuerto salvadoreño de Ilopango, las maniobras de una flota de avionetas, pagando a las tripulaciones con bolsas de dinero cash llegados de Miami, y vigiló el almacenamiento secreto de armas y de drogas.
El 5 de octubre de 1986, cuando una de las avionetas de Posada, piloteada por Eugene Hasenfus, es derribada y que la operación clandestina es revelada al público norteamericano, Posada será el quien se encargará de hacer desaparecer todas las huellas de la gigantesca conspira.
Un agente de la Drug Enforcement Agency (DEA), Celerino Castillo, explicará más tarde ante el comité de inteligencia de la Cámara de Representantes de Estados Unidos que sus informantes vieron en la base de Ilopango almacenes de drogas, además de armas y dinero. También explicó cómo se dieron cuenta que muchos de los pilotos de la Contra nicaragüense, beneficiarios de la operación clandestina, estaban fichados como narcotraficantes en los dossier de la DEA. "Descubrí que otras agencias se acostaban con el enemigo", comentó luego Castillo en una entrevista con el Dallas Morning News, refiriéndose a la CIA.
Supo finalmente, que agentes salvadoreños anti-drogas irrumpieron en Ilopango... después del trabajo de 'esterilización' desarrollado por Posada.
El informe de 31 páginas de la entrevista fue estampillado 'SECRETO' y archivado con los demás documentos de la investigación oficial sobre el mal llamado escándalo 'Irán-Contra', dirigida por el Fiscal Lawrence Walsh.
A Walsh, no le interesó ordenar que acusaciones sean llevadas a la atención de los tribunales contra este viejo amigo de la CIA, Luis Posada Carriles.
Tampoco creyó importante revelar a sus compatriotas el contenido de las confesiones de Posada que enseñaban cómo la Casa Blanca y más precisamente George Bush padre había orientado y alentado actividades criminales de tal envergadura.
En esta larga confesión al FBI, de la cual Parry reveló la existencia, Posada cuenta cómo fue reclutado por Rafael "Chi Chi" Quintero, otro cubanoamericano utilizado por la CIA y vinculado directamente al Teniente General de Aviación retirado Richard Secord quien asistía al Coronel North.
El terrorista explicó cómo Quintero le pagaba 3 000 dólares al mes además de reembolsar todos sus gastos y proveerlo con falsos documentos de identidad a nombre de Ramón Medina.
Contó que mientras dirigía las operaciones secretas de la base de Ilopango, disponía de un aparato conocido como KL-43 para sus comunicaciones en clave con el Jefe de la base CIA de Costa Rica y con otros oficiales norteamericanos involucrados en este proyecto.
A los investigadores del FBI, Posada revela que Rodríguez llamaba constantemente a Donald Gregg, de la oficina del vicepresidente Bush. Dijo haber estado muy al tanto de este hecho por la sencilla razón que ¡él personalmente pagaba las cuentas de teléfono!
George Bush padre siempre negó que su oficina fue involucrada en aquellas operaciones criminales... cuando se sabe que fue el propio Gregg, su ayudante, quien encargó a Félix Rodríguez de la operación secreta de El Salvador.
Gregg y Rodríguez —dos viejos socios desde la guerra de Vietnam— siempre negaron haber conversado de las operaciones ilegales aunque confiesan que estaban constantemente en contacto durante este período.
En 1988, una comisión del Senado, dirigida por el senador John Kerry (el actual candidato a la convención demócrata) investiga la escandalosa operación de tráfico de drogas y de armas involucrando a Oliver North, Donald Gregg, John Poindexter, Elliott Abrams, Otto Reich (el Rey del Engaño), Richard Armitage, John Negroponte, Mitch Daniels y demás cómplices de George Bush en la guerra imperial contra Nicaragua. Varios de ellos integran hoy la Administración de George W. Bush.
Los documentos obtenidos por Robert Parry revelaron cómo Posada confesó que, en octubre de 1986, cuando el Cessna de Eugene Hassenfus es derribado, alertó urgentemente a la Casa Blanca a través de Félix Rodríguez Mendigutía quien se encontraba en su casa de Miami. Luego fue directamente a avisar al personal de sus almacenes.
Según sus confesiones al FBI, el terrorista prófugo también se comunicó directamente con el Coronel James Steele, el jefe militar norteamericano de más alto rango en El Salvador quien corrió a reunirse con él en Ilopango para estar informado de cada detalle sobre el plan de vuelo del piloto capturado y las medidas que se debía tomar.
Luego Posada llamó a Luis Rodríguez, un cubanoamericano vinculado de cerca a la Contra y quien, un año más tarde, será inculpado por la DEA como narcotraficante.
Según Posada, en este momento llegaron a El Salvador Rafael Quintero y Robert Dutton, este último siendo otro personaje clave de la operación. Dutton afirmó entonces a Posada que el FBI se había enterado de su participación en el criminal tráfico y que agentes lo buscaban para interrogarlo.
Contó Posada que el Procurador General Edwin Meese intervino entonces para interrumpir la investigación policíaca, invocando razones de seguridad nacional.
Lo que dio a Posada y a sus cómplices todo el tiempo necesario para hacer desaparecer las evidencias.
"Dutton y Quintero abandonaron rápidamente El Salvador", dice textualmente el documento del FBI obtenido por Parry en 1996. "Posada fue dejado solo para limpiar todo el reguero durante el período post-Hasenfus. Posada tuvo que mover todos los equipos fuera de las casas y cerrarlas. Posada tuvo que sacar todo el personal norteamericano del país, hacer desaparecer sus armas personales, sus equipos de comunicaciones, cerrar los contratos de alquiler, pagar todas las cuentas y resolver todo lo demás".
Mientras Posada se escondía en Zabadú, un centro turístico salvadoreño, en Nicaragua, Hasenfus revelaba como un tal Ramón Medina (Posada) dirigía las operaciones secretas de la Contra en la base de Ilopango.
En El Salvador, la tolerancia hacia las operaciones norteamericanas ilegales era aparentemente tal que el Presidente Napoleón Duarte pronto contrató al terrorista narcotraficante de 'Asesor de Seguridad Especial'.
En 1992, cuando Robert Parry publicó los resultados de su reveladora investigación, Posada seguía conspirando libremente en este país.
Según fuentes gubernamentales de El Salvador, Posada obtiene precisamente en este período un nuevo pasaporte, perfectamente falso, a nombre de Ramón Medina Rodríguez, retomando la identidad conseguida para él por Rodríguez.
Ese pasaporte, llevando el número 1-07-0005777 y emitido en el mismo municipio de Ilopango, tiene registradas 16 entradas y salidas entre El Salvador, Centro América, México y (¡cuidado!) Los Ángeles (Estados Unidos).
La trayectoria de Posada Carriles, después de su entrevista con el FBI que no juzgó necesario arrestarlo e inculparlo, incluye la criminal conspiración para provocar explosiones en instalaciones turísticas cubanas en el verano de 1997, con la muerte del joven turista italiano Fabio di Celmo, e intentos de asesinato del Presidente de Cuba en Colombia, Venezuela y Panamá donde fue finalmente arrestado cuando iba a provocar una catastrófica explosión que hubiera matado a varios miles de personas.
Estas actividades fueron luego vinculadas por las autoridades cubanas no sólo con la CIA sino también con el Grupo Paramilitar de la Fundación Nacional Cubano Americana cuyos miembros —entre los cuales Luis Zuñiga Rey y Roberto Martín Pérez— lideran hoy el Consejo para la Libertad de Cuba, en Miami.
El 10 de octubre del 2003, en el Rose Garden de la Casa Blanca, el presidente George W. Bush abrasaba públicamente y con efusión a Luis Zúñiga Rey bajo la mirada maravillada de Ninoska Lucrecia Pérez-Castellón, esposa de Roberto Martín Pérez.
Cuenta el investigador Robert Parry que este 7 de febrero de 1992, al final de la tarde, Posada se despidió de sus interlocutores del FBI y abandonó la sede diplomática norteamericana con toda libertad... a pesar de ser un terrorista internacional muy conocido, fichado como tal por el propio FBI, 'héroe' de los círculos más extremistas de Miami, prófugo de la justicia venezolana y narcotraficante confeso.
Posada Carriles es uno de los miembros más viejos, experimentados y de mayor actividad de la CIA y ésta le ha sido leal durante toda su vida.
¿Quién se sorprenderá entonces de que el FBI se haya 'olvidado' y sigue olvidándose en sus comunicaciones con las autoridades judiciales de Panamá de aquella reunión de Tegucigalpa?
¿Y quién también se sorprenderá de que este mismo FBI, en 1998, arrestara a cinco cubanos infiltrados en grupos terroristas de Miami vinculados a las actividades criminales de Posada?

XVIII

“¡Están contra las cuerdas!”


“¡Están contra las cuerdas!” Esa frase la pronunció espontáneamente el abogado Paul McKenna al salir del tribunal de Miami, donde se había concluido minutos antes la vista oral en esta ciudad del caso de los Cinco Héroes Cubanos Prisioneros del Imperio, el 12 de marzo del 2003,
La fiscal Caroline Heck-Miller se había viisto en una situación embarazosa frente a varias de las preguntas de los magistrados de la Corte de Apelación del Undécimo Circuito de Atlanta. Algunas no esperaba enfrentarlas, por lo menos de la forma en que le fueron formuladas:
— ¿Dónde está la referencia a que él (Gerardo Hernández) sabía que iba a ocurrir el derribo de los aviones, en lugar de alguna otra defensa (de parte de Cuba) de su soberanía?, le preguntó el juez Birch, al referirse a la participación de Gerardo en el incidente de los Cessna piratas sobre aguas jurisdiccionales cubanas.
Escondiendo difícilmente su nerviosidad, Heck-Miller trató de dar explicaciones, en las cuales empleó varios de los escasos minutos de que disponía.
—Si el cargo de asesinato está retirado, ¿qué queda contra Hernández?, preguntó más tarde el juez Birch, lo cual hizo pensar a los observadores presentes que se inclinaba a dudar de la validez del famoso cargo 3 que le valió al Héroe la más desproporcionada de todas las sentencias pronunciadas en contra de los Cinco.
Mediante un alegato algo desubicado, Heck-Miller llegó hasta insinuar que el derribo de las avionetas era una estrategia de Cuba para emprender una "campaña de propaganda" contra Estados Unidos. Una reflexión bien propia del ámbito miamense que no dejó de sorprender a más de una persona en el público.
Anteriormente, el mismo juez había preguntado de repente a la abogada, la cual "navegaba" en una argumentación algo alejada al tema discutido:
—¿Y cuál es la vinculación de todo esto con un "asesinato"?
Una situación similar se produjo cuando la misma representante del Gobierno norteamericano trató laboriosamente de replicar al abogado de Antonio, Leonard Weinglass, quien presentó los argumentos de la defensa sobre el tema del cambio de sede, apoyándose en la jurisprudencia.
El letrado subrayó hasta qué punto la negación de un cambio de sede por la jueza Lenard fue inexplicable, ya que más tarde se contradijo por la propia Fiscalía en el caso de un funcionario de los servicios de Inmigración en Miami, de apellido Ramírez, quien presentó una demanda contra el Gobierno con la acusación de haber sido discriminado por ser cubano.
La Fiscalía, en ese caso, solicitó un cambio de sede debido a que en Miami no se podía juzgar a un cubano porque el ambiente era desfavorable.
Con cierta desesperación, tratando de defender su posición, la abogada hizo varias referencias al caso de Elián González y al "sensacionalismo" de la prensa, del cual se beneficiaba Ramírez, dando de hecho la razón a los defensores de los Cinco quienes, precisamente, propusieron que el juicio fuera ventilado en otra ciudad por considerar que no se podía encontrar imparcialidad en un Miami dominado por extremistas.
Uno de los defensores, Joaquín Méndez, subrayó que los perjuicios encontrados en Miami en el curso de los procedimientos no se manifestaron sólo en la selección del jurado, sino también cuando el cabecilla José Basulto, con pasado terrorista, calificó públicamente a un letrado defensor de "espía comunista", lo que equivale a una amenaza de muerte en esta ciudad.
En otra ocasión, relató, individuos desconocidos aparecieron en la sala de la audiencia con uniformes de los que usan grupos paramilitares.
El tema de la conspiración por espionaje apenas fue mencionado en esta vista oral que tuvo lugar ante los jueces Birch, Kravich y Oakes, en una vasta sala, con paredes de madera preciosa y grandes luminarias de estilo romano, donde unas cincuenta personas ocupaban seis grandes bancos y unas sillas.
"¡No tenían varias de las respuestas que la Corte solicitaba!", comentó Paul McKenna al llegar a la acera en las afueras, donde representantes de la prensa esperaban a los defensores. "Pienso que estamos en vía de obtener justicia para los cinco muchachos".
• • •
"La propia Constitución de Estados Unidos está del lado de los Cinco", valoró por su parte Edith Flamand, de la Red de Abogados Progresistas de Bélgica, mientras el abogado italiano Fabio Marcelli, de la Asociación Internacional de Abogados Democráticos, reclamó independencia de la justicia ante las maniobras constantes del poder ejecutivo norteamericano y denunció las "contradicciones flagrantes" en las pretensiones de la fiscalía en cuanto al cambio de sede.
"No hay pruebas suficientes para sostener los cargos”, señaló por su parte Everhard Schultz, de la Liga de Derechos Humanos, quien también representaba a la Asociación de Abogados de Berlín, adonde próximamente viajará el abogado Weinglass para llevar a la capital de Alemania la causa de los antiterroristas cubanos.
A nombre de la National Lawyers Guild de Estados Unidos, el jurista Ian D. Thompson, de Los Ángeles, justificó ante la prensa el gran interés de esta organización desde que se realizó un amplio análisis de este caso de injusticia flagrante.
La noche anterior, el martes, el grupo de juristas se había reunido con numerosos cubano-americanos en la sala de la Alianza Martiana, una organización que congrega varias organizaciones miamenses que reclaman el respeto a la soberanía de Cuba y la normalización de las relaciones entre la Isla y Estados Unidos. En esta oportunidad, el periodista Max Lesnik lanzó un vibrante llamamiento a que se ponga fin al terrorismo miamense y saludó el inmenso valor de los Cinco en esa lucha.
"Lo que fueron a defender no es solo a Cuba que es su Patria, que es la nuestra. Fueron a defender también a los Estados Unidos", reclamó Max y denunció "la actitud incomprensible, soberbia y arrogante de una dirección política miope que no entiende cómo llevarse bien con el mundo".

XIX

CONFESIONES DE UN POLICÍA CORRUPTO


Días después del arresto de los cinco antiterroristas cubanos, durante una conferencia de prensa, Héctor Pesquera, reconocerá una primera vez que esta detención había generado contradicciones entre algunos directivos. Agregó entonces que este caso "nunca habría llegado a las cortes" si él no hubiera instado “directamente a Louis Freeh”, el entonces Jefe del FBI.
Unos días antes de jubilarse, en diciembre del 2003, en una entrevista otorgada al reportero Larry Lebowitz, del Miami Herald Pesquera reitera esa afirmación pero esa vez citando discusiones que tuvo con la Fiscal General, Janet Reno para arrestar a los cubanos.
"Otros en el Departamento de Justicia no querían tocar esto", recordó entonces Pesquera, añadiendo: "Todo estaba sobre la línea (de demarcación)".
El encuentro con Lebowitz tuvo lugar unos días antes del anuncio oficial de la jubilación del sulfuroso Special Agent.
“Pero tú lo haces porque piensas que estás recto. O por lo menos piensas que estás recto en este momento”, añadió el policía de manera enigmática.
Nadie en la ‘prensa libre' de Miami tuvo la iniciativa de preguntarle a Janet Reno su versión de los hechos. Cómo en menos de 10 días se dejó “persuadir” para tomar una decisión tan evidentemente equívoca que a nadie le interesaba “tocar esto”.
Al principio del 2003, la asistente de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Condoleezza Rice, había revelado en una carta dirigida a un representante republicano de la Florida —hablando a nombre del presidente norteamericano George W. Bush— cómo la orden de arrestar a los patriotas cubanos infiltrados en grupos terroristas cubano-americanos de Miami fue dada por la Casa Blanca.
En una enumeración de una serie de medidas tomadas para complacer a dirigentes de la comunidad miamense, Rice mencionó cómo se “desbarató una red de espionaje cubana en los Estados Unidos”. De manera característica, usó los mismos términos despectivos usados a propósito por la prensa anticubana de Miami, a ‘sugerencia' de Pesquera cuando nunca se demostró espionaje alguno.
• • •
Interrogado entretanto sobre el mismo tema en el programa televisivo ‘A mano limpia' del Canal 41 de Miami por el periodista dominicano Oscar Haza, Pesquera, visiblemente nervioso, hablando con una voz entrecortada, había tenido que recorrer a la mentira para encubrir su bochornosa actuación en ese autentico frame-up.
Ante las cámaras de televisión, sostuvo descaradamente que realizó los arrestos con el propósito de acusar a los cinco cubanos de "asesinato" en el caso de las avionetas derribadas cuando violaban el espacio aereo cubano.
Olvidandose que pasaron ocho meses antes de que aparecieran en el juicio los dichos cargos y esto después de una ruidosa campaña de prensa llevada a cabo por los cabecillas terroristas de Miami.
En la misma entrevista, el ex Jefe del FBI de Miami reconoció, abiertamente, que el caso de los Cinco no es un caso de espionaje, al contrario de todo lo que sostuvo, pretendió, repitió durante ahora más de cinco años.
"No es espionaje como tal de pasar documentos clasificados, etcetera, que lleva una penalidad seria, sino el espionaje favorito de Fidel…que esta pasando…están saliendo los aviones… no están saliendo los aviones… la mafia… esta persiguiendo”, dijó textualmente en su español cojo.
— ¿Penetrar las organizaciones?, preguntó Haza.
— ¡Claro!, contestó Pesquera.
— ¿Para ver si hay un desembarco en Cuba por Nuevitas o por Caibarien?, añadió el periodista.
— ¡Ahí está!
Luego por poco identificó a su socio mafioso Camilo Padreda cómo informante del FBI. Y añadió que, como Jefe del FBI, tenía que mantener relaciones con ‘líderes' de la comunidad.
— Está el hijo de Mas Canosa, me llevo muy bien... Horacio García... una serie de personas de mucha importancia en la comunidad. Cuando tenemos algún tipo de situación, les presentamos la situación... Lo mismo paso cuando el arresto en San Juan de las personas con rifles de calibre 50...
Así que en el caso de La Esperanza, en Puerto Rico, Pesquera “presentó la situación” a la FNCA.
Y cuando se trata de identificar ‘representantes' de la comunidad cubana de la Florida del sur, Pesquera designa al estafador Camilo Padreda. Luego, al Jefe de la terrorista Fundación Nacional Cubano Americana, Jorge Mas Santos, hijo del operativo CIA Jorge Mas Canosa, fundador de la terrorista FNCA… y a Horacio García.
• • •
Pero de repente, el 15 de enero 2005, el ex Jefe del FBI de Miami confesó que los cinco cubanos que encarceló NO tuvieron acceso a información de inteligencia alguna. Y lo hizo públicamente, en un diálogo con nada más y nada menos que los cabecillas terroristas Luis Zuñiga Rey y Horacio García, en las ondas de Radio Martí.
La increíble confidencia, hecha con un candor desarmante, Héctor Pesquera, el ex Jefe del FBI de South Florida y responsable principal del arresto de los Cinco, la hizo en el marco del tercer programa de una serie de cinco entrevistas titulada “En silencio ha tenido que ser”, realizada para Tele Martí.
Aunque esa emisora tenga como únicos televidentes a sus propios productores, el sonido del programa fue difundido por Radio Martí el 15 de enero último a las 8 PM.
La declaración, increíble de parte del hombre que persiguió de manera obsesiva a esos cubanos a quien atribuyó viciosamente el calificativo de “espías”, se hizo como respuesta a la siguiente pregunta de Zúñiga:
— ¿Usted cree que en algún momento estuvo en peligro la seguridad de los Estados Unidos o ellos tuvieron acceso a alguna información de inteligencia que pudiera ser valiosa a los enemigos de los Estados Unidos?
Y contestó Pesquera, textualmente:
— NO, y lo explicó. Por ejemplo, en el caso de (Antonio) Guerrero se hizo un estudio retrospectivo de la información que había captado, pero que si hubiera podido tener no lo determinó así la investigación.
De manera evidente —y el resto de la entrevista lo demuestra— Pesquera hablaba en un ambiente de total confianza. Además de Zúñiga, un viejo conocido de los servicios que dirigió, se encontraba en compañía de otro socio “fuerte”, Horacio García.
Esa serie de entrevistas contiene varias otras declaraciones interesantes de Pesquera que Zúñiga, servilmente, llama “Jefe de la Oficina del Buró Federal de Investigaciones” aunque tuvo que dejar ese puesto en diciembre del 2003.
El 22 de enero último, siempre en el marco de la misma serie difundida por la mal llamada Radio Martí, con García y Zúñiga, Pesquera hace otra confesión que permite comprobar cómo había llegado de Puerto Rico, con la orientación de proceder a cualquier costo contra el grupo de cubanos infiltrados en las organizaciones terroristas miamenses.
“Yo llegué aquí en mayo de este mismo año, del 98. Me ponen en conocimiento de lo que hay. Empezamos entonces a hacer hincapié de que esta investigación a los efectos de Inteligencia ya no debería mantenerse ahí. Y debería cambiar de rumbo e irse entonces a una investigación criminal,” dice entonces Pesquera en las ondas.
Y luego, el inventor del caso de los Cinco también señala sus socios García y Zuñiga:
“Tuve muchísimos problemas para convencerlos e insistir en el Departamento de Justicia”.

XX

El hombre que ordenó LA MUERTE del Che


En junio del 2001, inmediatamente después del juicio, cuando Pesquera participa en un programa de la estación WAQI de Miami, con el locutor Armando Pérez Roura, quien promueve públicamente el terrorismo contra Cuba, tiene a su lado un personaje muy conocido de la fauna local: nada más y nada menos que Félix Ismael Rodriguez Mendigutía !
Es por cierto una de las más famosas crápulas que alberga Miami, la ciudad norteamericana que contiene, sin duda, más asesinos, esbirros, torturadores y criminales de cualquier índole, por metro cuadrado…
En aquella retrograda metrópoli floridana, se cuenta cómo George Bush, el padre, entonces operativo de la CIA encargado de operaciones anticubanas, conoció a Félix Rodríguez Mendigutía, ex agente de la policía de Batista, mientras reclutaba a emigrados cubanos para conformar una tropa de matones y saboteadores.
Así fue como se reunió a individuos tales como: Luis Posada Carriles, Frank Sturgis, E. Howard Hunt, Guillermo e Ignacio Novo Sampoll, Rafael Quintero, José Basulto, Herminio Díaz y Bernard Barker, que luego aparecieron vinculados a los trucos más sucios de los que conformaban ya la mafia miamense.
Sobrino de José Antonio "Toto" Mendigutía Silvera, Ministro de Obras Públicas y cercano colaborador del dictador cubano Fulgencio Batista, el joven Félix Rodríguez (más precisamente Félix Ismael Fernando José Rodríguez Mendiglutía), ex alumno de la La Habana Military Academy y agente del aparato represivo batistiano, tenía todas las características para sumarse a esta tropa de sicarios.
Pocos meses más tarde, a finales de 1960, la CIA le confía su primera misión. Llega a Cuba el 14 de febrero de 1961, con otros agentes, a bordo de una lancha rápida que los deja en una zona próxima a Arcos de Canasí, en los límites de las provincias de La Habana y Matanzas.
Desembarca con dos toneladas de equipos y explosivos que son descubiertos, pocos días después, por la Seguridad de Estado cubano, gracias a un agente infiltrado en la operación.
Félix Rodríguez también venía con instrucciones para la contrarrevolución interna para que, entre otras operaciones, se provocara la voladura del puente de Bacunayagua.
Llega el momento de la invasión de Playa Girón (Bahía de Cochinos). Fracasa miserablemente, en menos de 72 horas. La Revolución Cubana no sólo aplasta entonces a la fuerza invasora sino que se capturan más de un millar de mercenarios.
Perseguido por la Seguridad del Estado, Rodríguez se esconde en casa de un contrarrevolucionario y contacta con un funcionario de la embajada española, agente de la CIA, quien organiza su salida del país a través de la embajada venezolana.
En 1963, Kennedy es asesinado. La implicación de varios conspiradores cubanos, incluyendo a Félix Rodríguez, Frank Sturgis, Herminio Díaz, Orlando Bosch, los hermanos Guillermo e Ignacio Novo Sampoll y, particularmente, Luis Posada Carriles, es considerada por varios investigadores del tema. Por otro lado, el papel de George Bush, Richard Nixon y de varios reyes del petróleo de Texas es también cuestionado.
George Bush estaba en Texas aquel día. Siempre dijo no recordarse con precisión de sus actividades. Tampoco Félix Rodríguez se recuerda. Sin embargo, años después, fue desclasificada una carta del Jefe del FBI, en la cual J. Edgar Hoover explicaba cómo un tal "Señor George Bush de la CIA" había informado acerca de la reacción de los círculos cubano-americanos de Miami después del asesinato.
A su regreso de Cuba, fue enviado a Nicaragua con un grupo de agentes que atacó el buque español Sierra de Aranzazu como represalia por las relaciones mantenidas por España con Cuba. El ataque terrorista crea tal escándalo que la CIA retira su tropa anti-cubana, supuestamente de élite.
Según su propio testimonio desclasificado, en junio de 1967, Félix Rodríguez recibe una llamada de un oficial de la CIA que se identifica como Larry S. quien le propone sumarse a una operación destinada a capturar al Che Guevara cuya presencia en Bolivia está confirmada. Rodríguez usará el nombre de “Félix Ramos Medina”. Terminará con el apodo de “El Gato”.
Viajará con otro mercenario cubano americano de apellido González, con el cual llega en La Paz, la capital boliviana, el 2 de agosto de 1967. Son recibidos por el oficial de caso, denominado Jim, y un oficial boliviano de inmigración. La estación CIA es dirigida por John Tilton. Otro cubano-americano, Gustavo Villoldo, se sumará pronto a Rodríguez y González.
El 31 de agosto, Rodríguez tiene una primera oportunidad de ejercer sus “talentos” en materia de interrogatorio. José Castillo Chávez, “Paco”, un miembro de la tropa del Che cae preso. Rodríguez se desplaza por avión desde Santa Cruz hasta Vallegrande, acompañado por el Mayor Arnaldo Saucedo.
El 22 de septiembre, los guerrilleros toman el caserío de Alto Seco pero luego caen en una emboscada en la población de Jagüey donde mueren Coco Peredo, Manuel Hernández Osorio y Mario Gutiérrez Arcaya.
El 30 de septiembre, el Che y su grupo son ubicados en el sector de Valle Serrano.
El 8 de octubre, en los alrededores de las 3:30 de la tarde, el Che cae preso después de agotar sus municiones en un combate donde recibe una herida en la pierna. El enfrentamiento dejó muertos a tres guerrilleros y dos soldados.
A las 4:00 PM, es conducido frente a un capitán de apellido Prado quien ordena a su operador radio de avisar a Vallegrande de la captura.
IEl mensaje “Caída de Ramón confirmada” revela la noticia al Coronel Zenteno en Vallegrande quien, asombrado, exige una segunda confirmación y luego de obtenerla ordena el traslado del Che a La Higuera... justo antes de avisar a Félix Rodríguez, en Vallegrande, con otro mensaje en clave.
Según su versión de los eventos, Félix “Ramos” Rodríguez llega en helicóptero a La Higuera a las 6:15 de la mañana, el día 9, con Zenteno Anaya quien dejó en Vallegrande a su propio jefe de inteligencia, Saucedo Parada, por falta de espacio en el pequeño aparato. “El Gato” trae un potente radio y una cámara.
Observa al Che tendido en el suelo, los brazos atados en la espalda y sus pies amarrados y empieza a insultarlo con desprecio.
Luego, transmite con su radio un mensaje cifrado a la estación CIA más cercana para su retransmisión hacia el cuartel general de la CIA en Langley, Virginia. Empezó a fotografiar sistemáticamente todos los documentos encontrados con el Che, incluso su diario, página por página.
Este mismo día, el dictador boliviano Barrientos recibe del embajador norteamericano Henderson la orden de muerte del Che. Félix Rodríguez recibe luego un mensaje cifrado dando el código establecido para la ejecución.
Según los documentos norteamericanos desclasificados, será el propio mercenario cubano americano que informará, una hora más tarde, al Coronel boliviano Zenteno de la decisión.
Según el joven soldado Eduardo Huerta Lorenzetti quien estaba de guardia en la escuelita donde yace el Guerrillero Heroico, el agente cubano-americano de la CIA entra repentinamente y zarandea al Che atado por los hombros para que hablara, lo hala bruscamente por la barba y le grita que lo va a matar.
Huerta trata de intervenir pero “El Gato” lo amenaza gritándole “¡Boliviano de mierda!”.
Félix Rodríguez, alias Capitán Ramos, alias “El Gato”, ordena entonces al Sargento Jaime Terán asesinar al Che.
Lo confesó a la revista española Cambio 16, edición del 18 de diciembre de 1998: “Salí y mandé a Terán que cumpliera la orden. Le dije que debía dispararle por debajo del cuello porque tenía que parecer muerto en combate”.
Asustado, Terán no llega a disparar sobre el Guerrillero Heroico.
“El Gato” grita amenazas y le ordena terminantemente entrar de nuevo y cumplir con la orden.
Terán, finalmente, dispara.
Entonces, el agente de la CIA Félix Rodríguez imitando cobardemente a unos militares presentes, dispara hacia el cuerpo del Guerrillero Heroico.
• • •
En el hotel de Vallegrande, los agentes de la CIA, encabezados por Félix “El Gato” Rodríguez, y oficiales bolivianos, festejaron la muerte del Che.
Según los testigos, Félix Rodríguez abrió una botella de whisky y brindó a los presentes.
En las horas siguientes, “El Gato” también participó en la decisión de cortarle las manos al Che para su posterior identificación.
Terminada su bochornosa misión de sicario, Félix Rodríguez salió de Vallegrande para Santa Cruz, luego a Panamá y finalmente a Estados Unidos.
El 24 de febrero de 1969, Rodríguez obtiene la ciudadanía norteamericana.
La CIA lo manda a Saigón, en Vietnam, donde se dedica a torturar e interrogar a los prisioneros al lado de Ted Shackley, quien fuera Jefe de la gigantesca estación CIA JM/Wave de Miami, encargada de las operaciones contra Cuba.
Con extrema violencia, participa en el Programa Phoenix. Según William Colby, ex jefe de la CIA, esta operación de extrema represión dejó 26 369 muertos entre las 33 350 personas detenidas en los centros de interrogatorios norteamericanos.
Félix Rodríguez, integrando la empresa de cobertura Air América, trafica luego heroína desde Laos para la red norteamericana de Santos Traficante, el ex padrino habanero, al fin de influir en el conflicto laosiano ganándose el apoyo de tribus aisladas. La operación está dirigida por Donald Gregg, quien obedece a las orientaciones de Ted Shackley.
Entre 1972 y 1973, Félix Rodríguez es instructor del Ejército Argentino convocado por el entonces jefe del Cuerpo de Ejército I, general Tomás Sánchez de Bustamante, a quien conoció en Vietnam.
En 1974, Félix Rodríguez colabora con Orlando Bosch, Jefe de la famosa Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU) que luego realizara un centenar de atentados en más de 25 países. Cumple entonces varias "misiones" en Uruguay, Brasil, Costa Rica, Honduras, Guatemala y El Salvador. Actúa en América Central y ayuda a la fuga de Anastasio Somoza de Nicaragua.
Bush desinformara al Congreso acerca de la muerte de Orlando Letellier, ex ministro chileno y ex embajador de Chile en EE.UU., y de Ronni Moffit, militante de los derechos humanos, asesinados en pleno Washington por agentes de la dictadura de Pinochet y matones cubano-americanos "prestados" por los hermanos Guillermo y Ignacio Novo Sampoll, discípulos de Bosch, y también "socios" de Félix Rodríguez.
En 1976, Bush condecora a Rodríguez con la medalla Estrella al Valor.
En 1979, Rodríguez se vincula al comercio de las armas en América del Sur, en asociación con Ted Shackley, su jefe en Saigón.
En 1981 Reagan y Bush ocupan la Casa Blanca y Félix Rodríguez cumple varias misiones por cuenta de la CIA.
En 1982, el director de la CIA, William Casey, lanza la operación Black Eagle para "ampliar el papel de EE.UU. en América Central". En agosto, el vicepresidente George Bush nombra a Donald Gregg (el de Laos) como Consejero para la Seguridad Nacional. Gregg manda a Félix Rodríguez en misiones de apoyo a la Contra nicaragüense.
Rodríguez organiza, con José Basulto (ese mismo cabecilla de Hermanos al Rescate) lo que luego se calificó de mayor desvío de fondos de seguro social de la historia de EE.UU. bajo el pretexto de organizar ilegalmente servicios hospitalarios para los mercenarios de la Contra nicaragüense.
En octubre 1984, Gerald Latchinian, vice-director de Giro Aviation, una empresa aérea de la CIA manejada por Félix Rodríguez, es arrestado y encarcelado por la importación de 10 millones de dólares de cocaína.
A finales de 1984, Donald Gregg presenta al coronel Oliver North, jefe de las operaciones en América central, a Félix Rodríguez. Rodríguez se entrevista directamente con Bush el 22 de enero de 1985.
A partir de este momento, en El Salvador, el ex miembro de la Operación 40 se encarga de coordinar las operaciones de transporte de enormes cantidades de cocaína desde Colombia hasta los Estados Unidos.
La CIA le ofrece, como principal ayudante, a su viejo socio, el archí-terrorista Luis Posada Carriles.
Un ex agente de la DEA (la agencia federal norteamericana anti-droga), Celerino Castillo III, contó más tarde ante el comité de inteligencia de la Cámara cómo sus informantes descubrieron en la base de Ilopango almacenes de drogas, armas y dinero. También cómo se dieron cuenta de que muchos de los pilotos de los Contras estaban fichados como narcotraficantes en los dossier de la DEA.
El 18 de enero de 1985, Rodríguez se entrevista con Roberto Milán-Rodríguez, el experto en lavado de dinero del Cartel de Medellín, quien se jacta de haber ya "lavado" más de 1,5 mil millones de dólares para su organización. Milán-Rodríguez le entrega 10 millones de dólares, destinados a la Contra nicaragüense.
El 8 de mayo 1985, la oficina de Bush es alertada por Rodríguez de que un aparato C-123 ha sido derribado por las fuerzas armadas nicaragüenses. El piloto, Eugene Hassenfus, confiesa trabajar para la CIA bajo los órdenes de Max Gómez (Félix Rodríguez) y Ramón Medina (Luis Posada Carriles).
En diciembre 1985, George Bush recibe abiertamente a su amigo Félix Rodríguez, torturador, asesino, ladrón y narcotraficante en la Casa Blanca. Rodríguez participa ahí en la celebración de Navidad.
En 1988, una comisión del Senado, dirigida por el senador John Kerry, el ex candidato presidencial, investiga la escandalosa operación de tráfico de drogas y de armas involucrando a Oliver North, Donald Gregg, John Poindexter, Elliott Abrams, Otto Reich, Richard Armitage, John Negroponte, Mitch Daniels y Félix Rodríguez. Este último también tendrá que dar un testimonio, al parecer bien arreglado: "Has ganado mucho respeto en el proceso", le comentará enigmáticamente George Bush en un mensaje personal que le escribió.
En 1989, George Bush consigue la presidencia. En la toma de posesión, Rodríguez está presente, al lado de un gran amigo, el General Rafael Bustillos, jefe de la Fuerza aérea de… El Salvador.
Aunque Félix Rodríguez afirma entonces que abandona la CIA, el semanario
Rolling Stone revela que sigue visitando la agencia cada mes para recibir instrucciones y que lleva allí su Cadillac a prueba de balas para darle mantenimiento. Dirige ahora la Brigada 2506 que apoya abiertamente el uso del terrorismo contra Cuba.
Félix Rodríguez, entretanto, anda por Miami, mafiando con su red de ex agentes, matones, conspiradores...
Vive en una lujosa casa de Miami-Dade. Maneja un Mercedes.
Y Hector Pesquera se exhibe a su lado.

XXI

MONTESINOS


Seis cientos mil dólares, es decir la mitad del depósito de 1 millón 200 000 dólares que hicieron los autores intelectuales del asesinato del fiscal Danilo Anderson a José Antonio Guevara en Miami para la ejecución del atentado terrorista ocurrido en Caracas, se quedaron entre las manos de este ex policía de la inteligencia venezolana que sigue radicado en Miami y vive desde junio del 2001 bajo la protección del FBI.
Por otra parte, las autoridades judiciales venezolanas tratan de ubicar, a través de Interpol, a dos otros ex funcionarios de la policía, el explosivista Johan Peña y Pedro Lander, sospechados de haber participado en el crimen de Caracas, y que podrían estar también en Miami. Peña quien tiene negocios en esta ciudad, hubiera colocado el artefacto explosivo de C-4 en la camioneta Autana del fiscal Anderson, mientras que Lander fuera quien preparó la bomba.
Según el periodista Gerardo Hernández del diario venezolano Panorama, se pudo conocer “a través de una fuente policial vinculada con el caso” que la organización que dirigía el primo de José Guevara, el también ex policía Rolando Guevara, que sería responsable de la muerte del fiscal Anderson, ya recibió por este crimen la otra mitad del dinero. La suma fue depositada en una cuenta de un banco de Weston, al sur de la Florida. Según la investigación, José Guevara sirvió de puente para hacer llegar un primer desembolso de 600 mil dólares.
Precisa el diario que varios agentes del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) de Venezuela, allanaron de nuevo el domicilio de Rolando Guevara, en las residencias Morichal de la urbanización La Alameda, y encontraron “recibos de teléfonos, documentos enviados y recibidos por fax, depósitos bancarios” y documentos bancarios.
Los hermanos Rolando y Otoniel Guevara son ya identificados como autores del atentado terrorista de haber planificado el crimen ocurrido el pasado 18 de noviembre de 2004 en Los Chaguaramos, con otro miembro de la familia, Juan Bautista Guevara.
Varios testigos aseguran haber visto a Juan Bautista Guevara en el Instituto Universitario de la Policía Científica (LUPOLC), donde ocurrió el atentado, durante tres jueves seguidos. Más aún: el día mismo del atentado el vehículo del sospechoso chocó con el auto de un funcionario de la policía que salía de clases.
El vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel, ha señalado en varias oportunidades que se sospechaba que los autores intelectuales formarían parte de una organización manejada desde Miami, en la Florida.
Como lo recordó recientemente Granma Internacional, el 23 de junio del 2001, los hombres del entonces Special Agent del FBI de South Florida, Hector Pesquera, famoso por su complicidad con la mafia cubanoamericana de Miami, arrestaron en junio del 2001, en un centro comercial de Miami, a José Guevara, ex agente de los servicios de inteligencia venezolana.
Connotado activista anti-Chávez, Guevara trataba entonces, con su primo Oto Daniel “Otoniel” Guevara, de adueñarse de millones de dólares, chantajeando al ex jefe de la Inteligencia peruana, Vladimiro Montesinos, que secuestraba secretamente en Caracas.
Por razones que quedan por esclarecer, Pesquera no sólo dejó a Guevara en libertad sin acusarlo de extorsión, sino también le otorgó el estatuto de testigo de crimen, el cual le permitió quedarse en los Estados Unidos... mientras trataba de recolectar una recompensa de 5 millones de dólares ofrecida por el Gobierno de Perú por la captura de Montesinos.
Pesquera dio apoyo a la operación del chantajista para entregar a su víctima, estableciendo contactos con el Gobierno peruano, sin alertar al Gobierno de Venezuela.
Sin embargo, Montesinos fue descubierto por la Inteligencia militar venezolana antes de que fuera realizada la operación, y entregado de inmediato a Perú.
Según Panorama, Rolando Guevara, había aprovechado su puesto de jefe de la División de Homicidios dentro del CICPC “para desvirtuar las investigaciones que el organismo realizó en mayo y junio de 2001, en búsqueda de Vladimiro Montesinos”.
Guevara se mantuvo en su cargo hasta que se comprobó la participación de Otoniel, junto a su hermano y su primo José Agustín Guevara.
Montesinos declaró luego de ser detenido que pagó altas sumas de dinero a sus secuestradores.
La policía venezolana ha descubierto, el 23 de noviembre, en casa de la madre de uno de los conspiradores, el abogado Antonio López, todo un arsenal entre los cuales se encontraban 20 kilos del explosivos C-4, una mina antitanque, varios fusiles y un artefacto similar al utilizado para asesinar al fiscal Anderson.
Antonio Lopez fue quien entregó a Pedro Lander, un explosivista formado hace años en la DISIP, los explosivos con los que confeccionó la bomba.
También se encontraron sobres bombas lo que deja sospechar que los terroristas se proponían llevar varios otros atentados.
Los hermanos Rolando y Otoniel Guevara fueron capturados el 26 de noviembre en horas de la madrugada cerca la ciudad de Valencia por un comando de la Guardia Nacional. Unos días más tarde Juan Bautista Guevara, sorprendido en un motel de Acarigua con una pistola 9 mm, una granada y 3.000 dólares.
Fue un “rastreo telefónico” que permitió a la policía venezolana constatar la celebración de una reunión en la Florida (EEUU) donde se planificó el atentado contra el fiscal Anderson. Según informó el diario Ultimas Noticias, el complot se realizó en este encuentro a mediados de septiembre y estuvo presente José Guevara Chacón.
Poco antes de su muerte, el Fiscal asesinado había citado a declarar a unas 400 personas que apoyaron el golpe de Estado, encabezado por el empresario Pedro Carmona, ahora asilado en Colombia.
La prensa venezolana reporta, por otro lado, que se investiga sobre una persona “aparentemente vinculada al narcotráfico” que fue asesinada ·con un collar bomba en marzo pasado en el estado Miranda por la organización que lideran los Guevara y cuyo crimen no trascendió a los medios”. La vinculación entre el narcotráfico, el terrorismo y los círculos de extrema derecha de Miami es bien conocido.

XXII

EL CASO KISZYNSI


• El 7 de febrero de 1992, el Agente Especial George Kiszynski del FBI, después de interrogar a Luis Posada Carriles durante varias horas en la Embajada norteamericana de Honduras, dejó en libertad al terrorista internacional a pesar de saber que era fichado como terrorista prófugo de la justicia venezolana.
Y que era evidente, con sus antecedentes, que iba de nuevo a tratar de atentar contra la vida del Jefe de la Revolución Cubana, lo que hizo luego en Puerto Rico y Panamá.
Granma Internacional revelaba en una edición reciente cómo el mismo Kiszynski se había “olvidado” su maletín, en 1983, con unos terroristas del CORU que acababa de “interrogar”. El maletín contenía un informe secreto de la policía de Miami sobre este mismo grupo criminal.
Kiszynski fue también quién comunicó al sulfuroso coronel Oliver North, colaborador de George Bush padre, un documento del FBI que, por su naturaleza, no debía llegar hasta sus manos. El informe explicaba de manera detallada cada elemento de una investigación que había realizado la Policía de Miami sobre los Contras y el tráfico de droga. Un trafico en el cual participaba activamente Luis Posada.
Así que uno se pregunta por qué, en 1992, se designó precisamente a George Kiszynski para asistir a la Oficina del Fiscal Independiente que investigaba el asunto Irán/Contra y que, necesariamente, tenía que analizar el papel jugado por Posada en la operación.
Pero quedan otras anécdotas muy sorprendentes acerca de ese agente demasiado especial.
En 1997, el ingeniero guatemalteco Antonio Jorge Álvarez (Tony), quien manejaba las actividades de la firma WRB Enterprises en Guatemala estuvo en contacto con Posada Carriles y otros terroristas de origen cubano y se enteró de que se preparaba un atentado contra el Presidente cubano Fidel Castro para la Cumbre Iberoamericana que iba tener lugar en isla Margarita, Venezuela.
Posada y esas personas que entonces trabajaban en su fábrica, también preparaban la campaña de bombas contra hoteles turísticos dentro de la Isla.
Álvarez, quien reside ahora en Greenville, Carolina del Sur, informó a los servicios de Inteligencia de Guatemala y al FBI.
Señaló que había visto cómo Posada entregaba “mucho dinero” a sus cómplices para que compraran detonadores y relojes para la fabricación de artefactos explosivos y que había observado en su posesión explosivos plásticos.
Según declaraciones que hizo Álvarez al New York Times y que fueron publicadas el domingo 12 de julio de 1998, el FBI fue “sorprendentemente indiferente”. El diario confirmó que un agente se puso en contacto desde Miami con Álvarez, pero que nunca el FBI ni la Agencia Central de Inteligencia (CIA) le interrogaron sobre la información que decía tener.
“Me dijo (el agente) que mi vida estaba en peligro, que era gente muy peligrosa y que abandonara a Guatemala. Nunca volví a saber nada de ellos”, declaró Álvarez al diario. “He arriesgado mi negocio y mi vida, y ellos no hicieron nada”.
Justo antes de la Cumbre de Margarita, la Guardia Costera de Estados Unidos detuvo en Puerto Rico una embarcación con cuatro hombres, y el líder del grupo, Ángel Alfonso Alemán, de Union City, declaró espontáneamente y ante muchos testigos que tenían la “misión” de matar a Fidel en isla Margarita.
El yate, La Esperanza, era propiedad de José Antonio Llama, un director de la Fundación Nacional Cubano Americana, y una de las potentes armas, un fusil de mira telescópica, calibre .50, marca Barret, estaba registrada a nombre del Presidente de esta organización, Francisco “Pepe” Hernández.
The New York Times escribió que si el FBI hubiera entrevistado al empresario Álvarez, hubiese conocido cómo Posada planeaba los atentados de La Habana.
En una entrevista otorgada al Times, Luis Posada Carriles identificó al agente del FBI que llamó a Álvarez.
Dijo que se trataba de “Jorge Kiszinski” — versión hispanizada de George Kiszynski.
Indicó que era “un muy buen amigo” al que conoce desde hace tiempo, y consideró que no se investigó el caso por esas buenas relaciones que mantenían. Posada sabía incluso que Kiszynski pensaba en jubilarse en esa fecha.
Los sospechosos de La Esperanza fueron todos absueltos gracias a otra investigación chapuceada, obra de un colega de Kiszynski, el Agente Especial Héctor Pesquera.
Finalmente, Kiszynski reaparecerá el 26 de marzo del 2001 de testigo en la causa de los Cinco cubanos acusados de “espionaje” por haber infiltrado estos mismos grupos terroristas de Miami que él pretende investigar. La defensa lo convoca despues de haber sabido, de parte del FBI, que investigó la presencia en Miami de dos barcos sospechosos.
Con múltiples intervenciones de la Fiscalía, visiblemente ansiosa de protegerlo al máximo, terminó por contar que despues de recibir una información de “una fuente muy confiable” investigó en julio de 1998 dos barcos anclados en una marina de Miami, “frente al Joe's Seafood”. Uno de estas embarcaciones era un barco de pesca, el Flavio 1, de 30 pies, que su dueño estaba aparentemente preparando para una operación terrorista a Cuba. Al bote se le cambiaba el motor y se le ponía un tanque de combustible de gran tamaño.
Kiszynski añadió que, en una operación que realizó, se buscó explosivos o armas y no se encontró nada. Fue luego a interrogar el dueño sin más resultado
El dueño era un tal Enrique Bassas que, admitió, conocía de antemano.
Lo que no precisó el Special Agent del FBI es que Bassas es uno de los individuos que se reunieron con Luis Posada Carriles, precisamente en julio de 1998, entre el 19 y el 21, —a unas semanas del arresto de los Cinco— en el Hotel Holiday Inn de Ciudad de Guatemala para preparar un plan de atentado contra el Presidente cubano, quién iba a participar la Cumbre de Jefes de Estado del Caribe, en Santo Domingo.
Tampoco precisó que Bassas conoció a Posada en la provincia cubana de Cienfuegos, donde ambos nacieron, y estuvo preso en Venezuela en 1987 bajo sospechas de complicidad mientras se investigaba el atentado contra el avión de Cubana de Aviación destruido en pleno vuelo… Bassas fue luego miembro del Ejercito Secreto Cubano del connotado líder terrorista Sixto Reynaldo Aquit Manrique.
En ese juicio de los Cinco, despues del interrogatorio de Kiskynski por la defensa, la Fiscalía luego se desvirtuó en repetir que “fuentes” así reportan “rumores” que en muchos casos no tienen fundamento, reduciendo el testimonio de su protegido a una presencia simbólica.
¿Porque tanta preocupación? Porque Kiszynski tiene en su closet, de manera evidente, unos cuantos cadáveres.
Según lo que cuenta, Kiszynski se suma al FBI al principio de los años 70 y de inmediato se le asigna investigar el terrorismo cubanoamericano. Cuando George Bush padre, ex operativo de la CIA llega a ser Jefe de la inteligencia norteamericana, está ya bien instalado en este sector caliente donde son numerosos los socios del nuevo jefe. Luego, el padre del actual Presidente se apoderará, en la vicepresidencia y la presidencia, de un control jamás visto hasta este momento sobre todos los aspectos de las acciones encubiertas desarrolladas por Washington y de cada agencia vinculada a la prohibición de drogas.
Casualidad, Kiszynski abandona “oficialmente” el sector del terrorismo contra Cuba en 1986 cuando se derrumba Ilopango. Luego se va de “agregado legal” en la Embajada de Roma, desde 1993 a 1997. Casualidad también, regresa y reentra el sector del terror cuando Posada prepara las operaciones de Margarita y La Habana.
¿Para quién trabaja Kiszynski? ¿Quién se esconde detrás de sus actividades? ¿A quién mantuvo informado? ¿Qué intereses representa? Y, más aún, ¿quién en la prensa “libre” de EE.UU. tendrá el valor de investigar en el terreno el caso de este agente demasiado especial?

XXIII

JEFE DE LA SEGURIDAD DE LOS PUERTOS Y AEROPUERTOS

La obsesión de Pesquera con satisfacer a la administración y sus socios mafiosos con ruidosas hazañas lo llevo a cometer varios disparates.
El que implica al funcionario Mariano FAMET es memorable.
Al principio del 2000, Pesquera dirige, aunque dispone de cientos de agentes para tales tareas, una ‘investigación' que termina con el espectacular arresto del ‘espía' cubano Mariano Faget, el 17 de febrero del 2000.
A Faget se le acusa de haber comunicado (abiertamente, por teléfono, desde su oficina) informaciones a un socio de siempre, el negociante Pedro Font, acerca de un diplomático cubano que el FBI pretendía sospechar de ser un agente de inteligencia.
Casualmente, lo arresta de manera cuando la atención de la prensa norteamericana esta dirigida hacía el caso del secuestro del niño Elian Gonzalez, cuyo regreso a Cuba esta reclamado por su padre. Lo que mantiene furiosa a la mafia.
En un intento de orientar la opinión pública norteamericana en contra de la Isla, el oficial del FBI multiplica entonces las declaraciones provocadoras.
Resulta que Faget es el hijo de uno de los más famosos responsables de la represión anti-comunista bajo la dictadura del tirano cubano Fulgencio Batista. El ‘escandalo' del ‘espía' Faget se termina miserablemente, Pesquera archivando la operación en su gaveta del engaño.
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Después del desastre de las Torres Gemelas y del Pentagono, Pesquera, desesperado para salvar su imagen, realizó otra rocambolesca investigación acerca del Ántrax que ocupa durante semanas la primera plana de la prensa norteamericana.
Falsas pistas, desinformación, manipulación, Pesquera multiplica las declaraciones y alimenta al pánico general, vinculando el caso a los eventos del 11 de septiembre.
Hasta que no haya otro remedio que concluir al acto aislado de algún desequilibrado.
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Increíble pero cierto, Héctor Pesquera dirige desde abril del 2004 los servicios de seguridad de los Puertos y Aeropuertos de la Florida, del Departamento de la Seguridad de la Patria (DHS por sus siglas en inglés) de este mismo estado.
Cuando el FBI supuestamente no tenia idea por dónde el terrorista internacional Luis Posada Carriles entró en territorio norteamericano, a su llegada a bordo del barco camaronero La Santrina, con varios cómplices, Pesquera es quien controlaba el acceso y la seguridad de todos los puertos de ese estado.
Según el canal 6 de la cadena NBC, Pesquera ha sido reclutado a este puesto por el Sheriff del municipio de Broward, Ken Jenne, quien, al anunciar la noticia el 13 de abril, declaró de manera explícita que el oficial de origen puertorriqueño tiene la dirección de los “puertos y aeropuertos de la región”.
El BTS (Border and Transportation Security) uno de los cinco directorios del DHS, dispone en territorio norteamericano de más de 100 000 agentes. De acuerdo con un convenio firmado con el Gobierno Federal, la Florida de Jeb Bush y su pandilla dispone de un BTS autónomo para su territorio.
Pesquera dirige el BTS de la Florida.
Este mismo individuo quien en 1998, cuando era Jefe del FBI de la Florida del Sur, desencadenó la operación policíaca que terminó con el arresto de cubanos infiltrados en los grupos terroristas de Miami para luego obtener su condena en un juicio trucado, ante un jurado corrupto, que les condena a durísimas sentencias de cárcel.
Según las investigaciones del periódico ¡Por Esto! de México, La Santrina recogió a Posada Carriles el 14 de marzo en Isla Mujeres para clandestinamente llevarlo a Miami. En esa misma embarcación viajaban además del “promotor” y terrorista miamense Santiago Álvarez y del “capitán” y operativo de la CIA José Hilario Pujol, los supuestos marineros Rubén López Castro, José López Castro, Gilberto Abascal y Oswaldo Pital, todos vinculados con los círculos terroristas de Miami.

XXIV

LA CONFESIÓN DE LLAMA

José Antonio "Toñín'' Llamas, el cubanoamericano que gestionó el financiamiento del Partido Popular de José María Aznar con fondos ocultos y que aparecía como dueño del barco terrorista La Esperanza interceptado en 1998 en Puerto Rico, amenazó con demandar a varios de los directores de la Fundación Nacional Cubano Americana por estafa. Afirmó que lo instaron a obtener un préstamo millonario para una compra de material de guerra que provocó, años después, su quiebra financiera.
Lo reveló Radio Miami, el 21 de junio del 2006, en su crónica diaria El Duende, en la cual se han destapado en el pasado más de una noticia ignorada por la prensa local, siempre cómplice de la fauna terrorista local.
Al día siguiente, el Miami Herald, con un trabajo de un conocido redactor de su versión en español, confirmaba cómo José Antonio "Toñín" Llama, ex director de la Fundación Nacional Cubano Americana, "reconoció que él y otros miembros de la jerarquía de esa organización crearon un grupo paramilitar para acometer actos de desestabilización en Cuba y eliminar al gobernante Fidel Castro".
Las palabras "actos de desestabilización" y "eliminar" resultan eufemismos en la Florida mafiosa, para actos de terrorismo y asesinar.
El diario oficial miamense confirma, con una entrevista al contrarrevolucionario, que la FNCA, un grupo arropado por todas las administraciones norteamericanas desde su creación por Jorge Mas Canosa, un helicóptero de carga, 10 aviones ultralivianos con control remoto, siete embarcaciones y abundante material explosivo con el objetivo explícito de realizar acciones terroristas.
Según Llama, aquellos planes no pudieron desarrollarse por la imprevista captura, por la Guardia costera norteamericana, en 1997, del yate La Esperanza frente a Aguadilla, en Puerto Rico. La embarcación se dirigía hacia la isla venezolana de Margarita con el objetivo confeso de asesinar al Jefe de la Revolución, quien iba a participar allí en una Cumbre Iberoamericana.
Dueño del yate, Llama fue acusado con los tripulantes de conspiración para asesinar al Presidente de Cuba. Sin embargo, todos los acusados fueron exonerados en diciembre de 1999 por un jurado complaciente, por "falta de pruebas".
El Herald no precisa que esta causa amañada fue manejada por Héctor Pesquera.
El director ejecutivo de la Fundación, Alfredo Mesa, calificó de "intento de extorsión y difamación, la denuncia de Llama, mientras Ninoska Pérez Castellón, directora y portavoz del CLC, dijo que el caso se encontraba "en manos de abogados".
El periódico reconoce que "con anterioridad, el Gobierno cubano había lanzado reiteradas acusaciones sobre los presuntos planes armados de la Fundación".
Precisa el autor del texto que "las revelaciones sobre la creación y el equipamiento logístico de ese organismo paramilitar secreto son parte de una investigación iniciada por El Nuevo Herald el pasado año y que ahora emergen por primera vez". Sin embargo, no explica el porqué de este silencio, que se habría prolongado indefinidamente si en Cuba no se hubiera publicado el material que Llama se veía reducido a difundir con recursos rudimentarios, en la calle.
Llama recordó que la conspiración criminal se fraguó durante el congreso anual de la FNCA celebrado en Naples, Florida, en junio de 1992. Según él, fue el puertorriqueño Miguel Ángel Martínez, quien "lanzó la idea".
Una veintena de directivos participaron en el delito conspirativo y designaron a José "Pepe Hernández y a Mas Canosa para que escogieran a los integrantes del grupo terrorista.
"En el congreso con directores y fideicomisos, celebrado al año siguiente (1993) en Puerto Rico, los escogidos comenzamos a reunirnos y a reparar en todo lo que hacía falta comprar", confesó Llama al Herald.
El periódico nombra "entre los integrantes del grupo" a Elpidio Núñez, Horacio García y Luis Zúñiga, Erelio Peña y Raúl Martínez, de Miami; Arnaldo Monzón Plasencia y Ángel Alfonso Alemán, de Nueva Jersey, implicado en el caso La Esperanza; Fernando Ojeda, Fernando Canto y Domingo Sadurní, de Puerto Rico.
Por razones desconocidas, no menciona a otros conspiradores denunciados por Llama: José "Pepe" Hernández, también implicado con él en el caso de La Esperanza; Luis Prieto, Miguel Ángel Martínez, Fermín Pernas y Luis Botifol.
Curiosamente, en la denuncia de José Antonio Llama no aparecen los nombres de tres prominentes jefes de la Fundación: el médico Alberto Hernández, el terrorista ampliamente fichado Roberto Martín Pérez y su esposa, la locutora Ninoska Pérez Castellón.
La compra de los aviones teledirigidos y de los otros equipos militares se realizó bajo la cobertura de las firmas Nautical Sports Inc, registrada en la Florida, y Refri Auto, radicada en República Dominicana, señala el reportaje.
Llama mostró a El Nuevo Herald las evidencias de transacciones que conserva en su casa del suroeste de Miami. Asegura que aportó 1 471 840,35 dólares de sus propios fondos "para financiar el proyecto" y considera que la enorme cantidad de dinero le fue estafada por varios directores de la Fundación.
Los explosivos se compraron a través del connotado terrorista Raúl López, quien era propietario de una firma autorizada al efecto, algo normal en la Florida mafiosa. Pepe Hernández ordenó a López que solicitara un préstamo en el Ready State Bank, de Miami, para estos fines.
Un mecánico, Eulogio Amado "Papo" Reyes, confirmó al Herald que ensambló los aviones, mientras José "Pepín" Pujol, terrorista fichado y capitan del Santrina, confesó que la Fundación lo utilizó desde 1993 como asesor para comprar embarcaciones.
El diario revela que Pujol acaba de ser citado por un Gran Jurado de El Paso, Texas, que investiga la entrada ilegal en Estados Unidos del terrorista Luis Posada Carriles —que el autor nombra "militante anticastrista".
Según Llama, los explosivos fueron lanzados desde una embarcación al fondo del mar, "en un arrecife cerca de Bahamas" por "Nolo" García, cuando una lancha patrullera bahamense se aproximó al yate de Núñez, donde se encontraba.
Por otro lado, Llama fue el responsable del Buró España de la FNCA y se encargó de desarrollar las relaciones entre el Partido Popular español y la FNCA. Participó en Madrid en una reunión que tuvo lugar en la sede del PP, calle Génova, en la que estuvieron Guillermo Gortázar, José María Aznar y Jorge Mas Canosa. En noviembre de 1995, Aznar se apareció en Miami donde confraternizó con los dirigentes de la FNCA. Llama animó luego la creación en España de una sucursal de la FNCA dirigida por Gortázar y a la cual se sumará Carlos Alberto Montaner, terrorista prófugo de la justicia cubana y hoy comentarista del Miami Herald. Aznar llevó a Miami hasta a los reyes de España, a quienes reunió con Mas Santos, Pepe Hernández y el propio Llama.

XXV

EL HOMBRE DE LAS 1 571 ARMAS


El exiliado cubano Robert Ferro, detenido con un arsenal de más de 1 571 armas en una casa al pie de los Uplands, en California, sostiene que es miembro de Alpha 66, un grupo terrorista cubanoamericano con oficinas en Miami, con un largo historial de acciones criminales contra Cuba. Sin embargo, hasta ahora, las autoridades judiciales no han presentado ante los tribunales acusaciones alguna en función de las leyes contra el terrorismo y tampoco se ha interrogado a los dirigentes de Alpha 66 en relación con esta espectacular captura.
Ferro, un miembro retirado de las Fuerzas Especiales del Ejército estadounidense, fue acusado a principios de los años 1990, de dirigir un campo paramilitar en una granja de pollos en la localidad de Pomona. Se jactaba entonces de dedicarse a “derrocar” a la Revolución cubana. En esa oportunidad, las autoridades encontraron 5 libras de C-4, un potente explosivo militar.
El miembro de Alpha 66 fue entonces convicto, en 1992, por “posesión de explosivos ilegales” y sentenciado a dos años en prisión, sin que los responsables del grupo terrorista sea molesto por la policía federal que siguió otorgándole la impunidad en Miami .
Esta vez, Ferro, de 61 años de edad, fue detenido después que las autoridades allanaran el viernes su vivienda y encontraran cientos de fusiles, ametralladoras y pistolas. Fue entonces cuando, Ferro dijo a los investigadores federales que pertenece al comando Alfa 66, según una declaración jurada presentada ante un tribunal federal por la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos.
Ferro dijo que la organización Alpha 66 pagó las armas y otros alijos parecidos, según este documento judicial.
La esposa del detenido, María Ferro, afirmó a la policía que no sabía nada de las actividades terroristas de Ferro. Declaró que sí conocía las orientaciones contrarrevolucionarias de su marido, “pero (yo) no sabía de las otras cosas en que estaba metido", dijo.
Las autoridades acudieron al lugar para investigar a Frank Fidel Beltrán, de 36 años, residente en La Verne, quien fue detenido el 27 de marzo en una casa de Rancho Cucamonga propiedad de Ferro, tras haber disparado contra un policía.
Según el diario The Los Angeles Times, la supervisora de agentes especiales del Departamento de Justicia, Shirley Lesslak, una bodega de vinos había sido convertida en un resguardo de armas y en campo de tiro.
El arresto de Robert Ferro, miembro del grupo de terroristas miamenses, ocurre cuando está presentada ante un tribunal de la Florida la causa del cabecilla mafioso Santiago Álvarez y de su socio Osvaldo Mitat con la presencia, a puerta cerrada, de Luis Posada Carriles, como testigo.
Los dos terroristas fueron detenidos en noviembre último, después de que se descubrió varias armas automáticas, algunas de ellas con la numeración limada; máscaras de gas, miles de municiones, granadas y explosivos además de un pasaporte guatemalteco falso.
Las autoridades han, hasta ahora, acusado a Ferro de estar operando un inmenso negocio de tráfico de armas. El fiscal del condado de San Bernardino ha presentado ocho acusaciones, incluyendo posesión de armas por un criminal, posesión de medios destructivos, posesión de un silenciador y posesión de un arma mortal.
Para la policía de Glendora, se trata de la más grande captura de armas jamás vista:
"Fuimos buscando par de armas," dijo el detective Joe Rodríguez . "La cantidad encontrada estaba muy por encima de lo que nadie se imaginaba. "
Los oficiales dijeron haber encontrado unos Uzis y AK-47 en el baño de la habitación principal. "La mayoría de las armas se encontraban con peines completamente llenos," declaró Rodríguez al L.A. Times, añadiendo que el campo de tiro del sótano había sido utilizado recientemente, “con silenciadores a las armas para que los vecinos no se enteraran”.
Según el diario californiano, Ferro, un emigrante cubano, fue acusado, a principios de los años 60, de haber utilizado explosivos para entrenar a unos mexicanos para “invadir” a Cuba.
Creado en 1961, Alpha 66 participó en varias de las llamadas "operaciones autónomas" orientadas por la CIA desde su estación miamense JM/WAVE. Entre las acciones criminales del grupo, se encuentran varios planes de atentados contra el Presidente de Cuba; ataques piratas a embarcaciones pesqueras; amenazas de muerte a personas vinculadas con Cuba en México, Estados Unidos, Ecuador, Brasil, Canadá, Puerto Rico. Documentos de inteligencia de la policía de Miami han señalado, hace unos años, que el grupo es "una de las más peligrosas organizaciones y de las más activas" en la Miami terrorista.
Desde la muerte de su ex líder Nazario Sargen, Alpha 66 es dirigido por Ernesto Díaz Rodríguez, de 66 años de edad. Entrenado por la CIA en República Dominicana, Díaz fue capturado en Pinar del Río el 4 de diciembre de1968, en una fracasada infiltración armada y fue condenado por la comisión de actos terroristas. Liberado, regresó a Estados Unidos y se vinculó a varios extremistas conocidos como Eusebio de Jesús Peñalver Mazorra, René Cruz Cruz y Mario Chanes de Armas, desarrollando planes de acciones criminales. En 1999, estuvo involucrado, con esta misma tropa, en un plan de atentado al Presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
El nuevo jefe de Alpha 66 sigue promoviendo abiertamente el terrorismo desde las oficinas de Alpha 66 del 1714 W. Flagler Street, en Miami; sin intervención del FBI. Mientras tanto, cinco cubanos que infiltraron, con todos los riesgos que comporta tal tarea, estos mismos círculos criminales, siguen secuestrados en cinco cárceles distintas del territorio norteamericano.
Ferro ha sido inculpado formalmente de cinco cargos de posesión ilegal de armas. Sin embargo, la Fiscalía federal no ha llevado acusación alguna de “conspiración para cometer actos de terrorismo”, a pesar de las confesiones del detenido, quien declaró a los investigadores que preparaba una acción armada contra Cuba.
Acusaciones de “conspiración para cometer actos de terrorismo” han sido llevadas últimamente en contra de sospechosos ante tribunales. Pero, de manera escandalosa, los fiscales federales de Bush no han sido capaces hasta ahora de llevar ante los tribunales a autores de actos de terrorismo contra Cuba o a individuos que predican el uso del terror o apoyan al terrorismo contra la Isla.
Ferro, de 61 años de edad, se encuentra detenido, sin posibilidad de fianza, en el centro de detención de West Valley, ubicado en Rancho Cucamonga. Debe comparecer de nuevo este miércoles ante la Corte federal de Distrito de Riverside.
El grupo terrorista (tolerado) Alpha 66, desde Miami, ha denegado que el individuo aparece “en la lista de sus 50 000 miembros” (sic). Sin embargo, el abogado del inculpado, Wayne M. Rozenberg, ha señalado en varias ocasiones a la prensa local que el grupo adoptó esa posición en función de su carácter de organización “secreta”.
El grupo terrorista cubanoamericano, con oficinas en Miami, tiene un largo historial de acciones criminales contra Cuba, incluso en California, donde tiene un “representante oficial”, Miguel Talleda.
Varios terroristas miamenses conocidos, entre ellos René Cruz Cruz, Ernesto Díaz Rodríguez, Eusebio de Jesús Peñalver Mazorra, Angel Francisco D'fana (o De Fana) Serrano, Jorge "Guiro" Barrego Amat, Alfredo Menocal, Frank Castro, Orlando Atienza, Rafael Rodríguez, Ramón Rodríguez y Guillermo Novo Sampol han estado implicados en acciones terroristas cometidas en la costa oeste de EE.UU.
Peñalver Mazorra, también implicado en un complot para asesinar al presidente venezolano, Hugo Chávez, murió el jueves pasado en Miami, a la edad de 71 años.

XXVI

“Cuando venga mi papᅔ

Tres años después de su regreso en Cuba, Olga Salanueva ha presentado ya varias solicitudes de visa ante la Sección de Interés de Estados Unidos en La Habana para poder realizar una visita a su esposo con sus hijas.
“Desde este momento, de parte del Gobierno de Cuba, a los familiares de los Cinco se nos ha dado todas las posibilidades para ir a verlos. Y yo, junto al resto de todos los familiares, presenté mis solicitudes de visa. En la primera ocasión se me dio pero cuando ya yo estaba preparándome, se revocó la visa”.
“Dijeron que habían tenido noticia de que, una vez que yo entrara en Estados Unidos, me podría unir a alguna organización que pudiera ser una amenaza contra la seguridad nacional de Estados Unidos….”
“Ahí en Miami, tuvieron dos años y dos meses para arrestarme, para ponerme tales cargos. No lo hicieron porque no tuvieron fundamento para hacerlo. ¿Cómo ahora que estoy aquí, es que soy un peligro? ¿Si ellos tenían el peligro supuestamente dentro de su territorio, por qué no tomaron medidas contra mí?”
“De eso se desprende que Ivette tampoco pueda ir. No debe viajar sola… siempre existe este riesgo que puedan tomar represalia con la niña. Una niña que, también, ha sufrido mucho”…
Ivette ha podido hablar con René por teléfono solo en algunas oportunidades… “Reconoce su voz… reconoce las fotos de él que salen por la televisión… Pero cuando se le pregunta: ‘¿Qué recuerdas de tu papá?' Ella no lo recuerda así… físicamente…”
Ivette anhela la esperada visita a René: “Pregunta cuándo será. Dice: ‘¡Quiero ir a conocer a mi papito!' Entiende el porqué de las cosas. Dice: ‘No he ido a ver a mi papá porque a mi mamá no le dan la visa'.
Pero además de ir a ver a René, Ivette sueña con su regreso. “Ella se siente muy bien en su mundo y entonces dice: ‘Cuando venga mi papá, es él que me va ir a buscar a la escuelal. Cuando venga papi, vamos a ir al parque”.
Mientras la suerte de los cinco cubanos queda secuestrada por una administración norteamericana sometida a los más mínimos deseos de sus aliados mafiosos de Miami, Ivette, su mamá y su hermana, siguen siendo víctimas, aún estando en Cuba, del chantaje del FBI.
El 21 de noviembre del 2004, ya fueron tres años que perdura la cruel maniobra destinada a destruir la voluntad de René a través del dolor de tan cruel separación.
Violando todas las normas penitenciarias y los convenios internacionales contra la tortura y los tratos crueles, inhumanos y degradantes, Pesquera y sus cómplices de la Fiscalía mantuvieron a René González, Gerardo Hernández, Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Fernando González durante 17 (diecisiete) meses consecutivos en celdas de castigo, en condiciones infrahumanas.
Siguen hoy encarcelados, por pura crueldad, en cinco prisiones distintas del inmenso territorio norteamericano con contactos prohibidos o muy restringidos, según el caso, con sus familiares.
El 27 de mayo de 2005, el Grupo de trabajo sobre las detenciones arbitrarias de la Comision de Derechos humanos de las Naciones Unidas declaró arbitrario e ilegal el encarcelamiento de Antonio Guerrero, Fernando González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y René González, e insistió para que el Gobierno de Estados Unidos tomará medidas para resolver esta situación.
El 9 de agosto de 2005, un panel de tres jueces del Onceno Circuito de la Corte de Apelación decidió por unanimidad anular las sentencias de los cinco cubanos y ordenó un nuevo juicio. La Corte reconoció de los Cinco a ser juzgado en un ámbito que no sea hostil, tal cómo previsto por la Constitución de los EE.UU.
Detrás del caso de los Cinco, se encuentra otro. El del propio Héctor Pesquera quien con tanta crueldad persiguió a aquellos que, arriesgando sus vidas, infiltraron las organizaciones criminales manejadas por los amigos terroristas de este agente corrupto del FBI.

ANEXOS

Discurso pronunciado por el Presidente de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la Tribuna Antimperialista "José Martí", en La Habana, el 20 de mayo de 2005.
Queridos compatriotas:
Lo que de inmediato les leeré ha sido elaborado a partir de numerosos documentos de archivo. He dispuesto para ello de brevísimo tiempo y contando con la colaboración de varios compañeros, ya que prometí ayer tenerlo listo para hoy a las 6:00 de la tarde. Opté por titularlo:

"LA CONDUCTA DIFERENTE"

12 de abril de 1997: Explota una bomba en la discoteca "Aché" del hotel Meliá Cohíba. Era la primera acción de la serie de atentados terroristas contra los hoteles ejecutada por la red montada en Centroamérica por Luis Posada Carriles y financiada por la Fundación Nacional Cubano Americana.
30 de abril de 1997: Fuerzas especializadas del Ministerio del Interior logran desactivar una carga explosiva descubierta en el piso 15 del Hotel Meliá Cohíba.
12 de julio de 1997: Se producen dos explosiones casi simultáneas en los hoteles Capri y Nacional. Cuatro personas resultaron heridas.
4 de agosto de 1997: Explosión terrorista en el hotel Meliá Cohíba.
11 de agosto de 1997: La Junta de Directores de la Fundación Nacional Cubano Americana publica un mensaje triunfalista y cínico presentando textualmente las bombas en los hoteles como "incidentes de rebeldía interna que durante las últimas semanas se vienen sucediendo a través de la Isla" y que "La Fundación Nacional Cubano Americana […] respalda sin ambages ni reparos" tales actos.
4 de septiembre de 1997: Explosiones en los hoteles Copacabana, Chateau y Tritón, y en La Bodeguita del Medio. En el primero muere el joven turista italiano Fabio di Celmo.
A partir de los actos terroristas perpetrados desde el 17 de octubre de 1992 hasta el 30 de abril de 1997, se había confeccionado una lista de 13 graves actos de esta índole, cometidos especialmente contra instalaciones turísticas, financiados casi en su totalidad por la Fundación Nacional Cubano Americana, y se elaboró un informe que se hizo llegar al Presidente de Estados Unidos a través de una destacada personalidad política que a principios de mayo realizó una visita privada a Cuba.
Sobre tales hechos se habían enviado igualmente numerosas notas al gobierno de Estados Unidos a través de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana (SINA).
1º de octubre de 1997: A las 11:00 p.m. se produce una llamada al MINREX de Michael Kozak, Jefe de la SINA, para trasladar información procedente de un tercer país que indicaba que podía tener lugar otro atentado con bomba en una instalación turística de la localidad de la Habana, los días primero o 2 de octubre, dentro de las próximas 24 horas, que no podían dar por confirmada esa información, pero deseaban que la conociéramos.
2 de octubre de 1997: En horas de la mañana, fue citado al MINREX el Jefe de la SINA para precisar detalles sobre la anterior información y agradecer oficialmente la comunicación.
5 de octubre de 1997: Se citó al Jefe de la SINA al MINREX para leerle y entregarle una copia del siguiente mensaje:
"Con relación a la información sobre el posible atentado con bomba en una instalación turística de la Habana los días primero y 2 de octubre, deseamos expresarles que aunque no se produjo explosión alguna, se ha podido comprobar que dicha información era rigurosamente exacta, y sus características similares a los planes anteriores.
"Considerando que pueda ser de interés y utilidad para las autoridades norteamericanas, deseamos comunicarle que la fuente que facilitó la misma demostró ser veraz. Se ha actuado con la máxima discreción solicitada. Expresamos nuestro agradecimiento."
El Jefe de la SINA respondió que la información que se le brindaba era útil; que ellos la obtuvieron, pero que no era posible confirmarla pues se trataba de un rumor; que ahora podrían confiar más en la fuente; que viajaría a Washington el siguiente domingo y que llevaría esa información que considera positiva; que si obtuvieran más de esta fuente sabrían cómo actuar; que no habían descubierto nada más en las investigaciones que habían hecho en Estados Unidos, pero que proseguían las mismas en Centroamérica, sobre todo después del artículo publicado por el Miami Herald. Dijo que cualquier información que tenga Cuba y que se pueda aportar a Estados Unidos sería muy útil, y concluyó señalando que "esto era bueno".
7 de marzo de 1998: El Jefe de la SINA pidió ser recibido urgentemente en el MINREX para trasladar información sensible. Dijo que tenía información de una fuente de confiabilidad no determinada de que un grupo de exiliados cubanos tenían planes de realizar un atentado con bomba entre el 7 y el 8 de marzo en Cuba. Que no conocía el lugar, hora y blanco específicos; pero que según la fuente los explosivos ya estaban en Cuba.
9 de marzo de 1998: El Ministro de Relaciones Exteriores recibió al jefe de la SINA y le leyó la siguiente nota:
"En relación con la información ofrecida verbalmente el pasado sábado 7 de marzo sobre planes de atentados terroristas organizados por exiliados cubanos a realizarse posiblemente los días 7 y 8 de este mes, y que ya los explosivos estaban en Cuba, deseamos comunicarles lo siguiente:
"1. Que una vez más se demuestra que las fuentes de información de las autoridades de Estados Unidos sobre estas actividades son absolutamente fidedignas.
"2. Que el pasado miércoles 4 de marzo en horas de la tarde fueron arrestadas dos personas procedentes del exterior y ocupados los explosivos y medios con los que se proponían realizar, bajo promesa de pago en efectivo de una cantidad de dinero por cada bomba, cuatro actos de carácter terrorista similares a los realizados con anterioridad, organizados de la misma forma y con los mismos fines y métodos.
"3. Las autoridades cubanas tratan de reunir la mayor información adicional posible.
"4. Estos hechos criminales son sumamente graves y afectan no sólo a Cuba y a Estados Unidos sino también a otros países de la región. Tenemos el deber de impedir la realización impune de los mismos. Ello no sería difícil si tanto Estados Unidos como Cuba coordinan, a través de los órganos correspondientes, la lucha contra tales acciones. Así se ha hecho en determinados casos de tráfico de drogas con absoluta seriedad y discreción.
"5. Hasta el momento no hemos informado públicamente de estos hechos, mientras realizamos determinadas gestiones e investigaciones, pero no será posible dejar de hacerlos públicos oportunamente.
"6. Agradecemos sinceramente la información suministrada."
Una vez terminada la lectura, la reacción inicial del Jefe de la SINA fue la de ofrecer gracias y felicitaciones a las autoridades cubanas por su eficiencia. Agregaron que si teníamos más información o pistas que se pudieran seguir para determinar quién está apoyando o controlando estas actividades, sería de mucha utilidad que la trasladáramos, pues el Gobierno norteamericano ya tiene tomada una decisión firme de perseguir y aplicar la ley contra quienes sean responsables de estos hechos. Insistió en que ellos todavía no tienen información sobre quién tiene la jefatura de estos hechos, que hay varias personas con historial, pero que no todos viven, trabajan o pasan por Miami, ni siquiera por Estados Unidos; que algunos están en otros países, todo lo cual dificulta las posibilidades de actuar contra ellos; que el Gobierno norteamericano está claro de que estos hechos no son de beneficio para nadie. Un funcionario de la SINA que le acompañaba agregó que les resultó de mucho
interés lo planteado por el coronel Rabeiro en la televisión, al mencionar que teníamos grabaciones del salvadoreño en conversaciones telefónicas con Centroamérica, que esta información sería de mucha utilidad, pues facilitaría poder ubicar a los que controlan estas actividades. Agregaron que después de la guerra de Centroamérica quedan muchas personas de extrema derecha en esos países que se involucran en actividades criminales; valoraron mucho la importancia de poder corroborar que la fuente de ellos es confiable, y comprendieron la importancia de colaborar en esta esfera. Al final, insistieron de nuevo en la utilidad de que compartiéramos cualquier información.
18 de abril de 1998: Partiendo de los intercambios positivos relatados y conociendo de un próximo viaje a Estados Unidos del escritor Gabriel García Márquez, ocasión en que se reuniría con William Clinton, lector y simpatizante de sus libros como otras muchas personas en el mundo y con el cual el autor había tenido anteriores contactos, decidí enviarle un mensaje al Presidente de Estados Unidos, que personalmente redacté.
El mensaje abordaba de forma breve y sintética siete temas. Me limitaré a incluir en este informe el primero y más directamente relacionado con los graves acontecimientos que hoy tienen lugar: los actos terroristas organizados y financiados desde Estados Unidos contra el pueblo de Cuba.
Llevaba el siguiente título:
"SÍNTESIS DE LAS PALABRAS EXPRESADAS A GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ QUE PUEDE TRANSMITIR CONFIDENCIALMENTE AL PRESIDENTE CLINTON.
"Punto 1" (textualmente), y sin tachadura alguna:
"Un asunto importante. Se mantienen planes de actividad terrorista contra Cuba, pagados por la Fundación Nacional Cubano Americana y usando mercenarios centroamericanos. Se han realizado ya dos nuevos intentos de hacer estallar bombas en nuestros centros turísticos antes y después de la visita del Papa. En el primer caso, los responsables pudieron escapar, regresando por vía aérea a Centroamérica sin lograr sus propósitos, dejando abandonados los medios técnicos y los explosivos, que fueron ocupados. En el segundo intento, fueron arrestados tres mercenarios, ocupándoseles los explosivos y demás medios. Son de nacionalidad guatemalteca. Por cada una de las cuatro bombas que debían estallar recibirían 1.500 dólares.
"Ambos casos fueron contratados y suministrados por agentes de la red creada por la Fundación Nacional Cubano Americana. Ahora están planeando y dando ya pasos para hacer estallar bombas en aviones de las líneas aéreas cubanas o de otro país que viajen a Cuba trayendo y llevando turistas desde y hacia países latinoamericanos. El método es similar: colocar el dispositivo de pequeño tamaño en lugar oculto del avión, explosivo potente, detonante controlado por reloj digital que puede ser programado hasta con 99 horas de anticipación, abandonar la nave normalmente en el lugar de destino. La explosión se produciría en tierra o en pleno vuelo posterior. Procedimientos verdaderamente diabólicos: mecanismos fáciles de armar, componentes casi imposibles de descubrir, entrenamiento mínimo para su empleo, impunidad casi total. Sumamente peligrosos para las líneas aéreas, instalaciones turísticas o de cualquier otro tipo. Instrumentos utilizables para crímenes y delitos muy graves.
Si llegan a divulgarse y conocerse tales posibilidades, pueden convertirse en una epidemia como ocurrió en otros tiempos con los secuestros de aviones. Otros grupos extremistas de origen cubano radicados en Estados Unidos comienzan a moverse en esa dirección.
"Las agencias policiales y de inteligencia de Estados Unidos poseen informaciones fidedignas y suficientes de los principales responsables. Si realmente lo desean, pueden hacer abortar a tiempo esta nueva forma de terrorismo. Imposible frenarla, si Estados Unidos no cumple el elemental deber de combatirla. No se puede dejar la responsabilidad de hacerlo sólo a Cuba, muy pronto podría ser víctima de tales actos cualquier país del mundo."
7 de mayo de 1998: Reunión del Gabo en la Casa Blanca.
INFORME TEXTUAL DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ SOBRE LA MISIÓN SOLICITADA DE HACER LLEGAR EL MENSAJE AL PRESIDENTE CLINTON.
Copia textual sin omitir una sola palabra:
"A fines de marzo, cuando confirmé a la Universidad de Princeton que iría a hacer un taller de literatura desde el 25 de abril, le pedí por teléfono a Bill Richardson que me gestionara una visita privada con el presidente Clinton para hablarle de la situación colombiana. Richardson me pidió que lo llamara una semana antes de mi viaje para darme una respuesta. Días después fui a La Habana en busca de algunos datos que me faltaban para escribir un artículo de prensa sobre la visita del Papa, y en mis conversaciones con Fidel Castro le mencioné la posibilidad de entrevistarme con el presidente Clinton. De allí surgió la idea de que Fidel le mandara un mensaje confidencial sobre un siniestro plan terrorista que Cuba acababa de descubrir, y que podía afectar no sólo a ambos países sino a muchos otros. Él mismo decidió que no fuera una carta personal suya, para no poner a Clinton en el compromiso de contestarle, y prefirió una síntesis escrita de nuestra conversación sobre el
complot y sobre otros temas de interés común. Al margen del texto, me sugirió dos preguntas no escritas que yo podría plantear a Clinton si las circunstancias fueran propicias.
"Aquella noche tomé conciencia de que mi viaje a Washington había sufrido un giro imprevisto e importante, y no podía seguir tratándolo como una simple visita personal. Así que no sólo le confirmé a Richardson la fecha de mi llegada, sino que le anuncié por teléfono que llevaba un mensaje urgente para el presidente Clinton. Por respeto al sigilo acordado no le dije por teléfono de quién era —aunque él debió suponerlo— ni le dejé sentir que la demora de la entrega podía ser causa de grandes catástrofes y muertes de inocentes. Su respuesta no llegó durante mi semana en Princeton, y esto me hizo pensar que también la Casa Blanca estaba valorando el hecho de que el motivo de mi primera solicitud había cambiado. Llegué inclusive a pensar que la audiencia no sería acordada.
"Tan pronto como llegué a Washington el viernes primero de mayo, un asistente de Richardson me informó por teléfono que el Presidente no podía recibirme porque estaría en California hasta el miércoles seis, y yo tenía previsto viajar a México un día antes. Me proponían, en cambio, que me reuniera con el director del Consejo Nacional de Seguridad de la Presidencia, Sam Berger, quien podía recibirme el mensaje en nombre del Presidente.
"Mi sospecha maligna fue que se estaban interponiendo condiciones para que el mensaje llegara a los servicios de seguridad pero no a las manos del Presidente. Berger había estado presente en una audiencia que me concedió Clinton en la Oficina Oval de la Casa Blanca, en setiembre de 1997, y sus escasas intervenciones sobre la situación de Cuba no fueron contrarias a las del Presidente, pero tampoco puedo decir que las compartiera sin reservas. Así que no me sentí autorizado para aceptar por mi cuenta y riesgo la alternativa de que Berger me recibiera en vez del Presidente, sobre todo tratándose de un mensaje tan delicado, y que además no era mío. Mi opinión personal era que sólo debía entregarse a Clinton en su mano.
"Lo único que se me ocurrió por lo pronto fue informar a la oficina de Richardson que si el cambio de interlocutor se debía sólo a la ausencia del Presidente, yo podía prolongar mi estancia en Washington hasta que él regresara. Me contestaron que se lo harían saber. Poco después encontré en mi hotel una nota telefónica del embajador James Dobbins, Director para Asuntos Interamericanos del Consejo de Seguridad Nacional (NSC) pero me pareció mejor no darla por recibida mientras se tramitaba mi propuesta de esperar el regreso del Presidente.
"No tenía prisa. Había escrito más de veinte páginas servibles de mis memorias en el campus idílico de Princeton, y el ritmo no había decaído en la alcoba impersonal del hotel de Washington, donde llegué a escribir hasta diez horas diarias. Sin embargo, aunque no me lo confesara, la verdadera razón del encierro era la custodia del mensaje guardado en la caja de seguridad. En el aeropuerto de México había perdido un abrigo por estar pendiente al mismo tiempo de la computadora portátil, el maletín donde llevaba los borradores y los disquetes del libro en curso, y el original sin copia del mensaje. La sola idea de perderlo me causó un escalofrío de pánico, no tanto por la pérdida misma como por lo fácil que habría sido identificar su origen y su destino. De modo que me dediqué a cuidarlo mientras escribía, comía y recibía visitas en el cuarto del hotel, cuya caja de seguridad no me merecía ninguna confianza, porque no se cerraba por combinación sino con una llave que parecía
comprada en la ferretería de la esquina. La llevé siempre en el bolsillo, y después de cada salida inevitable comprobaba que el papel seguía en su lugar y en el sobre sellado. Lo había leído tanto, que casi lo había aprendido de memoria para sentirme más seguro si tuviera que sustentar alguno de los temas en el momento de entregarlo.
"Siempre di por hecho además que mis conversaciones telefónicas de aquellos días ―como las de mis interlocutores— estaban intervenidas. Pero me mantuvo tranquilo la conciencia de estar en una misión irreprochable, que convenía tanto a Cuba como a los Estados Unidos. Mi otro problema serio era que no tenía con quién ventilar mis dudas sin violar la reserva. El representante diplomático de Cuba en Washington, Fernando Remírez se puso por entero a mi servicio para mantener abiertos los canales con La Habana. Pero las comunicaciones confidenciales son tan lentas y azarosas desde Washington —y en especial para un caso de tanto cuidado—, que las nuestras sólo se resolvieron con un emisario especial. La respuesta fue una amable solicitud de que esperara en Washington cuanto fuera necesario para cumplir la diligencia, tal como yo lo había resuelto, y me encarecieron que fuera muy cuidadoso para que Sam Berger no se sintiera desairado por no aceptarlo como interlocutor. El
remate sonriente del mensaje no necesitaba firma para saber de quién era: ‘Deseamos que escribas mucho'.
"Por una casualidad afortunada, el ex presidente César Gaviria había organizado para la noche del lunes una cena privada con Thomas ‘Mack' McLarty, quien acababa de renunciar a su cargo de consejero del presidente Clinton para América Latina, pero continuaba siendo su amigo más antiguo y cercano. Nos habíamos conocido el año anterior, y la familia Gaviria planeó la cena desde entonces con una finalidad doble: conversar con McLarty sobre la indescifrable situación de Colombia y complacer a su esposa en sus deseos de aclarar conmigo algunas inquietudes que tenía sobre mis libros.
"La ocasión parecía providencial. Gaviria es un gran amigo, un consejero inteligente, original e informado como nadie de la realidad de América Latina, y un observador alerta y comprensivo de la realidad cubana. Llegué a su casa una hora antes de la acordada, y sin tiempo de consultarlo con nadie me tomé la libertad de revelarle lo esencial de mi misión para que me diera nuevas luces.
"Gaviria me dio la verdadera medida del problema y me puso sus piezas en orden. Me enseñó que las precauciones de los asesores de Clinton eran apenas normales, por los riesgos políticos y de seguridad que implica para un Presidente de los Estados Unidos recibir en sus manos y por un conducto irregular una información tan delicada. No tuvo que explicármelo, pues recordé al instante un precedente ejemplar: en nuestra cena de Marta's Vineyard, durante la crisis por la emigración masiva de 1994, el Presidente Clinton me autorizó para que le hablara de ése y de otros temas calientes de Cuba, pero antes me advirtió que él no podía decir ni una palabra. Nunca olvidaré la concentración con que me escuchó, y los esfuerzos titánicos que debió hacer para no replicarme en algunos temas explosivos.
"Gaviria me alertó también en el sentido de que Berger es un funcionario eficiente y serio que debía tomarse muy en cuenta en las relaciones con el Presidente. Me hizo ver además que el solo hecho de comisionarlo para atenderme era una deferencia especial de alto nivel, pues solicitudes privadas como la mía solían dar vueltas durante años por las oficinas periféricas de la Casa Blanca, o se las transferían a funcionarios menores de la CIA o del Departamento de Estado. Gaviria, en todo caso, parecía seguro de que el texto entregado a Berger llegaría a manos del Presidente, y eso era lo esencial. Por último, como yo lo soñaba, me anunció que al final de la cena me dejaría a solas con McLarty para que me abriera el camino directo con el Presidente.
"La noche fue grata y fructífera, solo con nosotros y la familia Gaviria. McLarty es un hombre del sur, como Clinton, y ambos son de un trato tan fácil e inmediato como el de la gente del Caribe. En la cena se rompieron los hielos desde el principio, sobre todo en relación con la política de los Estados Unidos para América Latina, y en especial con el narcotráfico y los procesos de paz. ‘Mack' estaba tan informado que conocía hasta las minucias de la entrevista que me concedió el Presidente Clinton en setiembre pasado, en la cual se trató a fondo el derribo de las avionetas en Cuba, y se mencionó la idea de que el Papa fuera mediador de los Estados Unidos durante su visita a Cuba.
"La posición general de McLarty en las relaciones con Colombia —y por la cual parece dispuesto a trabajar— es que las políticas de los Estados Unidos requieren un cambio radical. Nos dijo que el gobierno estaba dispuesto a hacer contacto con cualquier presidente que fuera elegido para ayudar a fondo en la paz. Pero ni él, ni otros funcionarios con que hablé más tarde, tienen claro cuáles serían los cambios. El diálogo fue tan franco y fluido, que cuando Gaviria y su familia nos dejaron solos en el comedor, McLarty y yo parecíamos viejos amigos.
"Sin ninguna reticencia le revelé el contenido del mensaje para su presidente y no disimuló su sobresalto por el plan terrorista, aun sin conocer los detalles atroces. No estaba informado de mi solicitud de ver al presidente, pero prometió hablar con él tan pronto como éste regresara de California. Animado por la facilidad del diálogo, me atreví a proponerle que me acompañara en la entrevista con el presidente, y ojalá sin ningún otro funcionario, para que pudiéramos hablar sin reservas. La única pregunta que me hizo sobre eso —y nunca supe por qué— fue si Richardson conocía el contenido del mensaje, y le contesté que no. Entonces dio la charla por terminada con la promesa de que hablaría con el presidente.
"El martes temprano informé a La Habana por el conducto ya habitual sobre los puntos básicos de la cena, y me permití una pregunta oportuna: si el presidente decidía al final no recibirme y le encomendaba la tarea a McLarty y a Berger ¿a cuál de los dos debía entregarle el mensaje? La respuesta pareció inclinarse a favor de McLarty, pero con el cuidado de no desairar a Berger.
"Aquel día almorcé en el restaurante Provence con la señora McLarty, pues nuestra conversación literaria no había sido posible durante la cena de Gaviria. Sin embargo, las preguntas que ella llevaba anotadas se agotaron pronto, y sólo quedó su curiosidad por Cuba. Le aclaré todas las que pude y creo que quedó más tranquila. A los postres, sin que se lo pidiera, llamó por teléfono a su esposo desde la mesa, y éste me hizo saber que aún no había visto al presidente pero esperaba darme alguna noticia en el curso del día.
"Antes de dos horas, en efecto, un asistente suyo me informó a través de la oficina de César Gaviria que el encuentro sería mañana en la Casa Blanca, con McLarty y tres altos funcionarios del Consejo Nacional de Seguridad. Pensé que si uno de ellos hubiera sido Sam Berger lo habrían dicho con su nombre, y ahora mi sentimiento fue el contrario: me alarmó que no estuviera. ¿Hasta qué punto pudo haber sido por un descuido mío en alguna llamada intervenida? Ahora no importaba: puesto que McLarty había arreglado el asunto con el presidente, éste debía estar ya al corriente del mensaje. Así que mi decisión de no esperar más fue inmediata e inconsulta: acudiría a la cita para entregar el mensaje a McLarty. Tan seguro estaba, que reservé lugar en un vuelo directo para México a las cinco y media de la tarde del día siguiente. En esas estaba cuando recibí de La Habana la respuesta a mi última consulta con la autorización más comprometedora que me han dado en la vida: ‘Confiamos en tu talento'.
"La cita fue a las 11:15 del miércoles 6 de mayo en las oficinas de McLarty en la Casa Blanca. Me recibieron los tres funcionarios anunciados del Consejo de Seguridad Nacional (NSC): Richard Clarke, director principal de asuntos multilaterales y asesor del presidente en todos los temas de política internacional, y especialmente en la lucha contra el terrorismo y los narcóticos; James Dobbins, director principal de NSC para asuntos interamericanos con rango de embajador, y asesor del presidente para América Latina y el Caribe, y Jeff Delaurentis, director de asuntos interamericanos del NSC y asesor especializado en el tema de Cuba. En ningún momento surgió una coyuntura para preguntar por qué no estaba Berger. Los tres funcionarios fueron de trato amable y una gran corrección profesional.
"No llevaba notas personales, pero conocía el mensaje al dedillo, y en la agenda electrónica había anotado lo único que temía olvidar: las dos preguntas fuera de texto. ‘Mack' estaba terminando una junta en otra oficina. Mientras llegaba, Dobbins me dio una visión panorámica más bien pesimista de la situación de Colombia. Sus datos eran los mismos de McLarty en la cena del lunes, pero los manejaba con más familiaridad. Yo le había dicho a Clinton el año anterior que la política antidroga de los Estados Unidos era un agravante funesto de la violencia histórica de Colombia. Por eso me llamó la atención que este grupo de NSC —sin referirse a mi frase, por supuesto— parecía de acuerdo en que debía cambiarse. Fueron muy cuidadosos en no dar juicios sobre el gobierno ni los candidatos actuales, pero no dejaron dudas de que la situación les parecía catastrófica y de futuro incierto. No me alegré por los propósitos de enmienda, pues varios observadores de nuestra política en
Washington me los habían comentado con alarma. ‘Ahora que quieren ayudar de verdad son más peligrosos que nunca —me dijo uno de ellos— porque quieren meterse en todo'.
"McLarty, con un traje cortado sobre medida y sus buenas maneras, entró con la premura de alguien que hubiera interrumpido un asunto capital para ocuparse de nosotros. Sin embargo, impuso a la reunión un tono reposado, útil y de buen humor. Desde la noche de la cena me agradó que hablara mirando siempre a los ojos. Así fue en la reunión. Después de un abrazo cálido se sentó frente a mí, apoyó las manos en sus rodillas, y abrió la charla con una frase de cajón tan bien dicha que pareció verdad: ‘Estamos a su disposición'.
"Quise establecer de entrada que iba a hablar por derecho propio sin más méritos ni mandato que mi condición de escritor, y en especial sobre un caso tan abrasivo y comprometedor como Cuba. De modo que empecé con una precisión que no me pareció superflua para las grabadoras ocultas: ‘Esta no es una visita oficial'.
"Todos aprobaron con la cabeza y su solemnidad imprevista me sorprendió. Entonces conté de un modo simple y en un estilo de narración doméstica, cuándo, cómo y por qué había sido la conversación con Fidel Castro que dio origen a las notas informales que debía entregar al presidente Clinton. Se las di a McLarty en el sobre cerrado, y le pedí el favor de que las leyera para poder comentarlas. Era la traducción inglesa de siete temas numerados en seis cuartillas a doble espacio: complot terrorista, complacencia relativa por las medidas anunciadas el 20 de marzo para reanudar vuelos a Cuba desde los Estados Unidos, viaje de Richardson a La Habana en enero de 1998, rechazo argumentado de Cuba a la ayuda humanitaria, reconocimiento por el informe favorable del Pentágono sobre la situación militar de Cuba" —era un informe en que se afirmaba que Cuba no representaba ningún peligro para la seguridad de Estados Unidos, lo añado yo—, "beneplácito por la solución de la crisis de Iraq y gratitud por los comentarios que hizo Clinton ante Mandela y Kofi Annan en relación con Cuba."
Aquí, como se ve, enumera los demás puntos.
"McLarty no lo leyó para todos en voz alta como yo esperaba, y como sin duda habría hecho si lo hubiera conocido de antemano. Lo leyó sólo para él, al parecer con el método de lectura rápida que puso de moda el presidente Kennedy, pero los cambios de las emociones se reflejaban en su rostro como destellos en el agua. Yo lo había leído tantas veces que casi pude deducir a qué puntos del documento correspondía cada uno de sus cambios de ánimo.
"El primer punto, sobre el complot terrorista, le arrancó un gruñido: ‘Es terrible'. Más adelante reprimió una risa traviesa, y exclamó sin interrumpir la lectura: ‘Tenemos enemigos comunes'. Creo que lo dijo a propósito del punto cuarto, donde se describe la conspiración de un grupo de senadores para sabotear la aprobación de los proyectos Torres-Rangel y Dodd, y se agradecen los esfuerzos de Clinton para salvarlo.
"Al terminar la lectura, le pasó el papel a Dobbin, y éste a Clarke, quienes lo leyeron mientras ‘Mack' exaltaba la personalidad de Mortimer Zuckerman, dueño de la revista US News and World Report, que había viajado a La Habana en febrero pasado. Hizo el comentario por una mención que acababa de leer en el punto sexto del documento, pero no contestó la pregunta implícita de si Zuckerman había informado a Clinton de las dos conversaciones de doce horas que sostuvo con Fidel Castro.
"El punto que ocupó casi todo el tiempo útil después de la lectura fue el del plan terrorista que impresionó a todos. Les conté que había volado a México después de conocerlo en La Habana y tuve que sobreponerme al terror de que estallara la bomba. El momento me pareció oportuno para colocar la primera pregunta personal que me había sugerido Fidel: ¿No sería posible que el FBI hiciera contacto con sus homólogos cubanos para una lucha común contra el terrorismo? Antes de que reaccionaran, les agregué una línea de mi cosecha: ‘Estoy seguro de que encontrarían una respuesta positiva y pronta por parte de las autoridades cubanas'.
"Me sorprendieron la inmediatez y la energía de la reacción de los cuatro. Clarke, que parecía ser el más cercano al tema, dijo que la idea era muy buena, pero me advirtió que el FBI no se ocupaba de asuntos que fueran publicados en los periódicos mientras estuvieran en investigación. ¿Estarían los cubanos dispuestos a mantener el caso en secreto? Ansioso por colocar la segunda pregunta le di una respuesta para distender el ambiente:
‘Nada les gusta más a los cubanos que guardar un secreto'.
"A falta de un motivo apropiado para la segunda pregunta, la resolví como una afirmación mía: la colaboración en materia de seguridad podría abrir paso a un clima propicio para que se autorizaran de nuevo los viajes de norteamericanos a Cuba. La astucia salió mal, porque Dobbin se confundió, y dijo que eso quedaría resuelto cuando se implantaran las medidas anunciadas el 20 de marzo.
"Aclarado el equívoco, hablé de la presión a que me encuentro sometido por los muchos norteamericanos de toda clase que me buscan para que los ayude a hacer en Cuba contactos de negocios o de placer. Entre ellos mencioné a Donald Newhouse, editor de varias publicaciones periódicas y presidente de la Associated Press (AP), quien me ofreció una cena estupenda en su mansión campestre de New Jersey al terminar mi taller en la Universidad de Princeton. Su sueño actual es ir a Cuba para tratar con Fidel en persona la instalación de una oficina permanente de la AP en La Habana, semejante a la que tiene la CNN.
"No puedo asegurarlo, pero me parece que en la animada conversación de la Casa Blanca quedó claro que no tenían, o no conocen o no quisieron revelar ningún propósito inmediato de reanudar los viajes de norteamericanos a Cuba. Lo que sí debo destacar es que en ningún momento se habló de reformas democráticas, ni de elecciones libres o derechos humanos, ni de ninguno de los latiguillos políticos con que los norteamericanos pretenden condicionar cualquier proyecto de colaboración con Cuba. Al contrario, mi apreciación más nítida de este viaje es la certidumbre de que la reconciliación está empezando a decantarse como algo irreversible en el inconsciente colectivo.
"Clarke nos llamó al orden cuando la conversación empezó a derivar, y me precisó ―tal vez como un mensaje— que ellos darían los pasos inmediatos para un plan conjunto de Cuba y los Estados Unidos contra el terrorismo. Al final de una larga anotación en su libreta, Dobbins concluyó que se comunicarían con su embajada en Cuba para encaminar el proyecto. Yo hice un comentario irónico sobre el rango que le daba a la Oficina de Intereses en La Habana, y Dobbins me replicó con buen humor: ‘Lo que tenemos allá no es una embajada pero es mucho más grande que una embajada'. Todos rieron no sin cierta malicia de complicidad. No se discutieron más puntos, pues en verdad no era del caso, pero confío en que los hayan analizado después entre ellos.
"La reunión, contado el retraso de ‘Mack', duró cincuenta minutos. ‘Mack' la dio por terminada con una frase ritual: ‘Sé que usted tiene una agenda muy apretada antes de volver a México y también nosotros tenemos muchas cosas por delante'. Enseguida hizo un párrafo breve y ceñido que pareció una respuesta formal a nuestra gestión. Sería temerario intentar una cita literal, pero el sentido y el tono de sus palabras era expresar su gratitud por la gran importancia del mensaje, digno de toda la atención de su gobierno, y del cual se ocuparían de urgencia. Y a manera de final feliz, mirándome a los ojos, me coronó con un laurel personal: ‘Su misión era en efecto de la mayor importancia, y usted la ha cumplido muy bien'. Ni el pudor que me sobra ni la modestia que no tengo me han permitido abandonar esa frase a la gloria efímera de los micrófonos ocultos en los floreros.
"Salí de la Casa Blanca con la impresión cierta de que el esfuerzo y las incertidumbres de los días pasados habían valido la pena. La contrariedad de no haber entregado el mensaje al presidente en su propia mano me parecía compensada por lo que fue un cónclave más informal y operativo cuyos buenos resultados no se harían esperar. Además, conociendo las afinidades de Clinton y ‘Mack', y la índole de su amistad desde la escuela primaria, estaba seguro de que el documento llegaría tarde o temprano a las manos del presidente en el ámbito cómplice de una sobremesa. Al término de la reunión, también la Presidencia de la República se hizo presente con un gesto gallardo: a la salida de la oficina, un ujier me entregó un sobre con las fotos de mi visita anterior tomadas seis meses antes en la Oficina Oval. De modo que mi única frustración en el camino del hotel era no haber descubierto y gozado hasta entonces el milagro de los cerezos en flor de aquella primavera espléndida.
"Apenas tuve tiempo de hacer la maleta y alcanzar el avión de las cinco de la tarde. El que me había llevado de México catorce días antes tuvo que regresar a su base con una turbina averiada, y esperamos cuatro horas en el aeropuerto hasta que hubo otro avión disponible. El que tomé de regreso a México, después de la reunión en la Casa Blanca, se retrasó en Washington una hora y media mientras reparaban el radar con los pasajeros a bordo. Antes de aterrizar en México, cinco horas después, por causa de una pista fuera de servicio. Desde que empecé a volar hace cincuenta y dos años, nunca me había sucedido nada semejante. Pero no podía ser de otro modo, para una aventura pacífica que ha de tener un sitio de privilegio en mis memorias. Mayo 13 de 1998."
Aquí concluyó el histórico informe.
9 de mayo de 1998: Se recibe en el MINREX al Jefe interino de la SINA, John Boardman. El objetivo era trasladar un mensaje sobre el cual recibieron instrucciones el 8 de mayo en la noche para que se lo comunicaran a Alarcón y al MINREX —indiscutiblemente que ese mismo día llegó el mensaje o tuvo los efectos que el Gabo esperaba del mensaje. Dijo —el jefe interino— que por alguna vía que él desconocía el Gobierno de Cuba había hecho saber al Gobierno de su país que nuestras autoridades tenían preocupaciones fundadas de que hubiera la intención por parte de organizaciones radicadas en los Estados Unidos de llevar a cabo acciones terroristas contra Cuba, en particular en la esfera del turismo y muy específicamente acciones contra aviones de pasajeros con turistas que viajan desde y hacia Cuba.
La respuesta del gobierno de los Estados Unidos que se trasladaba por esta vía era la siguiente:
"• El Gobierno de los Estados Unidos no tiene información sobre vínculos existentes entre ciudadanos de los Estados Unidos y los actos terroristas que se cometieron en los hoteles. La prensa ha hecho especulaciones pero el gobierno de los Estados Unidos no tiene información seria al respecto.
"• El Gobierno de los Estados Unidos ha presentado numerosas Notas diplomáticas indicando su disposición para analizar cualquier información o evidencia física que el Gobierno de Cuba tenga que fundamente esas informaciones.
"• El Gobierno de los Estados Unidos desea reiterar que esta es una oferta seria. Está preparado para recibir cualquier información y evaluar alguna oportunidad para que sus expertos examinen cualquier evidencia física que el Gobierno de Cuba pueda tener al respecto.
"• El Gobierno de los Estados Unidos manifiesta su preocupación por esas acciones terroristas y está dispuesto a actuar sobre esas informaciones para hacer cumplir la ley y combatir el terrorismo internacional.
"• El Gobierno de los Estados Unidos solicita al Gobierno de Cuba compartir las informaciones adecuadas con otros gobiernos que puedan tener en relación con el riesgo de actos terroristas sobre vuelos a Cuba desde sus territorios.
11 de mayo de 1998: Remírez informa que fue citado por el Departamento de Estado para encuentro con John Hamilton, quien le hizo los siguientes planteamientos:
"1) Objetivo reunión era reiterar planteamiento de la SINA el pasado sábado, y consistía en dar respuesta a nuestras preocupaciones sobre actividades terroristas contra Cuba, usando para agilizar ‘double track diplomacy' (diplomacia dos vías).
"2) Como en ocasiones anteriores, acogieron con seriedad nuestras preocupaciones sobre posibles actos terroristas contra instalaciones turísticas y aeronaves.
"3) Según las verificaciones que han realizado no hay elementos permitan indicar existencia planes desde Estados Unidos.
"4) En pasado, ante nuestros alegatos de que personas y/o organizaciones en Estados Unidos puedan estar involucradas en actos terroristas contra Cuba, nos han pedido evidencias con interés investigar.
"5) En estos momentos quieren enfatizar la seriedad de la oferta de Estados Unidos para investigar y tomar acciones apropiadas ante cualquier evidencia tengamos. No es intento de devolver la pelota a nuestra cancha ni tampoco un trámite formal
"6) Seriamente quieren examinar de conjunto cualquier evidencia tengamos y darle seguimiento hasta su esclarecimiento. Por nuestra parte agradecimos ofrecimiento asegurándole lo trasladaríamos nuestras autoridades y le preguntamos si oferta incluía cooperación entre los dos países en eventual proceso investigativo, a lo que Hamilton contestó que suponía así fuera. Reiteró que oferta era seria y no mera respuesta diplomática, agregando que único objetivo reunión por su importancia era ese."
12 de mayo de 1998: El MINREX citó al Jefe Interino de la SINA y le trasladó la siguiente respuesta a la solicitud que plantearan el pasado sábado 9 en nombre del Gobierno de los Estados Unidos:
Recuerden que la entrevista fue el 8, la del Gabo, en la Casa Blanca. La respuesta nuestra decía:
"Las informaciones nuestras son muy seguras, pero por vías muy sensibles a la divulgación de las fuentes. No podemos trabajar como proponen. Nos satisface saber que están alertas y prestando atención al problema."
El Jefe interino de la SINA aceptó y agradeció la pronta respuesta y manifestó su disposición a tramitar cualquier información que estimáramos apropiada sin que se comprometiera la fuente. Su acompañante, quien había sido descrito como el funcionario SINA encargado de los asuntos relativos al cumplimiento de las leyes y temas de seguridad, intervino para afirmar que van a seguir de cerca este asunto por todas las vías posibles, a través de todas sus agencias, y en contacto con los diferentes grupos. También verificarán con servicios de otros países. Comentó que ellos consideran que "a estas alturas, cualquier amenaza de esta naturaleza es intolerable".
20 de mayo de 1998: Alarcón recibe una llamada de Hamilton desde Washington en la que le explicó le llamaba personalmente por la importancia del asunto y que deseaba plantearle lo siguiente:
"h Sobre riesgos actos terroristas contra aviones viajen a Cuba: Toman muy seriamente información le trasladó Cuba y adoptarán medidas seguridad en aviones salgan de Estados Unidos.
"h Para desarrollar otras acciones necesitarían analizar pruebas poseemos en Cuba. Están dispuestos enviar expertos norteamericanos a Cuba para analizarlas con nosotros.
"• Con elementos ellos recibieron de nosotros no pueden hacer advertencias a otros países desde donde también salen aviones hacia Cuba. Caso nosotros hagamos tal advertencia, podemos informar a esos países que Estados Unidos estaría dispuesto a considerar forma expedita solicitudes asistencia técnica para prevenir incidentes."
3 de junio de 1998: El Jefe de la SINA, Michael Kozak, se entrevista con Alarcón. Le informa sobre los preparativos para el envío a Cuba de una delegación del FBI y le entrega el texto que los norteamericanos piensan circular entre las compañías aéreas para consideración de la parte cubana. El texto dice lo siguiente:
"Hemos recibido información sin confirmar acerca de un complot para colocar artefactos explosivos a bordo de naves aéreas civiles que operan entre Cuba y países latinoamericanos. Las personas involucradas en el complot planean dejar un pequeño artefacto explosivo a bordo de una nave aérea con el intento de hacer que el artefacto estalle durante la prolongación del servicio. El artefacto explosivo, según informes, es de tamaño pequeño, contiene un fusible y un cronómetro digital capaz de ser programado 99 horas antes. No se ha identificado blanco, lugar y marco de tiempo específicos."No podemos descontar la posibilidad de que la amenaza pueda incluir operaciones de carga internacional desde los Estados Unidos. El Gobierno de Estados Unidos continúa buscando información adicional para esclarecer, y verificar o refutar, esta amenaza."
4 de junio de 1998: Se instruye a Alarcón responder que la delegación puede viajar a partir del día 15.
5 de junio de 1998: Alarcón entrega al Jefe de la SINA respuesta cubana, que yo también redacté personalmente —venía siguiendo el problema, como es lógico, como es elemental, desde el momento en que enviamos el mensaje—, a la propuesta de información circular presentada por los norteamericanos, que dice textualmente:
"Nosotros no solicitamos que se hiciese advertencia alguna a las compañías de aviación. No es esa la forma de enfrentar este problema para cuya solución se pueden y deben tomar otras medidas." Efectivamente, nosotras tomamos muchas medidas cuidando los aviones, sobre todo, durante semanas estuvimos planteando eso, hasta que, claro, los golpes que ellos recibieron con los arrestos aquí, el descubrimiento de todos sus planes, las confesiones de todos los arrestados, permitieron conocerlo todo en detalle, denunciarlo, desbaratar sus planes. Fue Cuba la que desbarató esos planes. Entonces le decíamos, por eso debo explicarlo: No es esa la forma de enfrentar este problema para cuya solución se pueden y deben tomar otras medidas. "Nadie podría garantizar la discreción. Una indiscreción en este caso pudiera incluso dificultar la investigación y obstaculizar medidas más eficientes.
"Su difusión además podría crear pánico", y, efectivamente, creó pánico "ocasionando considerable daño a la economía de Cuba, que es precisamente lo que están buscando los terroristas. Este daño además afectaría a las líneas aéreas.
"Por esas razones no estamos de acuerdo con que se trasmita la advertencia y nos oponemos seriamente a ello. Con el grupo de expertos podemos analizar bien los pasos más aconsejables."
Porque ellos, realmente, tuvieron la delicadeza, si se quiere, o la elemental cortesía de consultar con nosotros la nota que iban a circular. Les expusimos nuestro punto de vista.
En la reunión, el Jefe de la SINA planteó que pudiera tratarse de una confusión con el mensaje inicial (que ellos pensaron que les pedían se hiciera la advertencia) o que hubiera alguna obligación legal para sus autoridades de advertir a las líneas aéreas y cubrirse de eventuales reclamaciones. Dijo que trasmitiría la posición cubana a Washington y que no harían advertencia.
6 de junio de 1998: Nueva reunión de Alarcón con el Jefe de la SINA. Este entrega mensaje norteamericano en respuesta al documento entregado el día anterior, que antes le había leído por teléfono, en el que se plantea:
"1. El proyecto de aviso suministrado ya a la parte cubana es llamado una ‘información circular'. De acuerdo con las leyes y regulaciones de aviación de los Estados Unidos, se requiere suministrar informaciones circulares a las oficinas de seguridad interna de las líneas aéreas cada vez que el gobierno de los Estados Unidos tiene cualquier información creíble relativa a posible amenaza al avión."
Explican que hay leyes, que hay regulaciones, que los obligan a informar. Bien, en realidad esto pudo haberse discutido cómo hacerlo, y no con todos los datos que nosotros habíamos incluido en el mensaje.
"2. Aproximadamente de 15 a 20 informaciones circulares son emitidas cada año por la Administración Federal de Aviación. Estos no son documentos públicos."
Claro, no son públicos; pero si usted circula decenas y cientos de documentos crea alarma en todas partes, no hay modo de llevar a cabo una investigación seria, que es lo importante, investigar, probar, descubrir y capturar a los autores. Pero bien, tengo el deber de informar que lo que se argumentó; es posible, no conozco todas esas regulaciones, que se sintieran obligados por ley a informar.
"3. De acuerdo con nuestra ley y regulaciones, estamos requeridos a proceder inmediatamente con la notificación a las aerolíneas que tienen aviones que vuelan entre los Estados Unidos y Cuba directamente o a través de terceros países, y de notificar a los gobiernos de los terceros países. No tenemos alternativa a este respecto" —dijeron—, "en la medida en que creemos que la información es creíble."
Sí, la información era bien creíble; nosotros teníamos todos los elementos para conocerla, como lo demostraron las respuestas que le dimos y que indicaban con toda seguridad que los datos que nos habían hecho llegar eran ciertos, y que estaban capturados en algunos casos los autores y en otros habían escapado.
"4. Dada la naturaleza de esta información, y nuestra obligación de cooperar con otros países para prevenir ataques contra la aviación, seguimos creyendo que es importante que ustedes o nosotros notifiquemos a las aerolíneas que vuelan desde otros destinos y a los gobiernos responsables. Si fuera posible para la parte cubana adelantar la reunión de expertos para comienzos de la próxima semana (por ejemplo, martes o miércoles) propondríamos hacer tales notificaciones después que hubiéramos tenido una oportunidad de evaluar la información con la parte cubana. Si tal reunión temprana no es realizable, nosotros procederíamos a hacer las notificaciones. Cualquier paso adicional podría ser determinado durante la reunión de expertos la semana del 15 de junio."
Realmente, esta nota es del 6 de junio. Una reunión como aquella del 15 no se improvisa, no se prepara en dos días, requería un mínimo de cinco o seis días; de modo que no se podía adelantar para el 7, realmente tuvo lugar el 15, que era la fecha acordada.
"5. Nosotros reconocemos los puntos señalados por las autoridades cubanas que procuremos evitar daños a la investigación en pactos adversos sobre las líneas aéreas y la economía cubana. Estamos haciendo el máximo respecto a estos puntos dentro de la limitada discreción otorgada por nuestras leyes y regulaciones y la prioridad que atribuimos a la prevención de ataques contra aviones civiles. Nuevamente, estas circulares de información son relativamente de rutina y en nuestra experiencia, incluso cuando ellas se han hecho públicas, normalmente no tienen impacto significativo o duradero en la transportación aérea de pasajeros o carga."
En realidad, debo decir que ellos venían respondiendo cada una de las cuestiones que nosotros planteábamos. A mi juicio, estos intercambios los realizaron de buena fe, no hubo mala fe. Hemos tratado de profundizar y veíamos la insistencia con que ellos planteaban que determinados instrumentos legales los obligaba a hacer eso.
Ese propio día, Alarcón entrega al Jefe de la SINA nueva respuesta del Ministerio de Relaciones Exteriores, redactada en los términos siguientes:
"Estamos en desacuerdo. La probable publicidad de esa información perjudica los trabajos de investigación, satisface y alienta los planes de los terroristas contra la economía cubana.
"Ignoramos y no podemos comprender la existencia de obligaciones de carácter legal que, lejos de beneficiar, pueden afectar los esfuerzos que se realizan para evitar víctimas humanas y daños materiales.
"La divulgación en detalle de los procedimientos que pueden ser utilizados para tales actos, constituye un incuestionable error que puede favorecer los planes de grupos terroristas activos o potenciales" —no queríamos que lo publicaran, porque estaban dando datos técnicos sobre la forma de preparar esos atentados. "Respetamos los criterios de las autoridades norteamericanas, pero no coincidimos en la forma en que deben contrarrestarse tales actividades, las cuales deben ser analizadas, a partir de la información disponible, con el cuidado y la profundidad requeridos."
Ahora se comprende con mucha claridad. Es incuestionable que albergaban el temor de que se produjera un hecho, un sabotaje de ese tipo, y ellos, teniendo la información, no la hubieran divulgado a la aerolínea, aunque esto no sirviera para nada en absoluto; las aerolíneas no están en condiciones, no disponen de los medios ni de los antecedentes, ni de la información para evitar un acto terrorista de ese tipo.
El Jefe de la SINA señaló que había hablado con el señor Dobbins, responsable de América Latina en el Consejo Nacional de Seguridad, quien pidió trasladara los siguientes comentarios adicionales:
"h Que tenían la obligación de alertar a las empresas que vuelan desde Estados Unidos por las leyes norteamericanas, y a las que desde otros países vuelan a Cuba, como consecuencia de acuerdos internacionales. La decisión de ellos de trasmitir esa advertencia indicaba que tomaban seriamente nuestra información y la consideraban creíble."
Y lo demostraban con esa inquietud tremenda que los llevaba de inmediato a circular la información.
"• Con respecto al párrafo 4 del documento, Dobbins insistió en que no lo fuéramos a interpretar, en modo alguno, como un elemento de presión. De lo que se trata es que si bien ellos tienen la obligación de informar inmediatamente a las líneas que vuelan desde los Estados Unidos, la obligación respecto a las que salen desde otros países, aunque también existe, no les resulta tan presionante, pero no pueden retenerla durante toda una semana. Teóricamente, la reunión de expertos pudiera llevarlos a la conclusión de que la amenaza no fuera tan inminente, pero como parten de la base de considerar seriamente nuestra información y darle credibilidad, entonces no podrían esperar ese tiempo sin cumplir su obligación."
Yo no tengo duda, realmente, de que estos intercambios por parte de ellos fueron de buena fe; fueron serios por ambas partes, debo reconocerlo, es justo.
8 de junio de 1998: La Agencia Federal de Aviación emite la información circular. Esta que hemos estado mencionando. Es decir, ese mismo día casi, dos días después.
15 de junio de 1998: Llega a La Habana delegación del FBI para sostener contactos con las autoridades cubanas.
16-17 de junio de 1998: Se efectúan varias reuniones conjuntas en La Habana entre expertos cubanos y oficiales norteamericanos del FBI sobre el tema de los planes de atentados terroristas. Se entrega a la delegación norteamericana del FBI abundante información documental y testimonial. Los materiales entregados incluían 64 folios en los que se aportaban elementos investigativos acerca de 31 acciones y planes terroristas contra nuestro país, ocurridos entre 1990 y 1998. A la mayor parte de estas acciones estaba vinculada la Fundación Nacional Cubano Americana que, además, organizó y financió los más peligrosos, especialmente los ejecutados por la estructura terrorista dirigida por Luis Posada Carriles en Centroamérica. Se adjuntaron relaciones detalladas y fotografías del armamento, los explosivos y los medios ocupados en cada hecho. Además, se entregaron 51 folios con información sobre el dinero suministrado por la Fundación Nacional Cubano Americana a diferentes grupos
terroristas para realizar acciones contra Cuba; se incluyeron también las grabaciones de 14 conversaciones telefónicas de Luis Posada Carriles en las cuales brindaba información acerca de acciones terroristas contra Cuba; datos para ubicar a Posada Carriles, tales como direcciones de sus residencias, lugares que frecuentaba, características de los autos y chapas en El Salvador, Honduras, Costa Rica, República Dominicana, Guatemala y Panamá. Se entregaron también las transcripciones de 8 conversaciones de terroristas detenidos en Cuba en las que revelan sus vínculos con Posada Carriles.
Los oficiales del FBI recibieron también 60 folios con las fichas de 40 terroristas de origen cubano, la mayoría residentes en Miami, incluidos los datos para su ubicación. Se llevaron, además, tres muestras de sustancias explosivas de 2 gramos cada una, de las bombas desactivadas antes de explotar en el Hotel Meliá Cohíba el 30 de abril de 1997 y en un microbús de turismo el 19 de octubre de 1997, así como del artefacto explosivo ocupado a dos terroristas guatemaltecos el 4 de marzo de 1998.
Se entregaron, además, 5 casetes de video y 8 de audio con declaraciones de los terroristas centroamericanos arrestados por la colocación de bombas en los hoteles, en los cuales narran sus vínculos con organizaciones terroristas cubanas que operan desde Estados Unidos y en particular con Luis Posada Carriles.
La parte norteamericana reconoció el valor de la información recibida y se comprometió a dar respuesta del análisis realizado a estos materiales en el más breve plazo.
Transcurren extrañamente casi tres meses sin la respuesta seria prometida. Se reciben sólo algunas noticias intrascendentes.
El 12 de septiembre —presten bien atención, no se habían cumplido tres meses— son arrestados los cinco compañeros, hoy Héroes de la República de Cuba (Aplausos), que, destacados en Miami, constituían la principal fuente de información sobre las actividades terroristas contra nuestro país. No resultó detenido ningún terrorista en ninguna parte, resultaron detenidos los compañeros que habían suministrado la información —aunque, desde luego, no había ningún elemento para identificar las fuentes—; pero lo que sí pudieron apreciar es que había informaciones serias y fidedignas, y que nuestras denuncias estaban muy bien fundadas, eran exactas; desde luego, no las únicas, pero eran de las fundamentales.
Uno de ellos tenía la misión de seguir las actividades de Orlando Bosch nada menos, ese que indultaron allí, a pesar de sus monstruosos crímenes.
¿Qué había ocurrido realmente? La dirección de la mafia de Miami se había percatado de los contactos e intercambios entre las autoridades de Cuba y Estados Unidos con relación a los brutales actos de terror que venían cometiéndose impunemente contra nuestro país, y movieron todas sus fuerzas e influencias —que, como se sabe, son muchas— para impedir a toda costa cualquier avance en ese terreno.
¿Quién fue uno de los responsables principales en la ruptura de los contactos? El jefe del FBI en Miami: Héctor Pesquera. Este funcionario había ostentado el mismo cargo en Puerto Rico, coincidiendo con el arresto del comando organizado directamente por el grupo paramilitar de la Fundación Nacional Cubano Americana capturado por los guardacostas en las proximidades de aquella isla donde fueron arrestados, ocupándoseles el yate y las armas. Todos conocen cuál era el objetivo de ese comando en la Isla Margarita, en una reunión internacional en la que nosotros estábamos invitados y fuimos.
Pesquera, que era un miembro de la mafia, fue clave en lograr la impunidad total del grupo terrorista.
Se conoce que en los niveles más altos del FBI había determinada resistencia a la idea de romper los intercambios con Cuba, pero el empuje y la influencia política de los líderes de la mafia pudieron más. Pudieron más, incluso, que el Presidente de Estados Unidos y que el Consejo de Seguridad Nacional de ese país, era evidente. Ya vimos lo que nos contó el Gabo de cómo eran las cosas allí, que no se podía ni hablar en voz alta.
Sin duda que el FBI venía ya siguiendo los pasos del grupo antiterrorista cubano, cuya información acerca de los planes de hacer estallar aviones de aerolíneas en tierra o en pleno vuelo, yo había hecho llegar al presidente de Estados Unidos. Tales actos monstruosos podían costar la vida tanto a ciudadanos cubanos como a norteamericanos, muchos de los cuales viajaban a Cuba en esos aviones.
Pesquera, jefe del FBI en Miami, concentró todas sus fuerzas en identificar, perseguir y enjuiciar a los cubanos. Se conoce el trato brutal recibido por los patriotas cubanos.
De acuerdo con lo publicado por El Nuevo Herald el 15 de septiembre de 1998, a los primeros que Pesquera informó del arresto de nuestros Cinco Héroes fue a los congresistas Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart.
El propio Pesquera hizo confesiones en un programa radial de Miami, que permiten comprobar cómo había llegado desde Puerto Rico con la orientación de proceder a cualquier costo contra el grupo de cubanos infiltrados en las organizaciones terroristas miamense:
"Yo llegué aquí en mayo de este mismo año, del 1998. Me ponen en conocimiento de lo que hay. Empezamos entonces a hacer hincapié en esta investigación. A los efectos de inteligencia, ya no debería mantenerse ahí. Y debería cambiar de rumbo e irse entonces a una investigación criminal."
El ya tiene la decisión tomada y las órdenes y dice que ya no hay que seguir la búsqueda de actividad de inteligencia, sino que hay que llevar a cabo una investigación de carácter criminal contra los patriotas cubanos.
La línea que siguió nuestro país fue muy distinta. En entrevista concedida a la periodista Lucía Newman, de la CNN, en Oporto, Portugal, sede de una Cumbre Iberoamericana, el 19 de octubre de 1998, le dije textualmente —todavía no se habían cometido las monstruosidades legales que después conocimos. Eso fue el 19 de octubre, un mes y unos días después que habían, incluso, arrestado a los primeros compañeros:
"Estamos dispuestos a colaborar en la lucha contra actividades terroristas que puedan afectar a Cuba o puedan afectar a Estados Unidos.
"Estados Unidos corre un riesgo potencial con relación a los cientos de organizaciones extremistas, muchas de las cuales están armadas en los propios Estados Unidos, y algunos de los procedimientos que usan contra Cuba pueden usarlos allá, porque algunos de estos están desarrollados, sofisticados" —me refiero a los métodos, a los procedimientos, a la técnica. "Nosotros les hemos planteado a las autoridades de Estados Unidos, les hemos hecho saber, les hemos comunicado las experiencias, los métodos terroristas que se usan contra nuestro país, lo cual es una contribución que puede ayudarlos a defenderse, porque lo considero un país muy vulnerable a esos tipos de ataques."
Lo más dramático para el pueblo norteamericano es que mientras Pesquera y sus efectivos se consagraban con ensañamiento a la persecución, arresto y enjuiciamiento escandaloso de los cubanos, no menos de 14 de los 19 participantes en los ataques del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas de Nueva York y otros objetivos vivían y se entrenaban precisamente en el área de responsabilidad y ante las narices de Pesquera.
Apenas habían transcurrido tres años del arresto de nuestros abnegados y valientes compañeros ―que con los informes que recogieron y fueron puestos por Cuba a disposición del pueblo de Estados Unidos tal vez salvaron numerosas vidas de ciudadanos de ese país—, cuando miles de norteamericanos inocentes perdieron la vida aquel funesto día del 2001. Es decir, no habían transcurrido en realidad tres años de ese arresto y miles de norteamericanos perecieron allá en Nueva York, víctimas de un atentado, en el que la inmensa mayoría de los actores se entrenaron en la Florida.
Como nuestros compatriotas y la opinión pública internacional pueden observar, ninguno de los documentos desclasificados por nosotros contiene una sola tachadura.
Antes de concluir, deseo expresar que el autor del informe, Gabriel García Márquez, fue consultado sobre su publicación. Ayer mismo le envié mensaje a Europa, en el que le trasmitía lo siguiente:
"Tengo imprescindible necesidad de hablar del tema del mensaje que envié contigo sobre las actividades terroristas contra nuestro país. No afecta en nada al destinatario y mucho menos afectará tu gloria literaria.
"Se trata en esencia del texto que yo envié y del maravilloso informe que me remitiste y lleva tu inconfundible estilo. Son como las memorias mías, y pienso que las tuyas estarían incompletas si no contienen ese mensaje."
Todo lo que he narrado explica por qué, al iniciar mis palabras, hablé de "La conducta diferente".
¡Viva la amistad entre los pueblos de Cuba y de Estados Unidos! (Exclamaciones de: "¡Viva!")
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!

II

BBC Mundo, Reino Unido, 2 de agosto del 2005


NACIONES Unidas dice que el encarcelamiento de cinco cubanos en Miami, Estados Unidos, bajo cargos de espionaje viola acuerdos internacionales.
El Grupo de Trabajo de Detención Arbitraria de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas dijo que el juicio que se realizó hace cuatro años no fue imparcial, y que las sentencias de entre quince años y dos cadenas perpetuas fueron excesivamente severas.
El panel de la ONU señaló que a Los Cinco detenidos se les había negado el acceso apropiado a sus abogados y a evidencia importante.
Cuba considera que Los Cinco hombres son unos héroes que sólo estaban tratando de evitar que grupos de exiliados en Miami atacaran al gobierno de Fidel Castro.
Nuestro corresponsal en La Habana, Fernando Ravsberg, conversó con las esposas de Gerardo Hernández y René González, dos de Los Cinco cubanos presos.
Adriana Pérez y Olga Salanueva no han podido visitar a sus esposos pues Washington les ha negado la visa para entrar a los EE.UU.
¿Qué argumento manejan las autoridades estadounidenses para negarles la entrada al país?
Olga: Las visas las han negado con diferentes argumentos que van cambiando a medida que los desmentimos. Dicen que somos un peligro para la seguridad de los EEUU.
Ellos llevan 7 años presos y muy pocos familiares los han visitado hasta ahora. Tardamos meses en comunicarnos telefónicamente con la Oficina de Intereses de los EE.UU. en La Habana.
Nos dan una cita para dentro de tres meses y nos dicen que éste no es un caso que puedan decidir allí, que tenemos que esperar una decisión de Washington, por lo que habrá que esperar tres, cuatro o seis meses. En ocasiones se han demorado más de un año.
Hasta el momento, nos han negado la visa en seis ocasiones.
Tenemos una hija que nació en 1998, es ciudadana estadounidense y no conoce a su padre. Es muy cruel.
¿Por qué niegan ser espías si estaban en EE.UU. recabando información para enviarla a Cuba?
Olga: En primer lugar, la información dada nunca comprometió la seguridad nacional de EEUU.
Las organizaciones terroristas (sic) (a las que vigilaban) son grupos que se pasean libremente por Miami y todos los días están en la TV, son los dueños de las radios, son los dueños de la política de Miami, pero no tienen nada que ver con el gobierno.
No se le puede considerar espía a una persona que no haya tomado un solo documento que ponga en peligro la seguridad nacional de un país. En todo el juicio ni un solo testigo, ni un solo documento pudo demostrar que ellos fueron espías.
¿Por qué entonces el tribunal actuó con tanta severidad con ellos?
Adriana: Tenemos que aclarar que estamos ante un caso político. Mi esposo recibió cadena perpetua por el cargo de conspiración para cometer asesinato en primer grado.
Durante los 7 meses que duró el juicio no se les permitió mudarse a otra ciudad que fuera menos hostil, como pedía la defensa, por eso, a pesar de lo que demostraban todas las pruebas, fue imposible lograr un veredicto de inocente.
Se había seleccionado un jurado que no podía ser totalmente imparcial. Era imposible, en esta ciudad, reunir doce miembros del jurado que no tuvieran algún vínculo con la mafia terrorista (sic) cubana de Miami.
Hay tal carencia de pruebas que las acusaciones de espionaje son en realidad de conspiración para cometer espionaje, porque la Fiscalía sabía de antemano que no contaba con pruebas para esto.
¿Por qué está tan segura que su esposo no tuvo que ver con el derribo de las avionetas si estaba allí para vigilar a esos grupos e informar sobre sus actividades?
Adriana: Todas estas organizaciones de Miami alardean de sus acciones, ellos se presentan ante la TV, ante las radios e informan de que van a hacer cualquier tipo de acción.
No era difícil conocer de estas acciones. Además, el día en que esas avionetas fueron derribadas por el gobierno cubano, José Basulto, el jefe de la organización Hermanos al Rescate que venía en uno de esos aviones, declaró ante la televisión que volaría hacia Cuba.
No era necesario contar con Gerardo para saber que estos aviones iban a entrar a territorio cubano.
¿Cuál es la situación de ellos en prisión?
Olga: Ellos están en cinco estados, en cinco cárceles diferentes. No pueden tener comunicación entre sí, aunque sí con sus familiares a través de correspondencia y llamadas telefónicas.
Nosotros no podemos llamarlos a ellos. La otra vía son las visitas semanales y mensuales, pero la gran mayoría de sus familiares estamos en Cuba y requerimos de una visa para poder visitarlos.
¿Cómo ven el futuro de sus esposos? ¿Creen que realmente regresarán a Cuba como afirma el gobierno cubano?
Adriana: El Grupo de Trabajo de Detención Arbitraria de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas emitió un dictamen afirmando que se trataba de un caso de detención arbitraria.
Nos ampara la esperanza de que otras organizaciones han escuchado nuestra solicitud y pueden pronunciarse a nuestro favor. No vamos a descansar hasta tenerlos aquí en Cuba.
La Corte de Apelaciones de Atlanta tiene la oportunidad de hacer prevalecer la ley. Ellos son inocentes y tenemos la ley de nuestro lado. Cuando la opinión pública conozca de estas irregularidades, se hará justicia.
¿Cuál ha sido el momento más difícil para usted?
Olga: Todo. Nada puede ser fácil cuando a una persona la meten en la cárcel. La familia queda abandonada, lacerada, mas aún cuando se va a la cárcel defendiendo una razón justa, entonces es más difícil todavía.
Pero, de esa misma dificultad surge la fuerza, esa que ahora nos acompaña.

III

“Nacerá el sol de justicia, y en sus alas traerá salvación” (Malaquías, 4, 2)

Por Ricardo Alarcón
Tomado de Rebelión
30 de agosto de 2005

El pasado 9 de agosto, 28 meses después que los acusados le habían presentado sus argumentos, la Corte de Apelaciones del 11º Circuito pronunció, finalmente, su veredicto revocando las injustas condenas que un Tribunal de Miami había impuesto, hace ya más de cuatro años, contra Cinco jóvenes antiterroristas cubanos. La decisión de la Corte de Atlanta no tiene nada de festinada. El proceso para que los acusados pudieran ejercer su derecho a apelar fue largo, complejo y azaroso.
Tuvieron que sortear un sinnúmero de obstáculos, violatorios de principios y normas internacionales y norteamericanas, que los obligó a defenderse en condiciones tan difíciles que desafían la imaginación. Parecía que nunca llegaría su caso a la necesaria revisión por la Corte superior. Y luego los jueces de Atlanta para hacer justicia dedicaron un tiempo cuatro veces mayor que el empleado en la vergonzosa farsa miamense (1).
La decisión de Atlanta tiene una significación verdaderamente histórica.
Para comprenderlo es necesario ubicarla en su contexto y repasar, aunque sea brevemente, sus antecedentes.
El 12 de septiembre de 1998 el FBI apresó a Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González. Fueron acusados de ser agentes no registrados del Gobierno de Cuba cuya misión era penetrar los grupos terroristas que operan impunemente en Miami para develar sus planes criminales. Ninguno de ellos tenía antecedentes penales, nunca habían sido acusados de violar la ley o transgredir norma o regulación alguna, no poseían armas ni habían estado involucrados jamás en actos de violencia o disturbios de ningún tipo. Sin embargo, se les negó la posibilidad de acogerse a la libertad condicional bajo fianza.
Por el contrario, desde el mismo día de su arresto fueron sometidos a confinamiento solitario, encerrados en el infame “hueco” y ahí permanecieron durante 17 meses continuos. Se les impuso un régimen de castigo completamente ilegal, ya que la ley norteamericana lo prevé sólo para delincuentes peligrosos que cometan actos violentos dentro de la prisión y limita ese trato a un máximo de 60 días. Se les hacía imposible defenderse mientras en Miami estallaba una implacable y masiva campaña de prensa, en la que participaban oficiales del FBI, fiscales y autoridades locales, que los mostraba como a peligrosos enemigos culpables de los peores crímenes incluyendo el de intentar “destruir a Estados Unidos”(2). Condenados de antemano, sin juicio ni defensa posibles, sobre ellos caía un huracán de calumnias y amenazas.
Pero eso no bastaba a sus acusadores. Para asegurarse de que la justicia fuera irrealizable, la fiscalía, de acuerdo con la jueza, clasificó como secretas las supuestas “pruebas” inculpatorias -buena parte de ellas propiedad de los propios detenidos incluyendo fotos familiares, cartas personales y recetas de cocina- y de ese modo impidió acceder a ellas a los acusados y a los abogados defensores y al mismo tiempo le permitió al Gobierno utilizarlas arbitrariamente y manipularlas. Todavía hoy la defensa está a la espera de que se le permita conocer esas “pruebas”. Infructuosamente lo reclamó en reiteradas ocasiones al Tribunal de Miami y sobre ello apeló a la Corte de Atlanta y aun no ha recibido respuesta.
En esas condiciones se inició el “juicio” el 27 de noviembre del año 2000. Habían decursado 26 meses desde el día en que los Cinco fueron arrestados. Y no olvidemos que de esos 26 meses, 17 los habían pasado hundidos en el “hueco”.
El fraude judicial miamense concluyó en junio de 2001 cuando un jurado dócil y amedrentado, que de antemano anunció el día y la hora exactas en que traería su veredicto, en pocas horas sin hacer una sola pregunta ni expresar la menor duda, los declaró culpables de todos los 26 cargos. Para colmo condenó a Gerardo Hernández por algo -el absurdo cargo 3, de asesinato en primer grado- que la propia fiscalía, reconociendo que no lo podía probar, había pedido retirarlo (3).
Sorprendentemente, tras haber logrado tan fácil y rápidamente el veredicto deseado, la jueza demoró 6 meses en dictar sus sentencias. Tardó en hacerlo tanto tiempo como el que había durado el “juicio”. ¿Por qué? ¿Acaso iba a modificar o rectificar en algún modo la conducta del jurado? ¿Intentaba distanciarse siquiera ligeramente de la petición fiscal?
Nada de eso. Las desmesuradas sanciones correspondieron literalmente a lo que el Gobierno le había propuesto. ¿Hacía falta tomarse la mitad de un año para responder? ¿Por qué tanta dilación?
Al concluir el juicio la jueza había anunciado que lo haría en septiembre. Mientras ella se iba de vacaciones los Cinco eran sometidos nuevamente a confinamiento solitario. Esta vez permanecerían en el “hueco” durante 48 días y de él sólo salieron tras numerosas gestiones de sus abogados. Esta nueva arbitrariedad tenía un propósito evidente: dificultar al máximo la preparación de sus alegatos, su única oportunidad para hablar ante el Tribunal. En tal ocasión en lugar de pedir disculpas o rogar clemencia, como es usual que hagan los convictos, los Cinco denunciaron vigorosamente y desenmascararon a los terroristas y al Gobierno que los sostiene y ampara.
Pero algo más ocurrió en septiembre de 2001. El atroz crimen del día 11 había estremecido a toda la sociedad norteamericana y al mundo entero y la jueza decidió posponer las sesiones de sentencia. Fue un aplazamiento inusitado: tres meses. No fue el luto ni el homenaje a las víctimas del horrendo ataque la causa de esa demora. Más bien fue todo lo contrario.
Eran otras, completamente diferentes, sus razones. Lo que el Gobierno y ella se proponían hacer era, entre otras cosas, una vulgar afrenta a las víctimas de aquel infausto día. Necesitaban separar lo más posible ambos acontecimientos y disponer del tiempo suficiente para asegurarse la mayor impunidad contando con la usual colaboración de los grandes medios silenciadores de la información.
El Gobierno iba a culminar una maniobra concebida para dar apoyo y protección a los terroristas con quienes la familia Bush tiene estrechos y antiguos vínculos y a los que el actual inquilino de la Casa Blanca había prometido retribuir en especie el escandaloso fraude que en el 2000 le había permitido apoderarse de la presidencia.
Para ello la fiscalía después de solicitar las sanciones más severas, desarrollaría ante el Tribunal, con total desvergüenza, su inmoral e ilegal teoría de la “incapacitación”: a los acusados además de las excesivas condenas se les impondrían restricciones muy específicas para que, una vez recuperada su libertad, no estuviesen en capacidad, nunca más, de intentar cualquier cosa en perjuicio de los asesinos que son íntimos de los Bush y actúan como dueños de Miami y desde allí organizan y proclaman a los cuatro vientos sus fechorías contra el pueblo de Cuba.
Nunca más volverían a ser hombres libres. Más allá de los años de prisión, que incluyen cuatro sanciones de por vida, sufrirían un régimen especial, una suerte de insólito apartheid destinado a proteger a los terroristas. Habría lugares a los que ellos no podrían acercarse, sitios que no podrían visitar, calles por las que no podrían deambular.
De controlar esas espúreas e inconstitucionales, prohibiciones se encargaría el FBI. El mismo FBI que los persiguió, maltrató y fabricó contra ellos la infame acusación. El mismo FBI, por cierto, ante cuyas propias narices vivían, se desplazaban libremente y se entrenaron en el empleo de aviones como armas monstruosas la mayoría de los terroristas que atacaron al pueblo estadounidense el 11 de septiembre.
La jueza acogió, desde luego, la solicitud que le hizo el Gobierno y la plasmó con estas palabras en las sentencias dictadas contra René González, condenado a 15 años y Antonio Guerrero, condenado a cadena perpetua más 10 años, ambos ciudadanos norteamericanos por nacimiento: “Como una condición especial adicional de la libertad supervisada, se le prohíbe al acusado asociarse con o visitar lugares específicos donde se sabe que están o frecuentan individuos o grupos tales como terroristas, miembros de organizaciones que propugnan la violencia o figuras del crimen organizado”(4).
Los abogados defensores notificaron inmediatamente su determinación de apelar ante la Corte correspondiente. Pero, otra vez, la larga espera.
Transcurrió todo el año 2002 sin que el Tribunal de Miami trasladase a Atlanta el expediente del caso, requisito indispensable para que la Corte del Onceno Circuito pudiera iniciar el proceso de apelación.
Ese año ocurrió algo que sólo puede suceder en Miami. En junio el gobierno de Estados Unidos compareció como acusado, ante el mismo Tribunal Federal de esa ciudad, en una reclamación por supuesta discriminación en el empleo que indirectamente se relacionaba con Cuba (Ramírez vs. Ashcroft). Precisamente un año antes ese Tribunal había condenado a los Cinco después de haberlos juzgado allí por insistencia de la fiscalía, que alegaba, entonces, que Miami era un centro cosmopolita donde era posible un juicio justo e imparcial para nuestros heroicos compatriotas.
Doce meses después, sin sonrojarse, los mismos fiscales sostuvieron exactamente todo lo contrario: era imposible allí un juicio adecuado respecto a nada que tuviese relación con Cuba. La fiscalía solicitó y el Tribunal concedió trasladar la sede de aquel juicio a otra ciudad. Lo mismo que negaron a los Cinco que habían reclamado el cambio de sede una y otra vez, siempre para encontrar el cínico rechazo de quienes poco después, cuando a ellos convino, en una rápida y fácil decisión tuvieron que admitir la verdad. Es difícil encontrar una prueba más concluyente de la actitud dolosa, gansteril, de jueces y fiscales miamenses.
Ante esa obvia manifestación de conducta impropia, arbitraria e ilegal los Cinco volvieron a solicitar la anulación del juicio realizado contra ellos y que el asunto fuese transferido a otro tribunal fuera del lugar que ahora -jueces y fiscales- reconocían completamente inapropiado. Aunque parezca increíble esta moción de la defensa, que se fundaba en la misma lógica e iguales razonamientos que empleara el Gobierno, fue rechazada por los fiscales y denegada por la jueza. Unos y otros, no lo olvidemos, eran de Miami. Por eso la Corte de Apelaciones en su fallo del 9 de agosto de 2005 basa su decisión en gran medida en esa moción de la defensa y censura la manifiesta injusticia de haberla denegado.
No fue hasta enero de 2003 que el expediente judicial culminó su largo y accidentado viaje hasta Atlanta. La Corte del Onceno Circuito fijó para el 7 de abril el plazo para que los Cinco presentasen a ella sus escritos de apelación.
Mientras los papeles quedaban estáticos en Miami los Cinco fueron sacados de ahí y trasladados a las prisiones de máxima seguridad que los albergan desde comienzos de 2002 y donde hasta ahora permanecen encerrados. Las autoridades que fueron tan morosas en enviar unos documentos a la principal ciudad de un estado vecino y que es uno de los principales centros de comunicaciones de Estados Unidos, supieron ser ágiles en dispersar a los Cinco por los más distantes parajes de la geografía norteamericana. Cada uno en una prisión diferente, en cinco estados, lo más alejados posible, separados al máximo entre sí y de sus abogados y sus familiares.
Las familias de los Cinco residen en Cuba y requieren para visitarlos de un visado norteamericano concedido sólo tras engorrosos y lentos trámites. A diferencia de cualquier otro preso, ninguno de los Cinco ha contado con ese derecho elemental: para tres de ellos las visitas no han sido semanales, sino al ritmo de una por año, a Adriana Pérez, esposa de Gerardo y a Olga Salanueva, esposa de René, se les ha negado sistemáticamente las visas. Como consecuencia, Ivette, la hija de Olga y René, tampoco ha podido visitar a su padre.
Fue así que tuvieron que preparar los escritos de apelación. Todos, por supuesto, en un idioma extranjero, sin las supuestas “pruebas”, sin la posibilidad de consultarse entre ellos, reducida al extremo la comunicación con sus abogados, y sometidos a un régimen carcelario de máximo rigor en el que, entre otras cosas, debían trabajar para pagar con su salario los costos del amañado proceso judicial en su contra.
Pero, ya se sabe, “nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír”.
Cuando los Cinco se enfrascaban en esa dura y compleja tarea, en las circunstancias más hostiles, maliciosa y deliberadamente impuestas por las autoridades federales, éstas no agotaron su afán de venganza ni su empeño por impedir la justicia.
Para ello existe el “hueco” y dentro de éste “la caja”. Y allá fueron enviados desde el 28 de febrero hasta el 31 de marzo de 2003. Cada uno, en sus cinco prisiones, en el mes decisivo para la apelación, otra vez en confinamiento solitario sin contacto alguno con el mundo exterior. Para colmo ahora se les impidió toda comunicación con sus abogados, se les prohibió hasta los contactos telefónicos y la correspondencia con ellos, se les despojó de los medios para escribir, ni una hoja de papel ni un pedazo de lápiz, y a alguno se le dejó sin ropas, en medio del invierno y se le sometió a tortura física (ruidos, luces y gritos inundando la “caja” 24 horas cada día)
Esta vez no hubo siquiera el intento de encubrir lo que buscaba el Gobierno. A los Cinco se les impidió acceder a sus documentos legales y a sus abogados no se les permitió comunicarse con sus clientes. Estas medidas las controlaba directamente la Fiscalía del Sur de la Florida. Sólo la denuncia internacional y la incansable exigencia de los letrados defensores obligó a las autoridades a “flexibilizar” esas medidas: Leonard Weinglass, abogado de Antonio Guerrero, pudo visitar a su cliente pero en condiciones tan vejaminosas que apenas le sirvió para comprobar las brutales violaciones al derecho a la defensa. Weinglass denunció la situación ante la Corte de Apelaciones y pidió una prórroga al plazo para presentar los argumentos de Antonio que por la situación descrita no había podido completar. Al acceder a esta petición Atlanta reconoció que estas medidas habían lesionado gravemente los derechos de los acusados y de sus defensores (5).
Ese fue, en apretado resumen, el largo camino recorrido por los Cinco para llegar hasta Atlanta. Avanzar en esa ruta fue una verdadera proeza.
Lo que vino después fueron otros dos años de espera. Los tres jueces se tomaron ese tiempo en analizar los argumentos apelativos de ambas partes; estudiaron las actas y todos los materiales relacionados con el caso; revisaron la jurisprudencia, sostuvieron una audiencia oral el 10 de marzo de 2004 en la que se probó la endeblez de los alegatos del Gobierno; pidieron informaciones adicionales a acusadores y defensores y siguieron trabajando hasta alcanzar su definitiva conclusión revocando los veredictos y las sentencias y anulando el “juicio” de Miami.
La anunciaron el 9 de agosto de 2005 pero los Cinco siguen encerrados en las mismas prisiones de máxima seguridad. Allí están junto a personas que se suponen convictas de diversos crímenes, ellos, cada uno diferente a los demás en su cárcel, únicos presos respecto a los cuales no existe hoy veredicto de culpabilidad alguna.
No importa al gobierno de Estados Unidos que la Corte de Atlanta los haya definido como hombres libres sobre los que no pesa ya sanción legítima. No le importó antes que en mayo de este año el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU había declarado que la privación de la libertad de los Cinco desde septiembre de 1998 era arbitraria e ilegal.
Ya han pasado dos semanas de las tres que la ley concede al Gobierno para solicitar a la Corte de Atlanta que revoque su decisión. Aun Washington no ha dicho lo que hará. Como si fuera poco acaba de pedir a la Corte que le conceda un mes adicional para seguir pensando si presenta su solicitud o no.
Mientras tanto los Cinco continúan aislados en cinco cárceles para criminales convictos. Sufriendo todos sus rigores, ellos, cuya falsa culpabilidad ya fue anulada por tres jueces dignos.
Ahora son Cinco secuestrados por un Gobierno que pisotea el derecho en todas partes. No sólo en Abu Grahib y Guantánamo. También en el territorio de Estados Unidos.
¿Qué hacer? Llegó la hora de gritar. La hora de exigir sin descanso. La hora de demandar hasta lograrlo que sean liberados inmediatamente, sin condiciones. Libertad para los Cinco ya. Nada más. Nada menos.

NOTAS

District Court No. 98-00721-CR-JAL.
El documento emitido por la Corte de Atlanta tiene 93 páginas. Su decisión de revocar los veredictos y sentencias del Tribunal de Miami y anular el “juicio” anterior se basó en la negativa de éste a aceptar las varias solicitudes que se le hicieron para que el caso fuera trasladado a otra sede. Para fundamentarla fue necesario “revisar la totalidad de las circunstancias que rodearon el juicio” incluyendo las “pruebas” presentadas y otros aspectos del proceso realizado en la ciudad floridana. La extensión del texto y la amplitud de los ángulos que analiza le da un carácter inusual, como también lo tuvo el tiempo que les tomó producirlo y la categórica unanimidad de los tres jueces que lo suscriben. Si en Miami se dio un espectáculo que deshonra al derecho norteamericano, de Atlanta surge un ejemplo de ética y rigor profesional que va más allá de un proceso apelativo normal y demuestra la inocencia de los Cinco y la colosal injusticia de que fueron víctimas.

El empleo de este argumento, evidentemente falso, dirigido a presionar al jurado exacerbando la hostilidad y los prejuicios de la comunidad miamense contra los acusados fue uno de los ejemplos que utilizaron los jueces de Atlanta para mostrar la conducta dolosa de la Fiscalía del Sur de la Florida. Quien era entonces el Fiscal Jefe de ese distrito, el señor Guy Lewis, ya retirado, acaba de publicar un artículo el 18 de agosto en The Miami Herald donde repite la misma estúpida calumnia: los Cinco, todavía insiste él, “habían prometido destruir a Estados Unidos”.
En su petición urgente a la Corte de Apelaciones (Emergency petition for writ of prohibition), del 25 de mayo de 2001, la Fiscalía reconoció que “a la luz de las pruebas presentadas en el juicio, esto constituye un obstáculo insuperable para Estados Unidos en este caso y probablemente resultará en el fracaso de la acusación en este cargo”(p.21) ya que “impone una barrera insuperable a esta fiscalía” (p. 27). Temía el Gobierno que, por lo menos, “es altamente probable que el jurado solicitará mayores explicaciones sobre este asunto” (pp. 20-21). Sin embargo, aunque la Corte rechazó la petición del Gobierno, nada parecido ocurrió. Sin preguntar nada, sin titubear, todos los jurados declararon a Gerardo culpable en primer grado del supuesto crimen.
Transcripción de las audiencias de sentencia ante su señoría la jueza Joan A. Lenard, 14 de diciembre de 2001 (pp 45-46). En la misma sesión la señora Lenard había reconocido: “pero los actos terroristas cometidos por otros no pueden excusar la conducta errónea e ilegal de éste y los demás acusados” (p. 43). En otras palabras, en Miami los terroristas anticubanos son protegidos por el Gobierno Federal y los jueces que castigan, con cuatro cadenas perpetuas más 75 años de prisión y la insólita prohibición arriba referida, a quienes lucharon contra el terrorismo. Para que no puedan incurrir nuevamente en tal “conducta errónea e ilegal” Miami inventó la “incapacitación” y la proclamó tres meses después de la atroz acción del 11 de septiembre de 2001 cuando ya Bush atacaba a Afganistán, se preparaba a hacerlo contra Iraq y prometía llevar a todas partes, con excepción obviamente de Miami, una supuesta guerra total contra el terrorismo.
Weinglass pudo visitar a Gerardo el 16 de marzo y así describió parte de lo que observó:
«…Gerardo se encuentra bajo la forma más severa de castigo en la prisión, la cual se conoce como “la caja” –un “hueco dentro del hueco”- …
Está recluido en una celda extremadamente pequeña, en la cual apenas puede dar tres pasos, sin ventanas, y con tan solo un orificio a través del cual le pasan la comida. Sus ropas le fueron retiradas y solo se le permite usar calzoncillos y pullover, sin zapatos.
No puede diferenciar el día de la noche. La única celda en la que las luces permanecen encendidas las 24 horas es la de él y los constantes gritos de los otros presos, en su mayoría enfermos mentales, no lo dejan dormir.
No se le permite ningún documento impreso. Nada para leer. Frente a su celda hay señales advirtiendo que nadie puede tener contacto con él. Es al único preso en ese régimen de confinamiento al que no se le permite utilizar teléfono… hasta el momento no ha recibido correspondencia alguna, ni siquiera de sus abogados…»
Dos días después reseñó de este modo el encuentro con Antonio:
«… Antonio llegó a la visita con grilletes en las piernas y esposado. Las esposas y los grilletes les fueron retirados durante la visita. Los pasillos fueron despejados durante su traslado. La habitación de la visita era pésima. Un cubículo muy pequeño con un cristal grueso entre nosotros y un teléfono que tuvimos que utilizar para comunicarnos. El espacio era tan pequeño que mi asociado y yo no cabíamos juntos en el mismo. Él tuvo que permanecer de pie detrás de mí y compartir el único teléfono que había del lado nuestro. Antonio estaba encerrado en su parte y nosotros, los abogados ¡también estábamos encerrados! No había ni una ranura para pasar los documentos y nos invitaron a entregarles los mismos a los guardias que darían la vuelta y se los entregarían a Antonio por detrás. Hice eso con un documento y después decidí abandonarlo y mostrarle los papeles a través del cristal. Fue muy incómodo. Las condiciones de la visita fueron mucho peores que las que experimenté con
Mumia en el corredor de la muerte. Protestamos por estás condiciones, pero ellos se negaron a traer al Alcalde o a cualquier otro alto funcionario para una reunión…»
(“Sólo en Miami”, Editora Política, La Habana 2004, páginas 113-114 y 115-116)

GLOSARIO

Organizaciones terroristas de Miami

ALPHA 66: Creado por la CIA después de Girón. Entre sus fundadores se encuentra el connotado pandillero Antonio Veciana. Las actividades criminales del grupo han incluido varios planes de asesinato contra el Presidente de Cuba; ataques piratas a barcos de pesca y amenazas de muerte contra personas vinculadas a Cuba en México, Estados Unidos, Ecuador, Brasil, Canadá y Puerto Rico. Documentos de inteligencia de la policía de Miami han demostrado durante años que este grupo “es una de las organizaciones más peligrosas y activas” en Miami. La organización sigue muy activa y tiene sus oficinas en Calle Ocho, en el centro de Miami.
BRIGADA 2506: Grupo mercenario organizado por la CIA bajo el mando de partidarios batistianos. Después de la fracasada invasión de Playa Girón, se convirtió en asociación de veteranos de la operación que apoya cualquier tipo de acción violenta contra Cuba. Su actual jefe es el oficial de la CIA Félix Rodríguez Mendigutía.
COMANDOS F- 4: Creado en mayo de 1994 por colaboradores de la CIA, esa organización sigue activa. Su jefe, Rodolfo Frómeta Caballero, es a menudo visto en programas de la televisión hispánica de Miami. El grupo tiene oficinas en Flager Street, esquina a 14, en el centro de Miami. Implicado recientemente en acciones terroristas contra Venezuela.
COMANDOS L: Creado en 1962 por Tony Cuesta del Valle, bajo instrucciones de la CIA, este grupo fue particularmente activo al final de los años 1990 cuando realizó varios ataques contra el territorio cubano.
CORU: Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas, fundada en julio de 1976 por Orlando Bosch bajo órdenes de George Bush padre entonces jefe de la CIA, en una reunión en Santo Domingo. La mayoría de los miembros eran operativos de la CIA. Una larga serie de atentados y asesinatos fueron planeados en este primer encuentro, incluyendo el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier y la destrucción de un vuelo de pasajeros de Cubana. CORU ha realizado cientos de ataques en 25 países.
Cuba Independiente y DemocrÁtica: Creada en 1980 por Huber Matos, esa organización fue vinculada a la Contra nicaragüense y al tráfico de droga.
CUBAN LIBERTY COUNCIL: (Consejo para la Libertad de Cuba, privilegia su apelación en inglés) Fundado unos días antes del 11 de Septiembre cuando ocurrió un cisma en la FNCA con el cual varios directivos del grupo, tales como su ex presidente Alberto Hernández, el tesorero Feliciano Foyo, la vocera Ninoska Lucrecia Pérez Castellón y los directores Diego Suárez, Horacio García, Elpidio Núñez y Delfín Pernas se negaron a atender la convención anual. Asociado al senador cubanoamericano Mel Martínez, el CLC mantiene estrechas relaciones con el clan Bush. El grupo apoya abiertamente a Luis Posada Carriles y sus cómplices.
FUNDACIÓN NACIONAL CUBANO AMERICANA: Creada por el agente CIA Jorge Mas Canosa, fue durante años la organización cubanoamericana más influyente. Financió enteramente los ataques terroristas de Luis Posada Carriles contra Cuba en 1997 y varias otras acciones terroristas. Antonio Llama, un ex director de la FNCA confesó en junio del 2006 haber gastado 1.5 millones de dólares para comprar material de guerra por la FNCA con el objetivo de organizar ataques terroristas contra Cuba.
MOVIMIENTO DEMOCRACIA: Creado por Ramón "Ramoncito" Saúl Sánchez Riso, ex terrorista de Omega 7, condenado a cuatro años de cárcel en 1986 por negarse a testimoniar ante un Gran Jurado sobre Omega 7.
HERMANOS al Rescate (en inglés, Brothers to the Rescue): Fundado por el connotado agente CIA y jefe terrorista José Basulto, el grupo es especialmente conocido por el incidente de los Cessna ocurrido el 24 de febrero de 1996, después de docenas de vuelos de provocación.
OMEGA 7: Grupo creado el 11 de septiembre de 1975 por Eduardo Arocena. Descrito por el FBI como el grupo terrorista más peligroso en los Estados Unidos (New York Times, 3 de marzo de1980). Uno de los individuos más identificados a Omega 7 es Pedro Crispín Remón, condenado a dos veces la cadena perpetua por asesinatos, ahora viviendo en Miami y estrechamente asociado a la red terrorista de Luis Posada Carriles.
PODER CUBANO: Fundado por Orlando Bosch en 1967, realizó 44 ataques terroristas en los dos años siguiente.
ROSA BLANCA: Organización secreta creada en enero de 1959 por Rafael Diaz-Balart, un cercano colaborador del dictador Fulgencio Batista y padre de los actuales congresistas republicanos Lincoln y Mario Diaz-Balart.

BIBLIOGRAFÍA Y LECTURAS SUGERIDAS

AGEE, Philip: Terrorism and Civil Society as Instruments of U.S. Policy in Cuba , Socialism and Democracy, 2003.
ALVARADO GODOY, Percy Francisco: Camajanes europeos se confabulan para atacar a Cuba, Cuba Socialista, October 31, 2003.
ARBOLEYA CERVERA, Jesús: La contrarrevolución cubana, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 2000.
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DEL MISMO AUTOR

Le dossier Robert Ménard / Pourquoi Reporters
sans frontières s'acharne sur Cuba
Lanctôt Éditeur, Montréal

La filière terroriste du FBI contre Cuba
Éditions Timéli, Ginebra

Posada Carriles / Cuatro décadas de terror
Editora Política, La Habana

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"...los asuntos que estamos presentando, nos dan en este momento la más grande de nuestras oportunidades para liberar a los Cinco. Este es un momento crítico y es muy importante que la red de apoyo esté al tanto e involucrados activamente en el caso." Leonard Weinglass, abogado norteamericano, jefe del equipo de la defensa.

www.antiterroristas.cu , www.amigosdecuba.com.ar , www.libertadaloscinco.org

 

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